Recuperar, poco a poco, el campo, donde no había de hecho enemigos, pero el malestar, las náuseas que brotaban como crisantemos oscuros....
Allí donde se detuvo, por brevísimo tiempo, el andar del molino, a la expectativa del campo. Y los crisantemos poblarán, mujer, coloridos y oscuros, el campo donde ahora él no está.
Cuando te llenes de furia, de esa furia púrpura brillante, de esa frente nublada de dolor por el peso de su propia cabeza, cuando te llenes de miedo, y tus manos tiemblen pensando que sostienen los cuerpos de los enemigos que poblaban el campo; repitete entonces que no hubo guerra.
Repitete hasta el llanto que no hubo batalla; que los caballeros no nacieron aún para ser ungidos.
Repitete que nada perturbo el fuego en la cabaña; que no nacieron guerreros los campesinos. Repitete que son tiempos de paz. Y sí aún así quieres doblar tu cuerpo en el suelo, piensa mujer que no hay enemigo sin odio, que no hay muerte sin nacimiento.












