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6.18.2011
Vatan llega en tres días, y la cuenta regresiva, para mí, ya está en cero. Las ansias me hacen perder el sentido común. Camino por el cuarto moviendo de lugar objetos; aquí, para allá, de regreso. Las maletas no avanzan. Hace mucho que no tenía signos específicos del paso del tiempo; él viene, y que él venga significa que yo me voy, que tengo que dejar Paris.
Paris. Paris. Paris.
Me voy a Moscú.
Moscú. Moscú. Moscú.
De nuevo llego a una ciudad extranjera, sola, y ésta vez, sin hablar bien el idioma del país. Tengo miedo que sea como Turquía (y peor aún porque no lo tendré a él) Tengo miedo que al salir del aeropuerto me quede un poco muda, un poco sorda.
Pero la decisión está tomada y los hechos que se encadenan unos detrás de los otros me recuerdan que el tiempo de mi vida se esta caminando.
Vatan, mi fantasía infantil, mi riesgo, mi cuento de hadas. ¿Qué tan reales somos el uno para el otro? nos preguntabamos antes... y a veces aún nos lo preguntamos, pero no porque dudemos de que otro este ahí, al pie del cañon, sino porque todo se ha envuelto de tanta maravilla, que habernos encontrado con un amor como el nuestro es casi imposibel de asir para la razón.
Y él viene, y yo tengo miedo, miedo y más miedo. Avril el otro día me escribió que a veces cuando se tiene miedo es porque están pasando cosas buenas.
Lo creo.
Alma de bibliotecario:
Francia y a dónde iré veloz y fatigada...,
Horasan,
La patrie vaillante,
Pobre gente de Paris,
sólo conservaremos los vientos
6.15.2011
Vatan viene a Paris
Vatan viene a Paris. la simple frase me llena el pecho, los hombros, el cuello y los antebrazos de alegría (siempre he sido de esas que sienten las emociones positivas en la mitad superior del cuerpo... el miedo, la angustía y el placer me vienen por ejemplo, entre las piernas y el vientre...). Vatan viene, o debería decir "mi novio" viene a verme. Cuando pienso en eso, siento de esos nervios que te hacen comprimir los músculos y guardarte una voz sorda en la garganta.
A mediados de mayo pensamos que él no podría venir a verme. Sólo de pensar en ese momento siento la devastación que se me vino al cuerpo al oírlo decir: "I think I can not..." y ahora, ahora que todo apunta, que todo está hecho, me estoy muriendo de nuevo de miedo.
Tengo miedo que cuando me vea ya no le guste. Y es que pasaron tantas cosas; tantas cosas en Marzo... en Abril... después de que lo deje la última vez. Tengo miedo que de ya no tener el cuerpo que le gustaba, la cara, el peinado, las manos, y es que entonces se me hace patante que físicamente nos falta tanto convivir, y me siento tonta, ridícula, con esos miedos de "niñita", girly afraids...
Pero así uno sepa que nuestros miedos son estúpidos, allí están; allí paraditos junto a la puerta con los ojos redondos demasiado abiertos...
Y miro mis miedos y con ellos hablo. Y ellos abriendo mucho la boca me contestan, me reafirman que debería de tener miedo, me recuerdan que en algun lugar de mi cabeza tengo la imagen de "la" mujer para él (que no soy yo...) y ella tambien se levanta con los ojitos muy abiertos y me viene a decir que deje ahí.
***
Pero entonces dejo de pensar en él en el mundo. Dejo de pensar en "donde somos" para pensar en "lo que somos".
Pienso en sus manos grandes y hermosas, en su cabello suave. En que me va a dar un montón de besitos en las mañanas y que no me va dejar levantarme como nos paso en Estambul. Pienso en que me va agarrar la mano al caminar y en su pecho desnudo. En sus botas color mostaza. En él quejandose de que ande descalza sobre el piso sucio y mojado, en él lavandome los pies en la ducha y masajeando mi cabeza cuando me pone el shampoo. Me entran unas ganas de llorar al pensar que lo extraño tanto. Vatan viene y con él vuelve a mi toda la felicidad del mundo. Toda. Toda de golpe como no me había llegado; sí, algún ingenuo me dijo alguna vez: "Lo bueno de que no se vean seguido es que cuando se ven se ven más contentos"... y algo de cierto hay en eso.
***
Tengo entonces las tripas revueltas entre el miedo y la felicidad. Igual planeo con dulzura cada cosa; las comidas, las salidas, las películas en la noche y mi ropa interior...pero me siento ansiosa. Viene por siete días y ya siento que es poco, ya siento que me van a faltar noches durmiendo pegada a su pecho, que me va a faltar besar más sus manos y hacerle bromas tontas.
Entonces me desespero y me pregunto por qué, por qué todo así y no de otro modo... ¿Por qué él, tan lleno de luz, tan él que yo necesito para respirar, tiene que venir, rápido como un rayo en la tormenta, para luego dejarme de nuevo?...
A mediados de mayo pensamos que él no podría venir a verme. Sólo de pensar en ese momento siento la devastación que se me vino al cuerpo al oírlo decir: "I think I can not..." y ahora, ahora que todo apunta, que todo está hecho, me estoy muriendo de nuevo de miedo.
Tengo miedo que cuando me vea ya no le guste. Y es que pasaron tantas cosas; tantas cosas en Marzo... en Abril... después de que lo deje la última vez. Tengo miedo que de ya no tener el cuerpo que le gustaba, la cara, el peinado, las manos, y es que entonces se me hace patante que físicamente nos falta tanto convivir, y me siento tonta, ridícula, con esos miedos de "niñita", girly afraids...
Pero así uno sepa que nuestros miedos son estúpidos, allí están; allí paraditos junto a la puerta con los ojos redondos demasiado abiertos...
Y miro mis miedos y con ellos hablo. Y ellos abriendo mucho la boca me contestan, me reafirman que debería de tener miedo, me recuerdan que en algun lugar de mi cabeza tengo la imagen de "la" mujer para él (que no soy yo...) y ella tambien se levanta con los ojitos muy abiertos y me viene a decir que deje ahí.
***
Pero entonces dejo de pensar en él en el mundo. Dejo de pensar en "donde somos" para pensar en "lo que somos".
Pienso en sus manos grandes y hermosas, en su cabello suave. En que me va a dar un montón de besitos en las mañanas y que no me va dejar levantarme como nos paso en Estambul. Pienso en que me va agarrar la mano al caminar y en su pecho desnudo. En sus botas color mostaza. En él quejandose de que ande descalza sobre el piso sucio y mojado, en él lavandome los pies en la ducha y masajeando mi cabeza cuando me pone el shampoo. Me entran unas ganas de llorar al pensar que lo extraño tanto. Vatan viene y con él vuelve a mi toda la felicidad del mundo. Toda. Toda de golpe como no me había llegado; sí, algún ingenuo me dijo alguna vez: "Lo bueno de que no se vean seguido es que cuando se ven se ven más contentos"... y algo de cierto hay en eso.
***
Tengo entonces las tripas revueltas entre el miedo y la felicidad. Igual planeo con dulzura cada cosa; las comidas, las salidas, las películas en la noche y mi ropa interior...pero me siento ansiosa. Viene por siete días y ya siento que es poco, ya siento que me van a faltar noches durmiendo pegada a su pecho, que me va a faltar besar más sus manos y hacerle bromas tontas.
Entonces me desespero y me pregunto por qué, por qué todo así y no de otro modo... ¿Por qué él, tan lleno de luz, tan él que yo necesito para respirar, tiene que venir, rápido como un rayo en la tormenta, para luego dejarme de nuevo?...
Alma de bibliotecario:
askim,
Canim Benim,
Horasan,
La patrie vaillante,
seviyorum....,
Vatan Horasan
5.31.2011
Conmigo
-No es que me enoje, no es ni siquiera que me moleste todo lo que hiciste, ni te culpo ni pienso que este mal... pero me dan celos, rabia, no haber llegado a tu vida antes, para hacer y compartir todo eso contigo-
El misterio de Tunick resuelto... y comprendido.
Aveces a mi también me da rabia. Rabia de no haber estado antes donde hubiera querido, y yo, que llegué a él con tantas experiencias.... Y ya sabemos que no podemos cambiar el pasado del otro, que es egoísta querer que el otro llegué como tabula rasa ... pero el amor es caprichoso, y los celos, a veces, no conocen temporalidades.
El misterio de Tunick resuelto... y comprendido.
Aveces a mi también me da rabia. Rabia de no haber estado antes donde hubiera querido, y yo, que llegué a él con tantas experiencias.... Y ya sabemos que no podemos cambiar el pasado del otro, que es egoísta querer que el otro llegué como tabula rasa ... pero el amor es caprichoso, y los celos, a veces, no conocen temporalidades.
5.19.2011
Desconocidos
Enamorarse de desconocidos.Ya hace algún tiempo había escrito que él y yo nos habíamos enamorado de la única manera en que dos personas se pueden enamorar: sin conocerse. Nuestro caso, a continentes de distancia, con un idioma extranjero entre nosotros, con religión y culturas distintas, no podría ser, imagino yo, más extremo.
Y aún así nos enamoramos, y aún así nos besamos como si supieramos todo del otro, y nos acostamos con la premura de los combatientes de guerra que no saben, si mañana todavía se verán los rostros, y aún así, desconocidos y todo nos pronunciamos promesas, con ese idioma tal noble, pero tan extranjero, colgando entre nosotros puentes movedizos.
Le enseñé una foto mía de cuando estaba en la preparatoria: con el cabello rojo y negro, con la cara de adolescente rebelde sin causa y con mis botas (¿Dónde habran quedado?) militares negras. Él me pidio más fotos; que por azar encontré en la memoria de mi disco duro. Él se reía con mis caras de muchachilla, mis cejas sin depilar y mi cabello pasando por todos los colores del arcoiris. Incluí entre mis fotos la imagen escaneada del desnudo masivo en el Zócalo con Spencer Tunick. Yo sonreí orgullosa diciendo que había ido a la foto; pero no alcancé ni a describir ni contar nada de la experiencia porque su cara transparentaba su malestar.
Ni siquiera hablamos más; no sé ni por qué se enojo, o si se enojo o si le dio un arranque de celos propio de su cultura. Entre los dos se alzó un muro transparente y denso, que imaginé yo como esos vidrios de los grandes acuarios.
¿Cómo puede amarme alguien que juzga los actos, de los que yo me enorgullezco, como érroneos? Entonces pienso que él está enamorado de la idea que tiene de mí y no de misma...y entonces me detengo y pienso que de cualquier manera es así en todos los casos... que uno se enamora de nuestra idea del otro... pero reniego, y quiero que alguien me quiera así como soy, con todas las locuras que hice antes, con todo y desnudos en el zócalo y cruces boca abajo y todo eso, y luego me preguntó: ¿Y yo lo quiero, así como es todo?
Alma de bibliotecario:
La patrie vaillante,
Problemas en el paraíso Houston,
Touch the red boton con tu patita
5.11.2011
Lo bonito de los problemas es resolverlos
Yo tenía ganas de llorar en frente a la pantalla del computador mientras del otro lado, mi madre, me escuchaba.
Yo estaba sola en Paris a punto de quedar en el desempleo en el que ahora estoy, sin seguro social y con necesidad de médicos, con los papeles de mi visa (y estancia legal) perdidos por la burocracia francesa y en teoría encerrada migratoriamente en Francia, y encima con un vuelo de regreso a México incierto y con los pagos del trabajo atrasados.
Mi madre, con toda su sabiduría, incluso de buen humor, me escuchó quejarme al menos cuarenta y cinco minutos sólo para contestarme: "Lo bonito de los problemas es resolverlos". Me quede callada un momento. Abrí los ojos como si a lo lejos viera pasar algún animalito al que estaba a la caza. Me descubrí totalmente inútil quejándome y al colgar el teléfono, salí de mi casa (de mi pequeña casa), con la certeza de que podría resolver todo.
***
Hoy Vatan me marcó al celular cuando hacia el mercado; le hice algunas bromas sobre como moriría de hambre este mes porque aquí los jitomates cuestan como si fueran riñones de transplante. No se rió como se suele reír de mis bromas tontas.
-Te tengo dos noticias, una buena y una mala-
Bastaba que dijera que había una mala para saber que no vendría a verme a Paris, aún le pedí la mala al inicio, él contestó como quiso: -La buena es que ya tengo el pasaporte. La mala es que no tendré la visa a tiempo antes de que vayas a Rusia-
Sentí que no quería mover un músculo cuando lo escuché pronunciarlo. Hubiera querido sentarme allí, en el piso del supermercado y quedarme así, hasta que llegara la tardía noche de verano, en lugar de eso le dije:
-Ya lo resolveremos-
***
Uno tiene que enamorarse de alguien a quien no puede tocar, coger, morder y lamer, sino sólo por algunos instantes, para comprender porque a Dante se le dio por escribir la Comedia y porque a Orfeo bajo al Infierno. El problema es que el primero recorrío el infierno sólo para descubrir que cuando estaba más cercano al fin del viaje, la sonrisa de Beatriz desaparecería. Con Orfeo, es simple: al final Euridice voltea.
Janik
Alma de bibliotecario:
Al final Euridice voltea...,
Horasan,
La patrie vaillante,
mi nueva patria es tu nombre,
y de la calma
5.09.2011
Mis fotos de Turquía
| La mezquita azul |
| Dentro de la Mezquita azul |
| La cúpula de la mezquita |
| :) |
| En una calle cerca del puerto |
| Besiktas |
| Iglesia Ortodoxa en Taksim |
| Konya |
| El baile de los Sufis |
| Su juego |
| Yo con mi hiyab débutant |
| Turco con sombrerito de turco-viejito en Konya |
Alma de bibliotecario:
La patrie vaillante,
mi nueva patria es tu nombre,
Türkiye
5.05.2011
Planchar o no planchar, he ahí el dilema o la historia de la rata vieja...
Esta semana la discusión amorosa tiene que ver con planchar.
Antier, mientras él describía como podría ser uno de nuestros días si yo voy a Turquía a vivir con él, me preguntó en broma, si me voy a levantar a plancharle sus camisas, ya que, él señor, como buen oficial de policía, tiene que ir al trabajo con las camisas planchadas.
Yo, (yo que soy mujer liberada, porque sé latín y todo eso) le contesté que me iba a levantar a hacer el desayuno para que desayunaramos juntos, pero que el señorito se iba a planchar sus camisas solo. Entonces, se puso a quejarse, en broma también, de que iba a ser el oficial de policía más desplanchado de la comisaría, oh, el pobre, casado con una extranjera no-hamarat, (ósease no virtuosa, porque en turco, vaya a usté a saber si en arabe también, el adjetivo "virtuosa" es tambien "ascendosa" cuando se trata de femenino). Oh, mi pobre esposo desplanchado...
Y así como el burro que toco la flauta, le dimos al tema si iba a ser yo o no, una mujer "virtuosa" en la casa.
Le leí la cartilla; yo no desempolvó, ni barro, ni lavo trastes, ni mucho menos plancho (porque planchar es la actividad más tonta del planeta, porque la ropa igual siempre tiene arrugas y si no quieres entonces vistete con una cartulina larga como disfraz de letra en preescolar).
Y cuando vió que me le puse brava le dio por aclarar que todo era una broma, y que lo de menos era pagar una chacha... pero mientras sigue duro y dale con que lo voy a traer desplanchado...
Lo que yo no entiendo es porque yo lo voy a traer desplanchado y no es él mismo quien se desplancha al querer que sea yo quien lo planché (sin albur), y lo que él menos entiende, es que entre broma y broma...a mi ya me dio miedo... Pero entre eso, ya le dije a Catalina que si seguimos con la discusión de la rata vieja yo no me voy a quedar sin cola, sino sin novio...
¡No soy una rata vieja!
Janik
Alma de bibliotecario:
askim,
comal le dijo a la olla,
La patrie vaillante,
mi nueva patria es tu nombre,
No soy una rata vieja
4.27.2011
Quizás, tal vez, quizás
...
A él no le gusta cantar, o le gusta pero no canta bien entonces prefiere tararear las canciones en su mente. Es todo. A mí, que no es que cante bien o mal, me gusta cantar, y me gusta mucho. Tanto que en tramo de Córdoba a Sevilla me enfermé de la garganta por andar cantando rancheras en el Blue Demon con la Caro y la Liz (y a Caro debería de llamarla Caz, pero ella dice que no sabemos bien el zumbidito de la "z").
De cualquier manera, antier, que le pregunté a Vatan que para cuándo, para cuándo le iba a llegar la desesperación romántica, estilo romeo en el balcón (pero es que parece que eso es algo que sólo le pasa a uno de cada diez hombres), que cuándo le iba a llegar la desesperación romántica y me iba a llevar a su lado; a cocinarle kebabs con pepinitos cortados y yogurt salado de bebida (porque el señor dice que el guacamole es invento del diablo porque es fruta y no verdura... pero vaya usté a saber que sabe un turco de aguacates...).
-Pronto- me contestó. Y yo le dije que él era como la canción de la Sarita; quizás, quizás, quizás. Y me puse a cantarsela como novio de balcón a media noche. Quizás, quizás, quizás... entonces, con su vocecita de caoba oscura (porque han de saber que quien hable turco como lengua materna habla oscuro, y callado y con tonos marrones casi negros) se puso a tararear; Senden, Benden, Bizden... Senden, Benden, Bizden.
Entonces me contó que cuando era chico, cuando tenía como diez años, compró el casette del grupo, y en sus viejos walkman oía esa canción una y otra y otra vez.
Yo lo imaginé con sus shortcitos azules y su camisa blanca de la primaria. Volviendo del internado (porque siempre estudió en internados y volvía a la casa en fines de semana). Imaginé su cara limpia y morena y las calles polvosas, con ese polvo dorado de los pueblos cuando se les recuerda. Imaginé las calles de Konya, mil veces más altas de lo que yo las ví ahora, e imaginé su vocecita, oscura, cantando bajo, porque siempre ha sido tímido; Senden, Benden, Bizden... Llegando a la vieja casa que desde hace tiempo su familia ya no habita pero que me mostró de fuera; esa casa verde botella con ventanales de latón dorado.
Y luego me vino a la cabeza mi padre, en la casa de la José Vasconcelos, acostado en la cama, acaso con cuarenta años y el pelo negro y chino, sobre el viejo cobertor de mi abuela bordado de pagodas chinas. Cantándole contento a mi mamá acostada a su lado; quizás, quizás, quizás. Entonces yo salía de su cuarto, tarareando; quizás, tal vez, quizás..
Me dieron ganas de decirle a Vatan que ya desde entonces nos esperabamos. Pero como no quise sonar tan cursi, opté por hacerle una rabieta diciéndole que si no venía a verme pronto, ya pronto, me muero.
Alma de bibliotecario:
Horasan,
La patrie vaillante,
me quisiera arrancar hasta los dientes tan sólo por tu amor,
Su casa verde
4.05.2011
Guerra
Recuperar, poco a poco, el campo, donde no había de hecho enemigos, pero el malestar, las náuseas que brotaban como crisantemos oscuros....
Crisantemos que anunciaban... ¿Qué anunciaban? ¿Qué tu cuerpo estaba sitiado de tanto amar?¿Qué así, de esa manera él permanecia en tí? ¿Qué el amor, tarde o temprano se anuncia con un canto confuso del que no puedes separar las notas de sorpresa de aquellas del pavor?
Allí donde se detuvo, por brevísimo tiempo, el andar del molino, a la expectativa del campo. Y los crisantemos poblarán, mujer, coloridos y oscuros, el campo donde ahora él no está.
Y no hay enemigos mujer. Recuérdalo. No cargues en el regazo cabezas degolladas de hombres que no atacaron; que no dejaron ni siquiera de arar el campo para buscar la guerra.
Cuando te llenes de furia, de esa furia púrpura brillante, de esa frente nublada de dolor por el peso de su propia cabeza, cuando te llenes de miedo, y tus manos tiemblen pensando que sostienen los cuerpos de los enemigos que poblaban el campo; repitete entonces que no hubo guerra.
Repitete hasta el llanto que no hubo batalla; que los caballeros no nacieron aún para ser ungidos.
Repitete que nada perturbo el fuego en la cabaña; que no nacieron guerreros los campesinos. Repitete que son tiempos de paz. Y sí aún así quieres doblar tu cuerpo en el suelo, piensa mujer que no hay enemigo sin odio, que no hay muerte sin nacimiento.
Cuando te llenes de furia, de esa furia púrpura brillante, de esa frente nublada de dolor por el peso de su propia cabeza, cuando te llenes de miedo, y tus manos tiemblen pensando que sostienen los cuerpos de los enemigos que poblaban el campo; repitete entonces que no hubo guerra.
Repitete hasta el llanto que no hubo batalla; que los caballeros no nacieron aún para ser ungidos.
Repitete que nada perturbo el fuego en la cabaña; que no nacieron guerreros los campesinos. Repitete que son tiempos de paz. Y sí aún así quieres doblar tu cuerpo en el suelo, piensa mujer que no hay enemigo sin odio, que no hay muerte sin nacimiento.
Alma de bibliotecario:
Al bordo del naufragio,
caballos amarillos,
Horasan,
La patrie vaillante,
mujer que sabe latín
3.30.2011
Tras el otro lado del vidrio
Irrumpimos en la vida del otro como nadie en nuestras vidas lo había hecho antes.
Imagino una muchacha que lanza hacia una ventana lejana una pequeña piedra; el ruido del choque contra el vidrio parece la primera nota de un concierto; el ruido provocado es de hecho ya una respuesta a la chica que lanzó la piedra. Entonces lanza otra, cuyo sonido, esta vez más agudo, es la segunda nota. La chica, excitada por el sonido de su propia música, y por su sospecha de que alguien, dentro de la casa también la escucha, se arma de valor para seguir aventando guijarros.
Las piedras chocando contra el vidrio: los sonidos, graves, agudos, extrañamente armónicos, se vuelven un concierto que parece no se acabará nunca. Del otro lado de la ventana, como ella lo sospechaba, hay un hombre joven, que escucha fascinado, el concierto de las piedras que llaman en la ventana. A cada sonido, a cada crispar del vidrio, él pide que la música no se detenga. Entre cada golpeteo, su corazón palpita.
Llega el momento, sin embargo, en el que tras la fuerza constante de las piedritas de río, el vidrio se rompe y cede estruendosamente. Al caer, los fragmentos cierran el concierto chocando unos con otros.
Se hace un momento de silencio y entonces, ambos, tienen sólo dos opciones; la muchacha, podría, debería de correr, pues es su culpa que la ventana se haya roto. El hombre, dentro, despertando de la ensoñación musical, debe reclamar, gritar acaso, por la pérdida (de tiempo, de ilusión, del vidrio mismo).
La chica, sin embargo, contraria a toda lógica, camina hacia la ventana y entre los agudos fragmentos que quedan en el marco de la ventana, asoma el rostro. El muchacho del otro lado; contrario también a toda lógica, mira la cara de ella a través del vidrio. Entonces algo en él lo obliga a tenderle la mano a ella por en medio de los angulosos cristales en el marco de la ventana, e invitarla, con todas sus fuerzas, a seguir el concierto
Esa es nuestra historia. Seguro habría mejores manera de explicarlo. Seguro tendría que decir, que como todo lo bueno de mi vida, no estaba al tanto de que esta historia me cambiaría. De que él pasaría através de mi, como si fuera yo un claro de agua.
Y seguro tendría que decir que nada me había preparado para la suavidad de sus labios, para la fuerza de sus manos cuando sostiene mi cintura, para el timbre caoba de su risa a media noche, para la vitalidad de su apoyo cuando me siento rota, para su complicidad infantil cuando me entrego a los más absurdos juegos de mi espíritu. Y nada me había preparado para amarlo tanto, así, tan dentro mío como quien se deja crecer desde el vientre una oscura y violenta flor que surgira por la boca, atravesando y alimentandose de todo dentro del cuerpo: lo encuentro así, un amor violento que me traspasa de manera tal que me obliga a la ingenuidad, a la inocencia de no comprender donde están para nosotros los siguientes pasos.
De noche, su voz, críptica, aterciopelada y oscura, me llama como una niña que se deja encantar por la canción grave de un oboe... y de noche, sus palabras... bir tanem... como cajitas cerradas cubiertas de perlas violetas... aşkım... se me atoran en la garganta ... hayatım...
Cuando la ventana ya se ha roto. Cuando dos personas, para continuar el concierto, con sólo un hilo de voz, cantan, entonces...
Imagino una muchacha que lanza hacia una ventana lejana una pequeña piedra; el ruido del choque contra el vidrio parece la primera nota de un concierto; el ruido provocado es de hecho ya una respuesta a la chica que lanzó la piedra. Entonces lanza otra, cuyo sonido, esta vez más agudo, es la segunda nota. La chica, excitada por el sonido de su propia música, y por su sospecha de que alguien, dentro de la casa también la escucha, se arma de valor para seguir aventando guijarros.
Las piedras chocando contra el vidrio: los sonidos, graves, agudos, extrañamente armónicos, se vuelven un concierto que parece no se acabará nunca. Del otro lado de la ventana, como ella lo sospechaba, hay un hombre joven, que escucha fascinado, el concierto de las piedras que llaman en la ventana. A cada sonido, a cada crispar del vidrio, él pide que la música no se detenga. Entre cada golpeteo, su corazón palpita.
Llega el momento, sin embargo, en el que tras la fuerza constante de las piedritas de río, el vidrio se rompe y cede estruendosamente. Al caer, los fragmentos cierran el concierto chocando unos con otros.
Se hace un momento de silencio y entonces, ambos, tienen sólo dos opciones; la muchacha, podría, debería de correr, pues es su culpa que la ventana se haya roto. El hombre, dentro, despertando de la ensoñación musical, debe reclamar, gritar acaso, por la pérdida (de tiempo, de ilusión, del vidrio mismo).
La chica, sin embargo, contraria a toda lógica, camina hacia la ventana y entre los agudos fragmentos que quedan en el marco de la ventana, asoma el rostro. El muchacho del otro lado; contrario también a toda lógica, mira la cara de ella a través del vidrio. Entonces algo en él lo obliga a tenderle la mano a ella por en medio de los angulosos cristales en el marco de la ventana, e invitarla, con todas sus fuerzas, a seguir el concierto
Esa es nuestra historia. Seguro habría mejores manera de explicarlo. Seguro tendría que decir, que como todo lo bueno de mi vida, no estaba al tanto de que esta historia me cambiaría. De que él pasaría através de mi, como si fuera yo un claro de agua.
Y seguro tendría que decir que nada me había preparado para la suavidad de sus labios, para la fuerza de sus manos cuando sostiene mi cintura, para el timbre caoba de su risa a media noche, para la vitalidad de su apoyo cuando me siento rota, para su complicidad infantil cuando me entrego a los más absurdos juegos de mi espíritu. Y nada me había preparado para amarlo tanto, así, tan dentro mío como quien se deja crecer desde el vientre una oscura y violenta flor que surgira por la boca, atravesando y alimentandose de todo dentro del cuerpo: lo encuentro así, un amor violento que me traspasa de manera tal que me obliga a la ingenuidad, a la inocencia de no comprender donde están para nosotros los siguientes pasos.
De noche, su voz, críptica, aterciopelada y oscura, me llama como una niña que se deja encantar por la canción grave de un oboe... y de noche, sus palabras... bir tanem... como cajitas cerradas cubiertas de perlas violetas... aşkım... se me atoran en la garganta ... hayatım...
Cuando la ventana ya se ha roto. Cuando dos personas, para continuar el concierto, con sólo un hilo de voz, cantan, entonces...
Alma de bibliotecario:
Horasan,
La patrie vaillante,
Me quisiera arrancar hasta los dientes
2.15.2011
Orjinal Ozalit. Siyah Beyaz & Renkli Ozalit. Ozalit.
Cuando caminaba en la ciudad de México, a veces (sobre todo cuando estaba en la prepa, o en los primero años de la universidad, con Oso), tenía siempre la certeza de que por más horas que caminara habría un momento en el que regresaría a casa. Así caminarás toda a noche (eso me lo enseñó Jorge), al final a las 5 de la mañana, cuando el metro abría, regresabas a casa. Sin pierde. Sin miedo. Allí descansabas del cuerpo; te lo quitabas de golpe al pasar la puerta, y lo dejabas colgado en el llavero. Entonces bien entrarás a la cocina a servirte algo (el refrigerador lleno se convirtió para mí en sinónimo de hogar), o en silencio te desvistieras, sin prisa, para yacer en la cama como si la madrugada fuera a ser eterna.
No sé bien si el primer pensamiento, pero acaso uno de los primeros, al llegar a Francia fue; no puedo regresar caminando. No puedo sentarme a gastar la noche esperando que el metro abra de nuevo y volver a casa. No era un metafórico volver al “origen”, era un real no tener hogar (no puerta, no refrigerador, mucho menos lleno, no cama, no piso). La idea de no poder volver a casa caminando no me angustiaba, pero me provocaba extrañeza. Si bien la mente humana puede ser infinita para imaginar fuera de la realidad, existen cierto hechos, ya cotidianos, ya comúnes, que salen de la comprensión humana.
En mi cabeza no puedo imaginar ni el mar que cruce, ni el tamaño de la tierra, ni cómo, en 12 horas, que bien podrían ser una noche de sueño, crucé el atlántico para no poder volver por cuenta propia. Puedo bien, hablar de horas, kilómetros, precios de avión con cuotas extras por combustible; no puedo sin embargo, cerrar los ojos y pensar en el tamaño real del mar. Cuando la realidad es demasiado vasta para sobrellevarla, nos quedan las abstracciones (las promociones de aerolineas, las cifras con decimales).
El cuerpo entonces se muestra ya inútil; imposible colgarlo en el portal para descansar, con él a todos lados, sin que él pueda ya devolverte a casa. Luego me hice de una casa, de un cuartito de 9 por 10 metros en Paris; colgué allí entonces mi cuerpo…
Hoy en Ulus, en un hotel cuyo esplendor pasó hace ya mucho tiempo, aquí en el casco viejo de Ankara, vuelvo a tener esa sensación; no poder a casa andando. No poder volver con los pasos propios.
Alma de bibliotecario:
Canim Benim,
La patrie vaillante,
Türkiye,
Vatan Horasan
12.17.2010
Dreams, dreams...
Toda bitácora corre el riesgo de ser abandonada. Sin embargo "el riesgo" es algo muy subjetivo: ¿Cuándo sabes que el riesgo terminó y que ya estás a salvo? Por ejemplo... hasta hace unos minutos, antes de que me sentara a escribir esta entrada, El tallercito seguía en riesgo de ser abandonado... pero... aunque escriba esto... el riesgo sigué allí... aún cuando lo publique el riesgo sigue allí... porque si bien podría no pasar ahora, podría pasar después...podría pasar que de repente me detuviera
Lo mismo pasa al revés, biengloriadas sean las dicotomías, El tallercito estaba en riesgo de ser abandonado; pero ese riesgo no era absoluto; no era el fin. Siempre estaba la esperanza de que volviera, y escribiera esto.
En realidad creo que siempre estamos en riesgo de algo; lo que la gente llama riesgo es el riesgo de algo negativo, pero como tampoco creo en la existencia de "lo negativo", como un malo de Marios Bros, estilo Koopa troper, cuya maldad sea identificable porque hace saltar a Mario fuera de la pantalla hasta ver el letrero de Game Over, llegó a la conclusión de que ni existe lo negativo, ni el riesgo.
Y si bien uno puede dejar de escribir, lo que uno no puede hacer es dejar de vivir.
Vuelvo a escribir aquí porque necesito contar algo. Poco a poco. El primer paso sería decir que me he enamorado de un desconocido, y que en realidad está entrada, es una escritoria aleatoria, para dar paso a una telenovela, digna de televisora colombiana.
--Aquí apartado musical instrumental por favor--
Luegos bombos.
Lo mismo pasa al revés, biengloriadas sean las dicotomías, El tallercito estaba en riesgo de ser abandonado; pero ese riesgo no era absoluto; no era el fin. Siempre estaba la esperanza de que volviera, y escribiera esto.
En realidad creo que siempre estamos en riesgo de algo; lo que la gente llama riesgo es el riesgo de algo negativo, pero como tampoco creo en la existencia de "lo negativo", como un malo de Marios Bros, estilo Koopa troper, cuya maldad sea identificable porque hace saltar a Mario fuera de la pantalla hasta ver el letrero de Game Over, llegó a la conclusión de que ni existe lo negativo, ni el riesgo.
Y si bien uno puede dejar de escribir, lo que uno no puede hacer es dejar de vivir.
Vuelvo a escribir aquí porque necesito contar algo. Poco a poco. El primer paso sería decir que me he enamorado de un desconocido, y que en realidad está entrada, es una escritoria aleatoria, para dar paso a una telenovela, digna de televisora colombiana.
--Aquí apartado musical instrumental por favor--
Luegos bombos.
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