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9.10.2010

La pecera

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Y me desconecto, este amor perfecto ahora no es correcto...Escuchar canciones  pop a media noche se me ha vuelto un vicio. Su sonido electrónico, alegre y autista (tan repetitivas que pareciera que de ello dependiera la vida los artistas) me hace olvidarme de todo repitiendo, contenta, alguna letra sin sentido... y es que estar contigo es un castigo... Me he vuelto sonsa con los muchachos, pienso, a veces ya no me reconozco (incluso la palabra "muchacho" es como de abuelita) : me pongo nerviosa si me miran a los ojos, y bajo la mirada como rogando que desaparezcan. Lo que es cierto es que a mí me dio el eterno retorno (de lo "mesmo", pienso). La decisión es extraña para todos mis conocidos: pero volví a creer en el amor. No, no estoy enamorada ...las pequeñas cosas, las pequeñas cosas... tampoco es que no me hayan (again) roto el corazón ...lamento haberte herido pero hiciste lo prohibido.... Es la simple convicción de que lo bueno está allí; de que el amor, existirá, sólo hay que estirar las piernas, caminar un poco ...me fui sin dejar pista... Claro, pero tampoco debería de preocuparme; no tengo casa, pienso de nuevo, y me imagino con dos maletas gigantescas en cada mano, a punto de dormir debajo de la torre eiffel ...ya no puedo más...de ti ya no soy parte, te diste cuenta muy tarde... No seas tonta, pienso, de seguro no han de dejar que los vagabundos duerman debajo de la torre; será mejor buscar una caja. Todo hubiera sido más fácil antes: el problema de superar la adolescencia nihilista y conseguirte una moral es que todo, todo se vuelve más dificil. Pero en esa dificultad encuentras la calma; que cosa, entender a Kant de golpe...hoy ya no estás en mi lista, me convertí en artista para así perderte de vista... Tengo que hablarle el lunes, tengo que hacer algunas llamadas, algunas visitas, evado el tema de no tener casa en un país extranjero pensando en el país propio. En mi cabeza todo aparece borroso; es como el mar, que cuando se acerca la marejada se pone turbio ...reuní un millón de historias para encontrar memorias que me dejarán mostrarte yo soy una cosa aparte ... ¿Y si cambias? ¿Y si te amargas? ¿Y si un día lloras en la calle y nadie te consuela como las amables señoras del mercado de San Ángel (qué tienes, mijita, estás bien)? No tengo miedo porque no tengo nada ...el horizonte tenía otras cosas que me brillan mucho más que tu...¿Y si un día un negrazo guapísimo francés te tira duro la onda en la calle y tu por tu manía esta de "esperar al correcto" te pierdes de toda la diversión y al cruzar la calle pensativa te atropella un trailer de doble semi-remolque? Pues si no me salva del camión, entonces no era el correcto. Mensa de mí, pienso de nuevo... Vaya edad para ponerme Socrática ...las pequeñas cosas que nos conectaban no las haces más... ¿Qué libros meter en la maleta? ...mejor te entierro en mi caja rota para que no estorbes, no me quites... Libros para sobrevivir huracanes, pienso... Sé que el huracán se aproxima levantando marejada ( y cargado en el aire vacas pintas y muchachas de zapatos rojos sin talón de aquiles), pero aquí, mientras cantó ...no, no, no tengo a donde ir... y me desconectó... estoy, por breve periodo, en una pecera.

Janik

4.04.2010

Cajas


Vives en una caja. A veces es una caja pintada de azul con hermosos lunares de colores; también puede ser una caja de madera con olor a bananas... otras, tu caja es una embarcación fantástica que sin timón (y en delirio) te hace capitán de una marea.

Algunos viven en una caja de libros y se regocijan fijando la mirada en el plano in-finito del papel y conocen cumbres sin montañas y abismos sin bordes externos. Otros viven en una caja idiota y tienen esa felicidad simple de captar sólo "la parte iluminada".

Tu caja puede ser un país, un cuarto tapizado de posters, cinco nombres de amigos, una licencia de conducir o una universitaria. Tu caja también puede ser grandísima y estar llena de sueños parchados con diurex y cartón... Algunos vivimos en cajas vivas que se agrandan y se achican a placer; mi caja, como la caja de la pequeña oveja, me protege del frío y a través de sus pequeños agujeros alcanzo a vislumbrar otras caja queridas...

Mas el cartón es cartón, y con la lluvia (con las lagrimas, con la cervezas derramadas y los sueños húmedos) se reblandece.

Quisiera ser capitana de una marea ó una oveja viajera entre asteriodes. Quisiera ser esa que no soy; quisiera que mi caja no fuera una caja sino un papalote (¿pero que acaso los papalotes no son cajitas con alas, cartón desdoblado?). Me dicen que me muevo; pero siento que las paredes de cartón se achican, y que arriba de mí, las tapas entrelazadas, sólo dejan una tímida línea de luz como abertura.

Janik

11.18.2009

Llorar


Lloro. Lloro durante toda la película de Up; cuando se casan, cuando ella muere, cuando él pone a volar la casa. Lloro cuando escuchó la noticia del perro que espero a su dueño durante 13 años, en el mismo lugar y misma hora. Lloro cuando me repite mi madre la historia de la gente ayudando en las calles en el terremoto del 85. Lloro cuando veo la Lista de Schindler, Forest Gump o Toy Story. Soy capaz de llorar con la postal de un viejo amigo que dice: "He vuelto". Lloré de alegría con la biografía de Vasconcelos. Lloro a carne viva cuando repaso en mi mente las líneas mas dolosas de Bonifaz; lloro cuando pienso en el maestro; porque hay quien no debería morir jamás.

A veces cierro los ojos: lloro callada cuando pienso en irme, también cuando pienso en los posibles, hipotéticos, arribos. Lloro cuando imagino las historias que no narramos, porque fuimos tontos y todo eso, y lloro también cuando pienso en la hipotética valentía que quiero atribuirte.

Soy el tipo de persona que se emociona hasta el patetismo con un documental del muro de Berlín; con la gente haciendo túneles o globos para no detenerse con un muro, puedo llorar con biografías; no digamos Gandhi, o Zapata, o mi viejo maestro de filosofía, bastan los puntos cardinales de la vida de mi padre, ó cualquier relato de fe o cualquier gesto de simpleza (Como mi asesor de tesis abriendo las puertas de su despacho como si yo fuera alguien de verdad importante (cuando soy, no cualquier estudiante, sino una que siempre se atrasa en las entregas)). Puedo también votarme de la risa, de la pura alegría, cuando alguien cede el asiento en la micro ó cuando después de haber dejado caer la billetera por descuido, el hombre tras de mi me detiene para regresármela.

Lloro con los regresos, con las reconstrucciones y los reencuentros porque significan la posibilidad jamás esperada. Lloro con las partidas, las desapariciones y los silencios porque son, a su vez, la demostración de como es la vida.

Lloro después de un orgasmo y cuando repito tres veces, como mantra de película, te amo. Cuando pienso en la muerte de mi padre o en el fin inevitable de toda historia prolongada. También lloro sin sentido, con ganas si, pero sin razón aparente, rondando sesiones de autoayuda donde nadie me conoce...

Pero después de llorar no siento vergüenza nunca, ni ningún tipo de bajeza de espíritu. Las lloronas, señores, no lloramos por los muertos, andando por las calles lo que nos mueve es exceso de vida.

Janik

9.06.2009

я должнa быть храбрым, ты должнa быть храбрым



A veces la intolerancia de Jorge Posada se me pega, y me enojo de las mismas cosas que él; cosas que no deberían enojarme.
De inicio habría que decir que uno se enoja porque duele: el enojo, la rabia, la furia no son sentimientos puros, no se dan solos nunca, sino que crecen inevitablemente del dolor. No puedo imaginar un ejemplo en donde el enojo no nazca del dolor o de la vergüenza, incluso de la tristeza. El enojo es la sangre que fluye a borbotones de una herida; sin la herida, no sólo no se le puede ver, sino que no puede existir.
(me detengo a pensar, ahora, cuántos dolores no aceptados subyacían a mis enojos, cuántas veces confundí la pura rabia, con el puro dolor)
A veces vez en el otro mira uno lo que uno esconde; y eso duele. Otras veces miras en el otro lo que no quieres ver en nadie, lo que niegas, lo que te enfurece de la gente que te ha querido y eso duele.
(¿pero de qué sirve el enojo, las manos que golpean el muro o la mesa, el grito, alzar la voz o las palabras? Eso no te corresponde, le decía a Jorge, si quieren ser así, si quieren ser cobardes o ingenuos, tu enojo de nada sirve) (y me sentí él enojado, desesperado, con las ganas de abrirles los ojos al más puro estilo Stanley Kubrick; pero igual que se lo dije a él, me dije a mí: no sirve).

Reglamento para toboganes
(reglamento para valientes, instrucciones de uso para cualquier tarde lluviosa; o de cómo no enfadar)



1.- Para qué hablar de valentias si se tiene todo calculado: que fácil es escribir "valiente","valiente","valiente" como un mero acto copy-paste. Los actos de riesgo en donde cada variante está medida, fundamentada y asegurada simplemente: No son actos de riesgo. No hay valor en algoritmos. No hay valor en manuales de higiene. Tampoco hay valor en las bitácoras de viaje que se planean con mapas y teléfonos. No hay valor en escribir valor y ya.

2.- El valor es consciente. Aquí, podríamos equiparar la valentía al conocimiento: S sabe que P, si P es verdadero y S está lo suficientemente justificado en saber que P. Los contraejemplos tipo Gettier son aplicables a la ética de la valentía. La fórmula sería un poco más complicada pero tendría que simbolizar: un acto es valiente si el sujeto que lo realiza asume un riesgo (que sería la equiparación a la verdad) y si el sujeto está consciente de ello. Al igual que con el conocimiento no se es valiente por azar.
Si tus actos de valor los hiciste en la pura borrachera o en la calentura no son actos de valor, por favor borrelos del catálogo: son actos de la estupidez, y muchas veces confundimos estupidez con valentía. Hacer las cosas sin precauciones, sin consciencia, sin detenerte a asumir y aceptar lo que haces, sin pensar qué y hacia dónde, es pura irreflexión que carece de cuantía ética. No hay orgullo en la estupidez sino puro riesgo sin sentido.

3.- El valor es cosa de Llanero solitario. Imposible frases como: "No puedo hacerlo sola" ó "Tu me das valor". Nadie te da nada: el valor para actuar es una decisión propia. Aquí no hay escudos, ni apoyos ni patrocinios, actuar amparados en la presencia de otro es no actuar, pues si el otro no estuviera nada se haría. Lanzarse al vacío es cosa de este y de "todos los mundos posibles". Ampararse en circunstancias es un decálogo racional para cubrirnos: las cosas se hacen o no. Al final de tu vida un listado de justificaciones, por más grande que sea, nunca se equipara a un acto. Llanero solitario, boxeador ó kamikaze el valor no es un acto cooperativo; a lo mucho, pueden aspirarse al suicidio colectivo, pero aunque estén en el mismo cuarto, cada quien jala su propio gatillo.

4.- Hay riesgos, y muchos. Si no estás dispuesto a aceptar la posibilidad de que las cosas salgan mal, de que todo se vaya al diablo y pierdas, entonces es más valiente asumirte cobarde. No hay valor sin riesgo, pero tampoco hay valor cuando se asumen riesgos sin plena elección y consciencia (cfr. punto 2). El valiente conoce bastante bien los riesgos, sabe qué podría salir mal, qué cosas se exponen a perderse, conoce los daños posibles, sabe que el abismo es profundo (sino no sería abismo) y aún así da el paso. Querer ser valiente sin riesgos es un sofisma. Más aun: ser valiente sólo donde los riesgos son bajos sería equivalente a tener un valor marca patito o made in chine, salvó que eso no existe, entonces es no tener valor. "Está bien pero que todo sea seguro", no, entonces no está bien.

5.- No dices si para luego decir no. La palabras tienen costo. Mucho se puede repetir que las palabras valen, que las palabras son entes cuyo ser sobrepasa cualquier cosa. Los poetas se equivocan en la pose: es fácil afirmar que la palabra es mágica y que hay un compromiso con cada palabra; pero los poetas olvidan que si bien hay un compromiso con la palabra escrita, hay mucho más valor con la palabra hablada. De la palabra escrita conservamos como "seguridad" su propia forma visual, así que es fácil exigirle compromiso, de la palabra hablada sin embargo conservamos sólo la memoria, y en ese sentido el compromiso es una simple complicidad con el recuerdo. El problema de los poetas es que sólo son valientes con la careta de la página: les falla el mundo real. Se actua valientemente cuando se es fiel a lo dicho, pues se le confiere valor y compromiso. Quien diga que si y luego diga que no es un cobarde, pues a nada se compromete; peor aún se cristalizará en la memoria del otro como pura contradicción.

6.- Las cosas se hacen. Sólo hazlo, hazlo siempre, la mayor parte de las veces, hazlo. (cfr. El manifiesto de Sísifo). El valor no es contemplativo, no es teoría, no es un poema en el blog, no es un decálogo filósofico, no es un monolito.

Janik


8.04.2009

¬(Ni por amor te quedas)^¬(¬(secretos a la luz))


Cuando tenía 16 años, mi tía Ilse vino a México, lo recordarás, quizás, no lo sé. Una tarde, creo que justo a los inicios de su visita, me dijo que yo debería de aplicar al bachillerato internacional, que tenía todas las posibilidades de ganarme una beca para irme a otro país aterminar mis estudios. Yo le dije que estaría muy bien, que lo iba a pensar. Luego de unos días en que mi tía me volvió a preguntar, le dije que extrañaría a mis padres y que mis estudios estaban aquí en la UNAM.

Fin oficial del tema para la familia.

Esa misma tarde salí con Astrid; le platiqué, le dije que le había dicho a mi Tía que no podía ir porque mis padres y mis hermanos... y le dije también que eso no era cierto. Que tenía alguien a quien amar y que no podía partir; que quería estar a su lado y que no me importaba ni China, ni India ni Francia. Astrid no estuvo de acuerdo: "Eric te puede cortar en cualquier momento Tzitzi, y tu pensando así. Se ve que es muy inestable" (Dicho de ella era mucho y debí de haberlo tomado en cuenta). Yo juré y perjuré que no, que no pasaría; pero claro, tenía 16 años, toda la inocencia del mundo y todo el amor que nunca volvía a tener en un instante (acompasado, aglutinado en mi como una estrella a punto del colapso).

Fin oficial del tema para los amigos.

Lo cierto es que me informe del bachillerato por internet, vi los carteles y hable a los teléfonos. Lo cierto es que asistí a escondidas de todos al Picnic de ese año. Lo cierto es que pase la primera etapa de entrevistas y cuando vi mi nombre en el cartel para ir a las oficinas: Decidí no ir. Según mis razonamientos (y lo que logré platicar después con otros chicos que conocí en el picnic) me hubiera tocado la India. Los últimos días para los trámites pasaron en el calendario, mientras yo me la pasaba escribiendo cartas de amor. A él, nunca le dije nada. ¿Para qué? Pragmático y demasiado realista me hubiera dicho que no, que debía de haberme ido pero que me agradecía muy amablemente haberme quedado y quizás me hubiera abrazo (ese abrazo habría valido mil mundos) mas no habría comprendido que para mí, era mi propia y muy íntima manera de sacrificar mis sueños anteriores (los de los grandes viajes y la trascendencia) por el "amor." Además desde ese entonces sabía, que los verdaderos sacrificios son silenciosos e íntimos (la magia de abandonar por ejemplo un poema de aliento, cerca de alguien que llora y que nunca sepan que lo escribiste tú, ni que tu lo dejaste).

Fin de la historia

Algunos meses después todo terminó de la peor manera en que han terminado las cosas en mi vida. Sentada en el filo del barandal del B (el primer edificio al entrar a la preparatoria 8), pensé que había elegido mal. Y fue una de primeras lecciónes con las que él cambió mi vida: Me enseño que el sacrificio no valía la pena (amarga y triste lección dada por alguien que se ha amado), menos el íntimo y silencioso. Y me imaginaba en la India conociendo el Taj Mahal, jugando con un pincel entre los dedos. Luego conocí a Miguel, mejor conocido como Oso, y pensé que era bueno no haberme ido, que el sacrificio había valido la pena, aunque no de la manera esperada. Me olvidé de todo y viví un sueño de pasillos, mercados dulcísimos de miércoles y coyoacán a media noche.
Ahora ni uno ni el otro están; pero aún así valió la pena quedarse. La enseñanza al final fue modificada (pensé en eso la semana pasada que discutía Irlanda sobre el sacrificio, sobre que si no había trascendencia el sacrificio era simplemente una tontería)(Y sí, quizás tiene toda la razón de un realismo histórico pues la historia se escribe con lo logrado). La enseñanza final se reescribió, porque el pasado, contrario a lo que se piensa no es un estático (no es el clásico "ya lo pasado, pasado") sino que el pasado se mueve con uno mismo y cambia: " Del sacrificio no esperes trascendencia, pues no la hay, no existe no para los personajes chejovianos como tú, del sacrificio sólo espera la íntima complacencia de haber elegido libremente dejar ir, para quedarte".

7.28.2009

Siempre....

Donato tenía 15 años y yo 17. Mis padres se habían ido de viaje a Alemania, a la boda de una de mis primas de la familia de allá. Imposible decir que la casa fuera un aquelarre en aquellos días; nos dejaron a cargo de mi hermano menor y todo movimiento tenía que hacerse de noche ya cuando el dormía, además, mi hermana y yo eramos aún muy sonsas para cualquier gusto vicioso...
Serían a penas las nueve de la noche cuando Donato llegó a la casa, vestido de negro, con gabardina y botas industriales. Traía un amigo creo, no recuerdo bien, la cosa es que como hijo del mejor amigo de mi padre es de los pocos con tarjeta verde para llegar y salir de la casa con gusto, cuando quisiera (tanto así que de niños, él, por su status preferencial, nunca sufrió el castigo merecido por la destrucción total de nuestra casita de muñecas; hecho que aún le recuerdo con rencor).
No era tampoco que fueramos ajenos; desde que teníamos 8 o 6 años la tensión entre nosotros había crecido, liberada sólo una vez... en una barda de piedra... (pero no, no hablo ahorita de eso).
Estabamos con mi hermana Yunuen en el cuarto, mas a la menor provocación Donato y yo salimos huyendo a la sala (ya en ese entonces mi padre había hecho prevalecer la necedad de tener una camita en la sala para ver la tele (cama que ha sido testigo de muchas sodomas) (y que sigue siéndolo)).
No recuerdo como, pero en un instante él estaba encima de mí, con su cuerpo grande (me saca de mínimo cabeza y media), pesado, viril, grueso. Yo, nerviosa y excitada, temblaba; el nerviosismo me crecía desde las ingles, subiendo por el vientre hasta el pecho. Acercó su rostro y sosteniendome con una sola mano por la nuca me besó, y luego maripositas (¡arete en la lengua!¡arete en la lengua!¡arete en la lengua!¡arete en la lengua!¡arete en la lengua!¡arete en la lengua!¡arete en la lengua!)(claro, después tuve que aprender que en realidad la magia del arete de Donato era que él sabía usarlo, y no el arete en si) (mito del dark-punk-porno).
Yo temblaba, y lo abrazaba por la espalda; él se separó de mi rostro y me miró a los ojos:

-Hace tanto tiempo esperaba por tenerte así- (o "hace mucho que esperaba para esto", o "hace mucho que quería que pasara esto" ó la más recurrente en mi memoria traicionera: "siempre quise que pasará esto", "Siempre quise tenerte así").

-Si, yo también- respondí atropellada y sonsamente, medio asustada por la sensatez de su diálogo (si era mucho que esperabamos). Después claro, según recuerdo siguió una buena sesión de bondage y sadomasoquismo con hielos (que no creo que entrara entre las cosas que "desde hace mucho tiempo" quería hacer... o eso espero...) (aunque que ¡que buena estuvo!....).

Pero voilà, ese es uno de los mejores diálogos que me han dicho,*: "Espere por ti, por esto, siempre (ó hace mucho, que en la vida mortal es casi lo mismo)".

Janik

*(ó uno de los mejores diálogos que se han atrevido a decirme pues implica aceptar la vulnerabilidad que implica sostener en la memoria al otro pese al tiempo).