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5.15.2010

Disaster


Cuando un huracán arriva a un lugar todo destruye: sin previo aviso, sin tiempo suficiente para asegurar el orden. Un intenso estadio huracanil y tras de él, la destrucción no prevista pero lógica como resultado de una catástrofe. Un huracán llega y destruye y a ti te toca lidiar con el desmadre posterior y volver a encontrar el orden...

Mi vida es un desastre.

Pero no paso ningún huracan (no tromba, ni trombón, ni tsunami, ni volcán advenedizo). Tengo la firme sensación de que salvo situaciones muy especificas (siempre posibles pero poco probables); cuando la vida de alguien está hecha un desastre reverendo se debe no a la acción de una sola catastrofe, sino al lógico resultado de los actos propios.

Yo, por exceso de negación o por falta de autoconciencia, no tengo claro como llegué a tal nivel de desorden, de desastre, de imposibilidad para aclarar las cosas (Descartes podría meterse un tiro, ó en su época un esgrimazo suicida, con sólo ver la no claridad ni distinción de mi existencia).

Los huracanes en la vida humana son poco probables: la lenta e inexorable construcción de un desastre masivo es muy común; pareciera que poco a poco fui juntando este desastre, esta inmanejable vida con todos sus excesos y carencias (de tiempo sobre todo). El problema es aceptarlo... aceptar que uno vive el desastre que uno alimento como a uno de esos pequeños monstruos de las caricaturas a los que comienzas a alimentar porque son lindos y terminan siendo grandes y poderosos entes en tu contra.

Yo estoy viviendo mi propia mancha voraz, que alimenté con un poco de dejadez, exceso de confianza y muchísima falta de organización... la pregunta ahora es ¿cómo matar al monstruo? ... porque no creo que, como en las caricaturas, se deshaga con agua o con una aguja....


Janik

8.25.2009

hablará por espejos hablará por oscuridad por sombras por nadie

Se levanta a las 8.30 de la mañana. Piensa en alguien, en algo, que no había pensado hace ya rato, luego piensa agobiada en todo en lo que no quiere pensar (una mezcolanza de traducciones del francés atrasadas, trabajos de idiomas, una tesis sobre pensadores mexicanos y un libro de dos tomos que no ha terminado de leer). El cuerpo le pesa, las piernas le duelen, y la palma de los pies, desde hace meses, le duele al tocar el piso cada vez que despierta. Prende la televisión; Sweet Sixteens en MTV, se masturba viendo la entrepierna envuelta en razo rosa de adolescentes estadounidenses cuyo tono de rubio capilar es inversamente proporcional a su intelecto. Un tazón de cereal, un baño rápido, una pasada ritual de esponja a las botas industriales que lleva usando como único calzado desde hace seis meses.
Es como si el tiempo se hubiera detenido. Es como si estuviera a punto de abrir una puerta: no podría decir a ciencia cierta que ha cambiado, aunque si que se ha detenido. Algo tiene roto dentro, y , ese algo, como el badajo de una campana suena como camina. Música de las ausencias tendría que llamarle, ritmo de un no sé que, que como las olas del mar, marcan un paso infinito.
Antes de salir de casa le marca a su amigo (¿es necesario decir a quien?), intercambian, casi como detectives, algunas claves telefónicas que les atenuan un poco la pena (quizás imaginaria en ambos casos) de existir.
Una misma canción (Host of a ghost) en el Ipod, repitiéndose de manera casi enferma (neurotica) en el trayecto de la casa a la escuela de idiomas. De repente como un rayo, un instante, se detiene (su mente que en estos días no ha parado de mezclar tiempos y modos). Sonríe: piensa en ella ( cuerpo de luz, golpe de suerte inmerecido (ella se ha construido su propia suerte habría que decir)). La calma de ese instante le basta para existir lo que resta del día: lo demás, las decisiones, el futuro, lo que venga, al matadero la pena vale. Sonríe de nuevo.

5.06.2009

Bolero hechizo


No estoy ahí: no estoy en la puerta marrón lechoso de tu departamento, no estoy en los homenajes expresos ni en las líneas entrecortadas que entre líneas niegan; no estoy en la muestra contemporánea de cine (ni en la selección nacional, ni en el festival de cortos) como recuerdo errado que no debiera ser, no estoy, ni siquiera en las mentiras que dices sobre mi cuando despuntan las madrugadas como queriendo, que no este más deveras.

Y no estar es, amor, la libertad más infinita.

Porque se está mejor sin estar deverás: escondida entre los actos más más simples (en la elección por ejemplo de una cuenta de correo, la exclusión siempre planeada de mi nombre entre las rimas que de hecho no rimaban, en la repentina argumentación de que no hay pasado para cualquier banqueta, para cualquier calle donde yo haya caminado, en la afirmación continua de mi míopia como justificación a cualquier ceguera).

Sonrío, en una mezcla de confunsión y sordera: contigo, a veces, verdaderamente se está mejor sin estar deverás.

4.21.2009


Recién publicaste esto en mi blog (que fue en secreto, hace tiempo, nuestro). Tu comentario fue anónimo:

"Ya me di cuenta de que no debo leer tu blog, no por que no me quiera dar cuenta de cosas... si no por que me duele lo que te duele... y me molesta no poder evitarlo..."

Hice un recuento simple de la gente que podría leer mi bitácora sin querer leerla (de aquellos con quienes yo podría tener un ínfimo lazo plateado como el de las moiras) y de aquellos a quienes mi dolor (un dolor de idiota, de simple, de absurda) pudiera llegar como las ondas que en el agua calma se expanden y se transfiguran. Sólo hubo dos opciones (de miles de personas queridas que he perdido, sólo algunas se molestarían en venir aquí, y de esas sólo con algunas podría yo tener un lazo certero de nostalgia, y de esas mismas sólo dos escribirían en esa entrada del blog)...
Especulaciones; no, no puede ser especulación la certeza de que el otro te busca mientras que tu lo llames. Porque algo existe que nosotros no comprendemos (que no tocamos con la punta de la razón enajenada). Pegar el oído a las vías del tren mientras nadie nos mira y saber que eso que siento al pegar la oreja son tus pasos (gigantescos y torpes animales que no se encuentran, sólo porque no se buscan).
¿Qué paso?, quizás debo decir ¿qué te hice, hombre, para que te duela yo sin que quieras que te duela? ¿por qué no pudimos superar el amor (¿el cariño?), para aspirar, con resignación a la sobriedad de saludarnos cuando nos topamos de frente a la calle bendiciendo con simpleza, en nuestros adentros, el hecho de encontrarnos, aunque lejanos, aún vivos?... pero no, odio, tu lo sabes, el conformismo.
Dime entonces ¿por qué no pudimos superar el orgullo, y con él el miedo, para decirnos: te quiero y me voy, y aún así me quedo?...
A las doce de la noche, de un martes ya, con el mismo rostro de niña caprichosa, y la sala vacía: no me explico que fue lo suficiente para separarnos; ¿qué hiciste, hombre, dónde te guardaste, el brillantísimo milagro de habernos encontrado en está vida? ¿a dónde las calles vacías para caminar el uno al lado del otro? ¿dónde escondimos el coraje de saber que era necesario estar juntos en está vida (lejanos, cercanos, impedidos, nostálgicos, rehaciendo cada tanto el lazo que tejimos)? Por qué, si no pasa seguido encontrar alguien que te entienda así, que te siga los pasos pesados, torpes y todo...
¿Cómo encontrarnos de nuevo?... Por más hondos que sean los abimos, para aquellos que habitan sus lechos nunca les estará vetado encontrarse (de nuevo):
Definición del ser querido perdido: Gigantesco y torpe animal que no se encuentran con su par sólo porque no lo busca, y viceversa.

Con nostalgia (recupera de tu recuerdo una sonrisa:
supongamos que así te sonrío ahora)

Janik

3.20.2009




en una plaza

poblada de palomas extranjeras

te reencontraré algún día.

distinto todo

sin el abrigo oxford

que colgaba de tus hombros

colgantes

sin tu aire aporético

de burócrata libre,

sin tus bufetes de chinos

en el vientre puntiagudo,

sin país alguno

esperando caudillos.

sin mi.

Y yo seré otra

de intentar tanto

ser la misma

para que a tus ojos,

(que no serán los tuyos)

reconocieran

lo que tu creaste.

La plaza,

con su catedral bizantina,

pondrá los dedos en la línea

que guardaremos

hasta ese momento

para ser pronunciada:

No hay más tradición,

para nosotros,

que el abismo.


3.09.2009

Llamaradas de aire


No debimos hablar aquella tarde del pasado (mucho menos cuando el pasado se encuentra tan presente, puntual como minutero). La pequeña mesita en un absurdo café de altavista; no había siquiera una retórica del espacio que permitiera recuperar los recuerdos con elegancia. Eramos (era yo, quizás, solamente) un esbozo deforme que se aferraba al discurso de aquello que paso. Pero es posible que no haya pasado; no tengo testigo objetivo de mi propia historia, si me descuento a mi misma, por subjetiva. Le hablamos a Samia de cuando tenía 17 años: del maldito herradero y su hora de cervezas al dos por uno. Aquella tarde nos pusimos hasta las chanclas, Oso, Alejandro, Gabriela, Laura, Aures y yo (Astrid claro no tomaba)(no toma)). Con los black outs necesarios recuperé sólo una parte de la historia: una bandada de jóvenes terriblemente tetos embriagándose en coyoacán (cuando era lo más inn del mundo) y recorriendo las calles oscuras en una pick up.
Sin embargo el escribiente hoy fue otro, le pregunté a Astrid qué hacían ellos mientras yo me besuqueba con Aures en una jardinera frente a la iglesia (valgame uste´): "Oso me consoló con un café; hasta me tomó de la mano". (seguí hablando, y rogando que la música del cafecito de altavista no se detuviera, que la conversación vanalizará cualquier reclamo a destiempo).
Y es que yo no recuerdo que hacían los demás, recuerdo, acaso que hacia yo, y las voces de un grupo de universtiarios briagos que nos gritaban "si mamis, así"...
La imagen de Oso y Astrid de la mano rumbo al jarocho, hace unos 5 años, nunca la había imaginado.

De cualquier manera es triste, el affiche, la palabra consolar, el hecho de que me falten pedazos de mi historia eternamente, por que los escribientes no podemos compartir los manuscritos.

Relatos que de repente resplandecen, cuando te das cuenta que eres el poseedor de unas cuantas líneas sueltas: de aquí pal real todo es criptografia.

1.16.2009

Mantenernos


Es cuestión de mantener los lazos cercanos. Eso es todo. No es cuestión de verse cada día ni cada fin de semana ni cada mes: es cuestión de sentir que aunque la distancia cuelgue entre uno mismo y otra persona nada se rompe. Eso pensé cuando ayer por la tarde caminaba en el borde amarillo de la banqueta rumbo a la facultad: ¿durante cuánto tiempo he caminado ese mismo sendero al lado de gente tan distinta, que aparece o desaparece a placer? Recuento de fantasmas.
Desaparecer me da miedo.
Las desapariciones también. Muchas veces me pregunto qué se sentirá llegar a cierta edad y ver que todo lo que en algún momento consideraste tuyo se ha condensado en un recuerdo evocable sólo en una enumeración de sensaciones, imágenes, alguno que otro encadenamiento lógico, pero nada más. Comienza a sucederme. El pasado en realidad siempre se niega: es lo que ya no es, a lo que no puedes acceder de nuevo. Una serie de cuartos cerrados en los que al entrar puedes imitar un entorno, pero no más: paredes pintadas de cielo, de plazas, de cafés, que cuando quieres recorrer te dan un encontronazo en el rostro. Esa inmovilización del pasado es la ruptura, pues el presente es un torbellino en el que pocas veces te detienes a pensar. ¿Cómo mantener los lazos? Eso, aún no lo entiendo del todo, para mi me basta vaciar el corazón, un tanto de humildad y un mucho de mantener, de demostrar querer mantener, la cotidianidad viva con el otro.
También he aprendido que hay cosas que terminan y ya: sin bombo ni platillo, sin resentimientos dolorosos como prolongación forzada, mas bien a la manera de un sueño; no podemos culpar al sueño por terminar cuando nosotros despertamos ¿o si?
Tzitzi Janik

12.01.2008

no puedo creer que un sueño me rompa el corazón (así, literal, como cuando tenía 16 años, más agudo incluso, menos focalizado) me desperté con los músculos tensos y un dolor en el pecho, con la mañana deslavada y vacía, con la ventana clareando su diciembre. abrí los ojos; era un sueño. respire profundo entre las sábanas recién lavadas y pensé (pensé que del olor de las sábanas uno se puede enamorar) (del olor del cabello, del sudor corriendo por el cuello, de las manchas de los zapatos) pero nunca de la completa negación. me levante de las sábanas como si pudiera dejar en ellas el olor a cloro del sueño, el pasto, el edificio rojizo, el sueño completo... pero no. el día transcurrió con el corazón partido, el sueño no había terminado; el sueño era en realidad el comienzo de otro sueño del que no hubiera querido percatarme. pero así funcionan a veces no son sueños: a veces son premuniciones nocturnas, claridades que se revelan sólo cuando eres incapaz de bloquear la verdad a ti mismo: entonces la realidad se abre en el sueño y cuando despiertas no dejas de soñar... después no pude contarte la verdad, y desarrolle versiones alternas que intentando apresar la sensación de ese cielo azul, de los columpios mal pintados, de tus palabras diciendo eso que nunca quise oir...y así he andado, con la claridad a fondo, como fondo de botella, con la develación de lunes mañanero de algo que no quería aceptar: que hay cosas que cuya llave es un instante, y que yo, a fuerza pendular entre prudencia infame, riesgos estúpidos o comodidad conformista (si, todos somos al fin y al cabo un posada cualquiera), he terminado por perder casi todas las llaves, quedándome solamente con las cerraduras. máldito sueño.

11.25.2008

Recuerdo Preciado

Meter las manos bajo los olanes de tus faldas, y sentir la claridad pulcra de tu vientre; el casi imperceptible olor agridulce tu sexo. Las caderas que de suavidad se deshacen al pasar las manos, y el blanco tenso de tu cuello, que expone entre las sombras (como manual para vampiro) el lugar donde posar los labios. En casa todos duermen, en la avenida el sonido del aire al pasar los coches, y algunas risotadas de borracho, escondidas entre las cobijas (jugando a la campaña) te plantó un beso (es como escuchar el mar en la ciudad).

11.17.2008

Recuerdo preciado, un poquitito más lejano

Tengo los pies ligeros, me tiemblan acaso un poco las manos. Cuando cruzamos el garage veo su motocicleta sin cubrir, encerada y muy limpia. Me la presenta, se llamaba Lola, o Marla, siempre confundo los nombres de sus exnovias con los de sus motocicletas. En la sala está su hermana con su sobrina, las saludo sin verles el rostro. Hay un gran ventanal con marcos de madera que deja ver toda la Magdalena Contreras: casitas de asfalto sin pintar apiladas unas sobre otras como cajas en bodega. Entramos a su cuarto, siento su camiseta negra ceñida al cuerpo, el color caoba del cabello, sus labios. Tengo que portarme altanera, intenta impresionarme con unos libros, y le digo, por ejemplo, que leer a Sabines es de populo, aunque me tenga que morder el labio para no acordarme de varios versos que me encantan. En la pared hay una marihuana pintada, su cama es estrecha. Es la primera vez que tendré sexo en un cuarto con la familia afuera, digo,(se escucha claramente el sonido de las cacerolas, su hermana jugando con la niña, Vida TV a todo volumen), Fernando me sonríe (después me costará acordarme de su nombre, lo sé) se sienta a mi lado en su cama (deja la computadora prendida con la carpeta de pornografía abierta) me agarra de la cintura y me muerde los labios. Le digo que está un poco loco si piensa que haremos mucho con su familia afuera. Se ríe de nuevo (es una risa como de chorro grueso de agua) (y sé desde el momento en que la escucho que será una risa que extrañaré). Aspiro profundo el olor de su cuerpo al acercar mi rostro a su cremallera, mis manos terriblemente torpes desabrochando el único botón de su pantalón. Le bajo la trusa con los labios, porque para éstas cosas siempre soy menos torpe con la boca. Afuera su sobrina comienza a llorar. Raúl Magaña entrega un paquete completo de vajillas a doña Inés, orgullosa ama de casa.

11.02.2008

Recuerdo preciado.

-Que chistoso, nuestros lentes chocan- luego se rió con una risa bulliciosa, transparente. Le puse cara de ay, dios, que te escuchan afuera. Entonces se río más, con una risa nerviosa, le puse un dedo entre los labios, luego la tome del rostro.

8.12.2008

No quiero jugar sin ti.

llevamos tanto tiempo juntas que ya comenzaba a preguntarme si había costumbre, exceso de amistad, de cotidianeidad en el cariño...pero no. al abrir los ojos hoy en la mañana sentí, como nunca, una certeza de amor (debería de darme de topes en la pared por ser tan cursi). anoche, anoche soñé contigo...[estábamos en una ciudad europea, mediterránea, todo era de un café terroso, casi amarillo, caminábamos por los callejones y a los lados se alzaban edificios coloniales, acaso más antiguos. estábamos en esa ciudad de viaje por alguno de mis asuntos, un diplomado quizás, un curso de mis múltiples cosas. tu me acompañabas. por un callejón llegábamos a una gruta donde la gente con la que yo trabajaba estaba en círculo, hacían un ejercicio de integración o algo así, las instrucciones eran: tiene que hacer parejas de dos, pero las parejas eran de hombre y mujer. tu, decías, tranquilamente, que te retirabas del juego, porque no podías elegir un hombre. me sonreías y me decías que yo siguiera jugando, que al fin y al cabo tu ni siquiera estabas en el curso. yo tardaba un instante pero soltaba las manos del círculo donde me había integrado. (recuerdo la salida de la gruta hacia el callejón y el olor a ciudad extranjera) entonces yo decía: si no juegas tú, yo no quiero jugar, si no se puede elegir a otra mujer como pareja yo no quiero jugar el juego]