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2.02.2010

Y con ustedes un poco del quinto mandamiento...


Para intensear, en este regreso a clases, con ustedes el príncipe de la canción con una buena selección para mantenerse en el forever. Digo, ¿Qué puede ser mejor que "anda y ve", para una clase de ruso? Lo más divertido es que con José José puedes encontrar canciones para todos los gustos, matices, sabores y respuesta, y aunque él diga que "el amor acaba", siempre siguió cantando. Mi favorita es "Lo dudo".
¿Por cierto soy la única que encuentra Heracliteana esa canción? Digo, por lo de "somos como ríos, cada instante nuevo el alma"? jajaja miren que nunca pensé que José José fuera heracliteano.

:-) Comenzando año intenseando
Janik








6.26.2009

No ser Chejov...


Así como tu me miras de frente sólo con tus palabras, te lo digo yo, rostro a rostro:

Hay un instante, un brevísimo momento, en que la decisión que tomes, cualquier decisión que sea, te puede llevar hasta Hugh Grant, o, hasta Chejov.

El problema con nosotros es que somos siempre Chejov; siempre esos personajes plenos de ansias, de emociones, de llantos que se pueden quebrar en la gloria. Siempre esos personajes que se levantan una mañana para cambiar el mundo; que un día tienen el valor de hablarle al amor secreto, de abandonar el trabajo, de enfrentar la batalla, de retar lo cotidiano para salir airosos y que dan El paso al frente, que durante toda su vida temieron dar....
Personajes que sin embargo, después de ello, cuando es la hora de asegurar el paso, (la segunda cita, el levantar la cabeza sin vuelta atrás, el romper de verás con todo) para verdaderamente aventarse al vacío de perder el mundo y construir uno nuevo, cuando es hora de reafirmar el instante en que tuvieron valor para cambiarlo todo; se quedan parados, se detienen. Personajes somos que se cristalizan (de miedo, de estupidez, de inseguridad) antes de verdaderamente revolucionar su mundo. Para luego, volver con el rabo entre las patas, a dormirse, arrepentidos, entre la misma cotidianeidad que minutos antes, días antes, habían roto. Yegor Savich que sueña, con grandeza, que puede, que podría...y que sin embargo vuelve, ya tarde, a dormirse solo, en la sala de una vieja casucha, ya por deshabitarse, con un samovar que no funciona...
Y es que no, Hugh Grant no existe, no para nosotros. Parece que somos incapaces de lograrlo; de ser William Thacker convenciéndose de que no es absurdo seguir a Anna Scott, a la cantante, a la millonaria, a la lejana, para quedarse con ella. Hugh Grant da el paso (por valiente, porque es incapaz de ver que tal valentía es absurda, por imbécil, por bienaventurado), y sale corriendo como loco en la ciudad, y deja el trabajo, y le habla a la chica popular de la universidad, y se convence de que puede hablar con la actriz más famosa de la tele y seducirla; rompe, como una mosca que milagrosamente traspasa el vidrio, con su vida cotidiana y no vuelve a ella nunca.
Hugh Grant, tu lo dijiste amigo, se queda con Julia Roberts, mientras que nosotros (¿cobardes?¿pesimistas?¿desventurados?... ¿cobardes?), nos quedamos con toda nuestra dignidad y un puñado de casas, repartidas, en la estepa moscovita.

Desventurado Chejov, porque de él no es el reino de los cielos...

Janik