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7.05.2011

Mis taka-taka

Llegué al cuarto 332 del Instituto Pushkin. El loby se veía sovietico; viejo, anticuado pero limpio. La sensación en el cuarto era más fuerte: viejo, anticuado, sucio y triste.
Me abrió la puerta Mitchko. Una japonesa con los ojos pequeños y las mejillas rendondas muy amplias  para su cara rectangular. Era ya más de media noche y yo estaba agotada (había recorrido sola desde el aeropuerto, con la maleta, luchando con el también anticuado metro de Moscú y luchando también con los no-amigables si-agresivos-acosadores moscovitas de media noche).

"Buenas noches, creo que tienen una cama disponible, soy la nueva chica", contesté en inglés mientras jalaba la maleta para adentro del cuarto, esperando por fin librarme de tal peso. Ella sin moverse de la puerta y cerrando el paso me susurro en ruso algo, viendo al piso sin hablar la voz.
"Lo siento, creo que mi ruso está algo oxidado" contesté ansiosa porque se quitara de la puerta. "¿Sólo inglés?" me preguntó ahora viendome a la cara. "No, Inglés, Francés o Español", le constesté ya hartandome.
Me señaló mis zapatos, y dijo "no".

Me dolían los pies, mis sandalias estaban empacadas en la maleta. Le explique, forzandome a desempolvar mi ruso de golpe, que mis sandalias estaban en la mochila.
"Zapatos no", contestó de nuevo, y entonces ya era obvio para mí que no hablaba ruso tampoco.
"¿Por qué?" le pregunté, más por molestarla que porque no lo supiera, más sólo por saber qué me iba a decir.
"Zapatos no" repitió y bajo la cabeza.
Bueno me quité los zapatos. Ese fue mi primer día con los taka-taka...  Y ahora más que nunca re-valoro la cultura latinoamericana; imagino cualquier casa en cualquier país latino, con una muchacha que explica al otro lo que nosotros hacemos, entre sonrisas y peticiones, y preocupándose por no molestar a nadie.
De verdad que los latinos somos bien flexibles.

Janik

7.04.2011

-Eres muy valiente- me dijo el chico al que conocí en la esquina del instituto, Lucas- porque nadie que yo conozca vino solo en el tren y metro y a media noche... es peligroso....-

Le pregunté que cuánto le había costado el taxi... y allí estaba mi respuesta. ¡Un taxi del aeropuerto a Moscú costaba 1500 pesos! Pero lo pensé, lo admito... lo pensé en serio mientras jalaba mi maleta de 20 kilos por las escaleras, mientras veía los viejos adornos del metro de moscú, mientras hablaba con hombres que sólo contestaban "Da", "Niet" ó "Ia ne gabariou pa-angliski..."

Al final llegué. Siempre llego. Los edificios son grandes, me recuerdan en definitiva a los de la película Good bye Lenin. Tenía miedo. Me calmaba repitiendome a mí misma lo que me diría mi madre.

El aeropuerto. Como el aeropuerto Benito Juarez antes de la remodelación, como la estación de autobúses de Ankara o la estación de autobuses del Norte... Los letreros traducidos al inglés en un 19%... Los rusos contestando: "Ia ne gabariou pa-angliski" en el mejor de los casos, o simplemente "no"...

Pero entre más miedo tenía más risa me daba; allí estaba yo, recorriendo Moscú con mi maleta por ahorrarme unos (no "cuantos") miles de pesos. Al día siguiente, ya con el sol, no me paso lo que esperaba...
Esperaba que con el sol al ver las casas y las calles me dijera: "Bueno no están tan mal"... pero en realidad cuando salió el sol lo único que dije fue: "chingá... ¡como pude!"...

5.06.2011

A Rusia con amor


Ayer compré mi boleto para Rusia. Llegaré a Moscú en la noche del sábado 2 de Julio y regresaré a Paris de la madrugada del 28 de Agosto. Como si se hubieran enterado o si fuera una señal, hoy en la mañana me llegó la invitación para la visa de estudiante. Me toca ir está semana. Las cosas se mueven y yo con ellas, ahora mi trabajo es seguirles el paso.

4.04.2011

Rusia

Hoy me han dicho que si me aceptan en el curso de idiomas del Instituto Pushkin en Rusia.
Estoy contenta. Es bueno saberse en movimiento después de tanto. Me fuerzo a estar en movimiento pero no me siento lo suficientemente despierta; siento que me fuerzo pero que aún así me arrastro, que debería de aprovechar más de hacer más, de dar más. Pienso en escuchar las calles en ruso, pienso en que viajare sola, pienso en el hermoso sonido del ruso, como de viento, como de montañas apagadas que dejan pasar un viento muy grave por sus grutas. A moverse. A despertarse. No tengo vueltas atrás; pero es que me cuesta tanto trabajo...  y con estas náuseas que tengo no sé si sea prudente.. pero:¿Será que necesito un café bien cargado todas las mañanas?...

***

Hoy en la mañana él me mando un mensaje: "Buenos días dulcecito. Muchos besos". Sus mensajes son un respiro de aire fresco en las mañanas. Y él... para él son sólo mensajes que envia a su novia, a su novia caprichosa y difícil que se queja y llora cuando no sabe de él en todo el día. Pero sus mensajes. Sus "Buenos días bomboncito" "Buenos días mi niñita floja", sus "Muchos besitos", así no pasen de 5 palabras, así todos los mensajes se parezcan unos con otros a lo largo del tiempo, con esa constancia que otros podrían confundir con cotidianidad, pero que es más bien, la cálida y tibia seguridad del amor a las ocho de la mañana, sus mensajes al fin, me dejan levantarme de la cama, sintiendo que allí está él, que me sigue con la mirada aún cuando no pueda verme. Él y su voz de caoba oscura, él y su lenguaje de piedra tallada, él, tan abismalmente bueno que me espanto a veces al verlo tan transparente ( y a mí tan oscura).
Y así tenga crédito o no, me las arreglo y le respondo: "Buenos días niñito" ó simplemente "Un montón de besos a mi dueño". Soy tan cursi.

6.10.2010


Perder la esperanza debería de haberse convertido en mi pan de todos los días. Debería ya de haberme acostumbrado a que el corazón se colapsa como un simple bing bang diminuto que da paso a un siguiente universo, cada vez más degradado, cada vez más pútrido, pero universo al fin y al cabo.

Pero no suelo acostumbrarme al dolor; comienzo a hartarme. Comienzo a hartarme de mi propia estupidez, de mi propio corazón (incluso de la misma palabra corazón y su retórica de utilería; como llamar entonces a este hato de emociones y sentimientos, expectativas y terribles congojas que me crece en el pecho como un maldito tumor, denso, informe, palpitante, músculo y grasa sin orden).

Tengo ganas de dejar las cosas aquí, y levantarme mañana con otro nombre, otro cuerpo, otro rostro, otros ojos, otro corazón y otra mente, ésta vez una mente vacía, una que nadie pueda amar ni admirar; una mente de barro para quebrarse en una piñata cumpleañera o en un simple descuido de mercado.

Tengo ganas de odiarte y odiarme. Corrección: tengo ganas de odiarlos y de odiarme; por no haber podido, por no haber logrado, una vez más la eternidad y para quedarnos, como siempre, con un montón de triquiñuelas de papel y plástico. A algunos quiero odiarlos por no haberlo siquiera intentado, a mi quiero odiarme por renunciar, por no ser capaz de permanecer con el rostro directo a la luz. Cartas y cartas que se apilan en sobres bajo la cama; ruinas de una eternidad que no alcanzó a ser siquiera construida (claro que la construcción de una eternidad es una tautología de finitud: el acto mismo que comienza la eternidad tiene que ser aquel que le de fin, pues no puede haber finitos en su adentro)...

Citando, a otro anónimo nostálgico, lo único absoluto que queda después del verdadero amor es la muerte: ¿qué otro absoluto?... ¿Y si yo ya no estuviera para absolutos? Y si yo debiera ya de darme por vencida en esta vida y agradecer que ella tocó a mi puerta y que nada quedará después de esos recuerdos (carreteras a media tarde, lluvias de raite, tormentas, casas limpísimas y la cama de mis padres, calles de madrugada con un cuerpo de luz que no merecía).

Peor que el hereje; aquel que toca la luz y la deja ir sabiéndola la única verdad.

Parece que nací para pesadillas de media noche y nostálgicos patéticos; amante de las causas perdidas me gusta romperme el rostro contra la pared y admirar la sangre cuagulada desconfigurar lo que antes fue ¿bello?

(coagulos de sangre que se leen como las líneas de una mano; una nariz desviada, un tabique destruido en direcciones contrarias, pómulos hundidos del golpe, los labios sino arrancados si cortados por el vidrio)

(¿Dónde veré, dónde ví, donde veo de nuevo este accidente?)

No tengo opción. No pienso en la cobardía, al menos no como la de él, pero comienzo a comprender que no soy tan valiente como lo pensaba.

Janik

5.22.2010

Para olvidar (en dos partes)


I.

Un hombre espiando por el enramado detrás de un cerco; lleva horas allí, mirando por breves instantes a través de una ventana, a una joven mujer.

Nada sabe ella del acoso; lo conoció a él años atrás y años atrás lo alejó (los detalles, la intimidad, el desliz del cuerpo, las palabras de asco, no son en este momento importantes). El hombre, instalado entre el seto y la cerca de madera, sólo alcanza a atisbar instantes del cuerpo de la mujer; cuando inclinada en el friso de la ventana mira hacia la calle intentando precedir el arribo de su nuevo amante, de su madre, o simplemente la carreta que anuncia el regreso de los hombres de la mina.

(En el segundo cuando ella inclina el talle blanco en el marco abierto, el corazón de él se acelera; sabe que ella lo hace a drede, que lo reta... no, que lo invita a seguir allí mirando escondido en el cerco, sabe que ella lo desea allí, mirandola. Su rostro, cubierto sucio de mohín, se enjuga de sudor).

Ella sin embargo sólo mira por la ventana. Ambos siguen su vida, adelante, a su modo: permanecer no es sinónimo de avanzar.

Hasta no pasadas las 10 de la noche él se retira; cuando todas las luces de la casa se apagaron y su cuerpo exhausto de la vigilancia, le exige deje el sacrificio y duerma, se alimente, ande por la campiña de regreso a su casa, estirando las piernas.

En casa mentirá de nuevo y dirá que el trabajo fue exhausto, si logró exhortar algún nuevo préstamo en el camino a algún viejo amigo (amigo que lo mirará con lástima y asco), dirá en casa que ganó tal dinero. Sino, se echará en la cama, lleno de sudor, negros los pómulos, a pensar en el talle blanquísimo de la mujer en la ventana.

Su obsesión lo hundirá. No tiene el valor de pasar los tres punto cinco metros del cerco a la puerta; tocar la aldaba; decirle a ella que allí está.

Cumplir su único deseo.

¿Matarla?

Sí

ó

En el mejor de los casos, arrastrarla por el cabello hasta el seto. Violarla. Obligarla a morder su propio vestido espumoso para mitigar el ruido del sexo de él destrozando su esfinter.

ó

En el peor de los casos, plantarse en la puerta, con su mejor ropa (de tela delgadísima de tanto ser blanqueada en cloro) y su mejor disposición cardiaca (entre 185-190) para invitarla a pasear por el jardín del arzobispado el domingo a medio día.

{de la respuesta de ella no hablaremos, justo en el instante en que él terminara su invitación los universos se bifurcan; Kundera reconstruiría aquí su pasado. La vida está en otra parte y al terminar la invitación, encontraría su lugar en el mapa. Usted lector, sabe mejor la respuesta que la pobre mujer, tonta, insulsa y simple, de blanco talle}

Las mujeres que pasan con sus bolsas de mandado a media mañana, los niños que lo llaman "el loco del seto", ella que a veces, sin comprobar nada, siente su mirada clavada entre los senos, ellos dirán que es un cobarde. Él, osco y meditabundo, ni siquiera prestará atención al adjetivo; sabe más de valor que aquellos: El sacrificio es una de las formas más puras del valor.

Es el sacrificio el valor sin egoísmo. Por eso los martires, libres de egoísmo y deseos, son santos; no luchan guerras, no ganan batallas ni toman acciones; su valor, una suerte de sadomasoquismo, toma la forma de la flagelación.

A veces pierde la fuerza; al cerrar los ojos recupera la visión de su sacrificio, la dimensión real de su valentía de centinela... Has sacrificado a cambio de un simple talle, las entrepiernas de las mujeres del burdél, humedas de tanto visitantes, el torso estirado al trabajar en la cosecha, las alabanzas a tus manos hábiles (ahora eternamente enclavadas en el fango húmedo del seto), has sacrificado los segundos de libertad, incluso el odio, incluso el llanto. Pedernal vigilante. Has sacrificado la vida normal, que merecías, pues no eras ni más ni menos que cualquier otro hombre.

El sacrificio te hizo valiente y distinto; y él mismo te destruye.


Tzitzi Janik Rojas


II.

El hombre que mira a través del ceto es un acosador; pensar que el acosador es un hombre valiente no es una idea común. Los parámetros tiene que ver con la acción;la valentía, siempre se ha relacionado con la acción y el movimiento, especialmente con el movimiento violento; el cambio brusco y repentino. Un hombre que todo el día, todos los días, todos los meses, se sienta a observar, a seguir las huellas mínimas de alguien, parecería permanecer inerte; pero tal apreciación sería errónea. El movimiento allí es un movimiento que se da en un mismo eje, por ello puede parecer imperceptible; como una esfera que gira sobre si misma rapidamente. Sin punto de referencia no se notaría el cambio, y, sin embargo, se mueve.

El hombre en el seto tiene el valor puro del sacrificio; no es un valor brillante, no conseguirá nada, ha renunciado a sólo observar, ha renunciado a obtener bien a cambio de su deseo, sin embargo tiene el valor de dejar su vida por esa observación. La observación ( y aquí podríamos hablar de actividad teórica, estética, de pura reflexión interna) no es pasiva; se necesitan tomar medidas, acciones que posibiliten y sostengan la actividad de observación: dejar el trabajo, dejar los tiempos libres, dejar de buscar otras mujeres, sacrificar sólo para poder ver, algo que no sé podrá tocar.

Allí, en ese sacrificio (malsano, obsesivo, absurdo, dirán ellos), se encuentra también una forma de valentía.

Siempre me detengo a imaginar a este hombre hipotético por el cerco cuando tengo problemas para conceptualizar la realidad virtual. El acosador del ceto tenía valor para sacrificar cosas a cambio de una mínima visión, ahora no es necesario sacrificar nada: la cobardía informándose a través de un link, de una página anónima ( y por otro lado el ego narcisista (¿Equivalente a asomarte a la ventana para ver a la carreta de trabajadores?) que posibilita al cobarde la información). Se vuelve cada vez más común tener información disponible sin riegos; buscar un nombre en google, en facebook, ver una foto (acaso un perfil bloqueado, pero para el observador avispado ese perfil bloqueado sigue siendo información; una foto que cambia, una lista de amigos, una existencia virtual). Nada se arriesga y se gana una información ansiosa que sólo alimenta una psicología absurda con el olvido.

El hombre del seto estaba allí; aunque no estaba, aunque no tenía el valor de hundir su cuchillo en la espalda cubierta de manta blanca de la joven. Estaba allí en tiempo real e invertía una existencia real; así como el internet banaliza la información y elimina el proceso de verdadera apropiación del conocimiento, así también banaliza el recuerdo del otro, banaliza la obsesión, la existencia, permite una ansiedad en dosis controladas; una psicosis colectiva entre la alienación y la permanencia del recuerdo. Cada vez me molesta más la falta de una ética legalizada en torno a la existencia virtual; y cada vez hago más cosas virtuales identificándome con una página o un http...

¿Hasta dónde es real? ¿Hasta donde es una legalización de la cobardía colectiva, del conformismo en la interacción social? ¿Hasta donde es simplemente una expresión equivalente que no pierde ni gana nada de la cobardía general?


II.I.

Todo esta discusión, que ya traía en la cabeza hace rato, es el simple resultado de que hoy abrí tu perfil de facebook. Un viejo amigo nuestro me agregó y te tenía allí, entre sus "amigos virtuales" (yo sé que no se ven, que ya no hablan, que ya no son amigos (¿será posible que este uso ligero termine balanizando la palabra "amigo" también?)). No me aguante la curiosidad y lo que hubiera sido una mañana activa y alegre se convirtio en un post de dos horas y una nostalgia con efecto prolongado (De 8 a 10 horas sin necesidad de otra dosis).

No tuviste la decencia de poner tu perfil privado. Si, es una queja.

Estaban allí tus fotos, tus comentarios, tus faltas de redacción y sintáxis y tu estilo elegante (elegantísimo) de existir. Parecía que el tiempo no ha pasado; te veías igual que siempre, intacto (¿atorado? ¿atascado?) en una época juvenil y en una indiferencia volatil y amable. Estabas allí lejanísimo como si la época en la que caminabamos juntos de la mano por las calles fuera otra decada (algún día lo será), otro milenio (y en tiempo humano ha pasado mucho menos que en otros de mis casos de nostalgia, pero es que mi corazón está enfermo de envejecer con rapidez).

No me quedé mucho allí; cuatro o cinco fotos, cuatro o cinco comentarios. Observar tu perfil anguloso, el brillo aceitoso (que siempre odiaste) de tu frente y nariz. Cerré la pestaña. Seguías vivo, seguías ¿maravilloso?, seguías. Y yo sin explicación probable, o posible, jamás con más información que una pantalla de 1366 por 768 pixeles; no es que la buscará, esto es horrible y antihumano; es como si un día, al hombre del ceto cuando esta sentado en su casa, en el portón, viendo el horizonte, le desfilara frente a su casa, por la calle, la casa de la mujer con ella mirando por la ventana con los ojos cerrados... la casa marchando enfrente de él, viva, con la mujer en la ventana... ¿Cómo no verla?

Las casas no se mueven. La información no interesa si no es accesible y la memoriza banaliza cuando no puede recordar: si nada puedes saber, entonces no importa, no permanece, no es ni hay presencia en tu memoria a lo largo del día.

Y allí en los tres minutos que espié anonima tu página, fuí mil veces peor que el hombre del seto. Si, cobarde.

Tzitzi Janik






1.14.2010

Fragmentos de la semana

Una mañana todos los pendejos del mundo amanecerán colgados de los cables de electricidad… entonces prenderé un cigarro y haré anillos de humo.




Como un río de lava los faros rojos de los coches, una nube pequeñita detrás del tronco hueco de un maple, el frío te cala los huesos y sabes que nunca pasarás por allí vestida de la misma angustia. En el siguiente semáforo das vuelta a la izquierda.




Es el cuarto 317, palco de rehabilitación. Junto a aquel hombre que nadie va a ver y que toma siempre de las manos a las enfermeras, como rogando que repitan lentamente el nombre del suero y la hora.

12.29.2009

Soltera



Supongo que borrarme del facebook era parte del ritual necesario: así como cambiar el estado a "Soltera". Me llama la atención como hay nuevas afirmaciones a partir de los nuevos medios: supongo que ese tipo de actos virtuales son tan simbólicos como cambiar el color de tu pelo. Rituales de cambio, rituales que posibilitan continuar.

Aquí en el blog siento también un vacío; ella, que no fue nunca personaje como lo han sido en este blog muchísimos ausentes recreados, invocados o destruidos sólo por mi memoria, se vuelve a partir de ahora un personaje más de mi narrativa memoriosa. Ella que fue lo más real: que se enojaba, reía, jugaba o agradecía la entradas en el blog en la vida, frente a mí, ahora pasa al plano de la narrativa y me deja una sensación de perdida (como cuando tu interlocutor se da la vuelta y sabes que no escuchará más tu voz). Supongo también que eso es parte normal del proceso: desde que comencé el blog muchos han dado saltos de la narrativa a la realidad o al revés, como en este caso, de mi vida hacia la memoria. No quiero que sea así con ella, pero sé que por el momento esto será lo correcto.

Hace tres años, cuando la conocí, me pregunté a mi misma cuándo era el tiempo de comenzar una nueva relación, ahora tuve que preguntarme cuándo es el momento de terminarla. Con el corazón en la mano tomé las decisiones que creí las mejores para mi y para la persona que amo, ahora, como dice Deniz, sólo el tiempo verificará que haya sacado bien las cuentas y de no ser así, el tiempo cobrará las deudas. Siempre justo; él siempre me ha pasado la factura. He dado lo mejor de mí, y he sido tan valiente como mi ética lo ha exigido.

Me da una nostalgia inmensa, mis ojos se llenan de referentes cuya dueña ausente no volverá a recurrir, libros, ropa, canciones, acordes acaso, soles de medio día, la cama, las sábanas, mi propio ser me devuelve siempre como origen su nombre, pero estoy tranquila. Vivimos tanto que fue obvio que por el momento cada una es un nuevo punto de partida, cuya dirección por ahora no apuntaba al mismo lado. He visto mezquindad, cobardía, gente que destruye por no aceptar y saber cuando irse: no merecíamos eso. Hicimos bien, lo que sea que la palabra signifique.

Pensé yo en borrar su perfil del Facebook, pero no pude, porque no quise, porque no quiero, no creo que se deba perder al ser amado hasta llegar al diálogo con el ausente. Sin embargo comprendo ahora que su duelo personal es distinto que el mío y el efecto de guillotina es más o menos el mismo, con cariño o sin cariño, con razones o sin razones, por más que yo haga o deshaga ó que emule conductas que yo hubiera querido en aquel que cortó mi cabeza por primera vez...

Mi duelo es, si, el rompimiento, la pérdida, si, el desamor, pero es también la comprensión de que el amor no basta, porque no se terminó mi amor, sino que comprendí de golpe que el ideal hughgranteano de un amor que todo lo mueve, es eso, sólo un ideal. Me faltaron decisiones tomadas, riesgos, aventuras, retos que no supimos afrontar por la comodidad de saber que estabamos "bien", y no hay culpas, hay sólo un aprendizaje profundo al lado de quien ame, y que llevaré dentro toda la vida... y hay, claro, una deuda con ella, que nunca lograré. No alcancé el absoluto de nuevo; ella lo merecía y yo, comprendí que tengo mortales las manos...

Estoy tranquila y hasta contenta, es un nuevo reto y es movimiento. El movimiento es necesario. No sé mucho del porvenir: sé que quiero estar sola porque tengo fantasmas que resolver y prestamos hacia mi misma que no he saldado, me debo tantas cosas que deje inconclusas. Sé que ella es luz... y sé, que si me toca estar mil años sola estaré contenta; porque ya tuve entre mis manos (estrella mortal, pero igualmente luminosa), mi historia de amor. No me debes más vida, pero yo tengo tantas deudas... y pagarlas será un honor.

A punto del llanto

Janik

11.13.2009

Y usted ¿Qué quiere recordar de su vida?...¿Cómo quiere recordar su vida?... más importante aún ¿Cómo quiere narrarla?


1.
Le debo a mis amigos esta entrada, porque hasta Livi hizo una nota en su Facebook y yo, de tan ocupada ni pío. El pasado sábado 7 tuve el mejor cumpleaños de mi vida. La casa se llenó de mi gente más querida; de mucha gente nueva, de la gente de siempre, de la gente que no había visto en muchos años... las ausencias se olvidaron de tanto movimiento. Me sentí inevitablemente contenta por el simple hecho de haber nacido, sólo para tener la oportunidad de compartir un instante con ellos; un momento cortísimo o doce años, o tres meses eso no importa, lo importante fueron los comensales con sus tradicionales enchiladas de mole y los jóvenes filósofos jugando mímica y las conexiones psiquicas para descubrir los más terribles personajes (¡dios, garfield tres veces, las leyes de reforma y Jesucristo!). Lo importante fueron los regalos más originales de mi existencia; desde una bola para ver el futuro, un libro de Duras, ¡unos tenis panam azul brillante!, mi propia caja para guardar futuro, unos calcetines de felpudo estilo muppet, una artesanía xochimilca, y, cortesía de mis compañeros del francés; unos mapas para que me ubique (si ¡en serio!).
Al final todos bailaron con todos, sin necesidad de borrachera, y aunque muchos no lo aceptaran en público, se armó la rueda disco (I love you baby and if it's quite all right) con pasito levantando la patita y todo; y hasta mis primos de Alemania, a quienes no veía en diez años, dejaron la cámara (pues la fiesta será un próximo documento antropológico) para bailar con Gloria Gaynor en los reducidos seis metros cuadrados de la sala. A mis invitados les digo: gracias, gracias por ser, así tal y como son, por ir a una fiesta ñoña y todo, aunque muchos pensaran que esta era mi "última y nos vamos", pero les digo que no, que de su segura servidora, con cariño, tienen mucho de mí para rato.


2.
Las tres últimas semanas permanecí sentada en la mesa del comedor de 10 de la mañana a 12 de la noche; me dolieron partes de la espalda que creía incapaces de dolerme, acumule grasita de oficinista (más) en lugares donde biológicamente era imposible acumularla y comprobé al mundo que tengo algún tipo de desorden temporal subjetivo que provoca que mi tiempo corra más rápido y mi eficiencia sea más lenta: Hace más de un año me enteré de los intercambios a Francia; la cosa es dar clases de español allá, vivir allá durante 7 u 8 meses y tener un sueldo fijo durante ese periodo. Me emocioné y desde el año pasado comencé a prepararme. Certificaciones, experiencia, cada punto de la convocatoria; al final sólo quedo contestar el dossier y el cuestionario y a eso es a lo que me he dedicado las últimas semanas de tiempo completo casi (con mínimos intervalos de Facebook como válvula de escape y con el tiempo libre repartido entre trabajo del IIIEPE, baño y siestas).

Hoy acabé y entregué todo para la beca; cumplo todos los requisitos, incluso de más, y a menos que discriminen el exceso de grasa oficinista estoy del otro lado: entre los agradecimientos están a mis maestros de francés, a Gaby por revisar el dossier en español, a mi hermana Yuyu por dictarme a altas horas de la noche pero sobre todo a Melba. Sé que para ella es difícil pensar que quiero salir de viaje por tan largo periodo, y yo misma me sorprendo incomprendiendome; pero en las últimas tres semanas el ánimo que me ha dado Melba, su apoyo para llenar los formatos y hacer los trámites y su sonrisa. Gracias; gracias, y no puedo expresar el agradecimiento que te tengo y no hay amor más grande que aquel que da libertad.

3.
Hace algunos días tengo dos frases dando vueltas en mi cabeza; la primera dice: "Destrúyelo", no hace referencia a destruir nada en realidad, sino a llegar hasta donde más pueda, a no parar, a dar todo lo que tenga hasta destruir de tanto dar aquello mismo que doy; a no tener miedo; a quemar mis naves para siempre seguir en movimiento; no volver al mismo punto muerto nunca, al silencio, a las salas vacias, a la hoja en blanco.

La otra frase, más primordial aún, se la dije a Gabriela hace unas semanas; ni siquiera recuerdo si hablabamos de ella o de mi, pero le dije:

¿Qué quieres recordar de tu vida?...¿Cómo quieres recordarla?

No es una pregunta retórica, es una pregunta real; no tiene que ver con "vivir para el futuro" sino con vivir para el presente; cada cosa que hago, cada cosa que soy en este instante que vivo, debe de ser una cosa que, pasado el tiempo, recuerde con cariño. Construir un presente que sea valioso es igual a construir un pasado que recordar con orgullo. El problema consiste en que muchas veces no sabemos como actuar en el presente, entonces la pregunta ayuda. Cada vez que hago algo en lo que dudo, cada vez que tengo miedo de actuar o de decir algo, cada vez que me gana la timidez o el "qué diran" simplemente me pregunto: ¿Cómo quiero recordar este instante después?....

¿Quiero recordarme como la que quizo decirle algo a alguien y nunca lo dijo, ó prefiero recordar que dije algo? ¿Quiero recordar que me atreví o que sólo dude? ¿Cómo quiero contar mi vida? ¿Una vida de deseos incumplidos o una vida de actos?

La pregunta no es truculenta: muchas veces me contesto "quiero recordar que fui paciente", "quiero recordar que espere", otras, la mayoría, me digo "prefiero recordar que hice las cosas, que le dije, que me atreví, que pensé"....

Al final todo tiene que ver con que no quiero que pasado el tiempo, al narrar mi historia, haga un recuento en subjuntivo de "qué hubiera pasado si...", "que hubiera sido de mi si yo..." y cosas por el estilo.


Janik


9.16.2009

La Apoteosis del crimen






(Piedras Negras, Coahuila)

Las fiestas conmemorativas de septiembre alcanzaban esplendor de apoteosis. No por lo héroes que murieron para darnos libertad, sino por el héroe de la paz, que nos la había robado.
Desde el balcón del Palacio Nacional, la noche de la fiesta cívica, el tirano había gritado: "¡Viva la Libertad!" Y una multitud imbécil, desde la plaza, levantó clamor que refrendaba la farsa. Para ellos libertad es su noche de gríteria y alcohólico holgorio. Nada hay más antipático que el entusiasmo patriótico de un pueblo envilecido. La tolerancia del crimen en el gobierno deshonra el patriotismo que exige decoro antes que histerismo y loa. Y se torna soez toda alegría pública que convive con la impunidad, la impudicia del gobernante. Por eso fue asquerosa nuestra noche del 15. Había, sin embargo, bajo la capa de lujo de aquello festejos del centenario, una sorda, resuelta oposición que aguardaba su instante. Una convicción de que se estaba en vísperas del castigo final hacía tolerable el bullicio. Alentaba una gran esperanza.
[...] No sé por qué artes que se había hecho costumbre celebrar el santo del déspota al día siguiente del aniversario de la patria.

***

[...] Ningún pueblo escapaba al cargo de incultura, ineptiutud y atraso. La misma Grecia de la época clásica tuvo mayoría de analfabetos y de esclavos. Y fue un asco la Inglaterra de Enrique VIII. Sin embargo, una minoría idealista puede en cualquier instante levantar el nivel de un pueblo: la dictadura, jamás. Era menester osar. No hay peor cobarde que el cobarde del ideal. Si los políticos griegos se hubiesen dicho: El pueblo corrompido sólo merece látigo, no se habrían construido Atenas ni Esparta, y Grecia sería otra Persia. El pueblo francés, pobre, inculto y analfabeto, hizo la revolución, consolidó los derechos del hombre, preparó con la libertad las bases de una inmensa cultura.
A la tesis de que el indio es una carga, oponíamos el hecho de que el indio clavó los rieles del ferrocarril y poco a poco, por su tenacidad y su ingenio, sin ayuda oficial aprendió la técnica y logró manejar las vías férreas.
No estabamos ante un problema de intelectualidad, sino de honradez.

José Vasconcelos, Ulises Criollo, Lecturas Méxicanas, volumen XII, SEP/FCE, México, pp. 351-353

***

Las negritas cursivas, como deben suponer, son mías.
Estoy en el segundo tomo del Ulises Criollo (mi edición es la de la SEP con el FCE, publicada en dos tomos). Y cuando leí el fragmento de "La apoteosis del crimen" pensé: hace cien años, y casi, como papel calca, la descripción de una farsa, de un crimen, de un dictador que proclama con un pueblo embrutecido y sin memoria, nos queda a la perfección, salvo, que, hace cien años como bien dice él, se sobrevivía por la esperanza de la revolución que comenzaba a gestarse. ¿Con qué sobrevivimos nosotros? ¿Qué lucha, qué opocisión a la dictadura? ¿De qué lado queremos plantearnos las cosas: del lado del pueblo que echa laudos al dictador, enceguecido por, hace 100 años fuegos artificiales, ahora espectáculo de luces? No, no quiero ese lado, la pregunta me cimbra desde el pecho: ¿Hay, hoy, otro lado?
Quizás no todo el fragmento nos describa, quizás peca Vasconcelos en algunos puntos, la subjetividad es obligatoria al fin y al cabo, pero sirve mucho para pensar, sirve mucho...
Janik

8.29.2009

Toda la noche hago la noche. Toda la noche me abandonas lentamente como el agua cae lentamente. Toda la noche escribo para buscar a quien me busca.















Creo que ahora estamos más acordes a la versión en francés, aunque la versión en español sigue quedándome como saco a la medida a toda hora...
Desde la prepa me hice, circunstancialmente fan, de la canción, aunque ¡changos! hasta ahorita supe que la original era de Perales (ja, es que en mi imaginario él canta solamente "Procura coquetearme más" y san se acabó jojojojo). Aquí varias versiones, voilá! (la de la oreja de Van Goh, me gustaaaaaa uuuun buuuueeeen!, la última que parece de una peli con subtítulos está buena también, y claaaro, la de Aurora y la Academia es todo un clásico)
Tzitzi "ay me gusta la música viejita" Janik

7.24.2009

modelado en barro


...entre a la clase quince minutos tarde, como siempre,y como últimamente en la compañia de Gabriela, ambas con el paso tranquilo y toda la inconciencia del mundo con respecto a cualquier reloj y cualquier manecilla...

Cuando entré al salón había cerca de veintitantos inscritos, en el fondo perdiéndose entre tantos, con camisa caqui una talla más grande y unos jeans deslavados estaba Jorge. Entre cruzando la mitad del círculo, contrario a otros años, me presentó; "ella es Tzitzi",a lo que yo contesté: "La ayudante general del jóven", alguna que otra risa, y yo dije "y ella es Gaby, nuestra amiga". El círculo se abrió y me sente al lado de Jorge. Saqué el libro de cabecera de este curso; la compilación de Jose Vasconcelos de lecturas para niños, el Ulises Criollo y mis plumones. Mientras yo explicaba a los presentes que escribiríamos un ensayo a lo largo del cursillo, Jorge hojeaba el libro que acababa de darle.
Luego comenzó a improvisar...

Habló de oriente, de la racionalidad dividida, de la concepción de occidente, de la construcción del otro, de la literatura, de lo sagrado, de Hegel, del idealismo y el materialismo y de cómo cambiar el mundo, de la raza cósmica...

Algunos chicos alzaron la voz al final del salón, se discutió un poco, Jorge, necio, no dio mucho la mano a torcer... pero es que hay, a veces, algunas necedades luminosas, algunas que se perdonan, es más que se agradecen (hay quienes consensan, quienes toleran y bajan la cabeza o hay quienes indiferentes prefieren ignorar; hay que tener mucha voluntad y mucha pasión para la necedad, sobre todo, cuando implica que de la idea se vaya a lo material, y no al revés, por más que digas... hay que tener tanta voluntad para no pedir perdón a nadie por creer en serio, de verás)(hace quizás más de un año que no nos sentabamos juntos a dar un taller)(el gigantesco cartel rosa que colocaron por toda la biblioteca decía: "Curso-taller impartido por Tzitzi Janik Rojas", me sentí a vergonzada, no, en realidad yo era tan presa de escucharlo hablar como cualquiera en el aula (como el mismo), y no debería mi nombre de aparecer sin el suyo(luego pensé que a él, tanto tanto, no le importa y me sentí tranquila)).

Al final del taller nos presentamos: un desliz del tiempo me hizo saber que no, que ya no eramos los mismos muchachos que eramos hace 5 años cuando dimos nuestro primer taller. Que el tiempo para bien, entre nosotros, había cambiado, pese a los 5 años que hemos estado juntos contra todo, contra nosotros mismos muchas veces, y contra nuestras propias decisiones, siempre un tanto cuanto nefastas y contradictorias. Él se presentó: "Jorge Posada, tallerista en la UNAM y el INBA, publicado en Tierra adentro". Mientras que yo y Gabriela nos presentamos; "Me llamo Tzitzi Janik , estudie filosofía, ojalá que vuelvan y que les guste el curso", Gabriela me la mató: "Me llamo Gaby, a veces escribo boleros sin éxito, y me dedico a la escultura", Jorge puso cara de sorpresa (quizás esperaba una breve reseña de nuestro curriculum como hubieramos hecho años antes), "Si Jorge, Gaby hace modelado en barro, ¿no sabías?"....

("en realidad somos, lo que de nosotros hiciste" tendría que decir como nota personal para ti nuestro epitafio)

Que gusto estar a su lado, poeta, perdón, pequeño ewok

Tzitzi Janik

6.26.2009

No ser Chejov...


Así como tu me miras de frente sólo con tus palabras, te lo digo yo, rostro a rostro:

Hay un instante, un brevísimo momento, en que la decisión que tomes, cualquier decisión que sea, te puede llevar hasta Hugh Grant, o, hasta Chejov.

El problema con nosotros es que somos siempre Chejov; siempre esos personajes plenos de ansias, de emociones, de llantos que se pueden quebrar en la gloria. Siempre esos personajes que se levantan una mañana para cambiar el mundo; que un día tienen el valor de hablarle al amor secreto, de abandonar el trabajo, de enfrentar la batalla, de retar lo cotidiano para salir airosos y que dan El paso al frente, que durante toda su vida temieron dar....
Personajes que sin embargo, después de ello, cuando es la hora de asegurar el paso, (la segunda cita, el levantar la cabeza sin vuelta atrás, el romper de verás con todo) para verdaderamente aventarse al vacío de perder el mundo y construir uno nuevo, cuando es hora de reafirmar el instante en que tuvieron valor para cambiarlo todo; se quedan parados, se detienen. Personajes somos que se cristalizan (de miedo, de estupidez, de inseguridad) antes de verdaderamente revolucionar su mundo. Para luego, volver con el rabo entre las patas, a dormirse, arrepentidos, entre la misma cotidianeidad que minutos antes, días antes, habían roto. Yegor Savich que sueña, con grandeza, que puede, que podría...y que sin embargo vuelve, ya tarde, a dormirse solo, en la sala de una vieja casucha, ya por deshabitarse, con un samovar que no funciona...
Y es que no, Hugh Grant no existe, no para nosotros. Parece que somos incapaces de lograrlo; de ser William Thacker convenciéndose de que no es absurdo seguir a Anna Scott, a la cantante, a la millonaria, a la lejana, para quedarse con ella. Hugh Grant da el paso (por valiente, porque es incapaz de ver que tal valentía es absurda, por imbécil, por bienaventurado), y sale corriendo como loco en la ciudad, y deja el trabajo, y le habla a la chica popular de la universidad, y se convence de que puede hablar con la actriz más famosa de la tele y seducirla; rompe, como una mosca que milagrosamente traspasa el vidrio, con su vida cotidiana y no vuelve a ella nunca.
Hugh Grant, tu lo dijiste amigo, se queda con Julia Roberts, mientras que nosotros (¿cobardes?¿pesimistas?¿desventurados?... ¿cobardes?), nos quedamos con toda nuestra dignidad y un puñado de casas, repartidas, en la estepa moscovita.

Desventurado Chejov, porque de él no es el reino de los cielos...

Janik