No estoy hecha para las salas de espera.
Soy esa esposa incomoda que sin pedirle permiso a la secretaría irrumpe en la oficina de su esposo y hace una escena porque descubrió el amorío de él con la becaria. Soy ese loca que se salta a los gorilas de seguridad para que el cantante le firme un seno, del que, al bañarse en uno o dos días, se le borrará el autógrafo. La que decide cruzar la calle justo cuando la luz roja de los autos cambia de nuevo a verde. La que cuando ya salió de la tienda y camino 5 cuadras, decide regresarse porque siempre si quería comprar ese libro (esa postal, ese whatever). Soy la que quería besos en las primeras citas, la que llamaba a los muchachos antes de que la llamaran (provocando,según, que los hombres perdieran el interés y creyeran que una no era lo suficientemente valiosa, por no guardarse como "perla en cofre de oro" (whatever)). Soy la que abre los yogurts en el supermercado antes de pagarlos, y le entrega a la cajera el envase vacío.
Soy la que se atreve a decir: "te amo", sin siquiera conocer a la persona.
Las salas de espera, con su música de elevador, sus asientitos azules, su cafetera electrónica con el botón rojo siempre encendido.... las salas de espera con gente fingiendo que no se va; como si fueran a leer el periódico y ver las pantallitas de LCD eternamente... con gente convencida de que la sala de espera es, de cierto modo, una permanencia, un punto de retorno. Volver si olvidas la maleta, volver cuando vuelves, como si todo maldito punto de salida fuera siempre el punto de retorno; pero no.
No estoy echa para las salas de espera; soy uno de esos corredores que siempre dan salidas en falso, y que aunque vayan a la cabeza en la primera vuelta ; siempre llegan a la meta en último.
Janik
