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8.05.2010

Rinocerontes




Llegará el día en que yo no pueda relacionarme sino con los rinocerontes  pero no esos apacibles que pastan en la sábana protegidos por National Geographic, no, sino con esos pobre animales que, siendo casi ciegos, se lanzaron a atacar un enemigo imaginario hasta desgarrarse el cuerno, hasta perder la vista bajo una capa de sangre coagulada. 

Llegará el día en que los comerciantes del mercado negro se den cuenta que lo valioso de tales mamíferos no es su cuerno afrodisíaco sino la colera ciega con la que atacan, aún si no pueden ver. 

[cuántos elíxires habría en el mercado, cuántos condones con estracto de rinoceronte furioso, cuántos multivitanimicos para tomar dos veces al día, cuántos logotipos de rinocerontes para empresas de infomerciales].

La catastrofe es que ningun rinoceronte sobrevive a la extracción del cuerno. La furia, poderosa y sublime, también es orgánica.

Janik

1.14.2010

Fragmentos de la semana

Una mañana todos los pendejos del mundo amanecerán colgados de los cables de electricidad… entonces prenderé un cigarro y haré anillos de humo.




Como un río de lava los faros rojos de los coches, una nube pequeñita detrás del tronco hueco de un maple, el frío te cala los huesos y sabes que nunca pasarás por allí vestida de la misma angustia. En el siguiente semáforo das vuelta a la izquierda.




Es el cuarto 317, palco de rehabilitación. Junto a aquel hombre que nadie va a ver y que toma siempre de las manos a las enfermeras, como rogando que repitan lentamente el nombre del suero y la hora.

12.29.2009

Soltera



Supongo que borrarme del facebook era parte del ritual necesario: así como cambiar el estado a "Soltera". Me llama la atención como hay nuevas afirmaciones a partir de los nuevos medios: supongo que ese tipo de actos virtuales son tan simbólicos como cambiar el color de tu pelo. Rituales de cambio, rituales que posibilitan continuar.

Aquí en el blog siento también un vacío; ella, que no fue nunca personaje como lo han sido en este blog muchísimos ausentes recreados, invocados o destruidos sólo por mi memoria, se vuelve a partir de ahora un personaje más de mi narrativa memoriosa. Ella que fue lo más real: que se enojaba, reía, jugaba o agradecía la entradas en el blog en la vida, frente a mí, ahora pasa al plano de la narrativa y me deja una sensación de perdida (como cuando tu interlocutor se da la vuelta y sabes que no escuchará más tu voz). Supongo también que eso es parte normal del proceso: desde que comencé el blog muchos han dado saltos de la narrativa a la realidad o al revés, como en este caso, de mi vida hacia la memoria. No quiero que sea así con ella, pero sé que por el momento esto será lo correcto.

Hace tres años, cuando la conocí, me pregunté a mi misma cuándo era el tiempo de comenzar una nueva relación, ahora tuve que preguntarme cuándo es el momento de terminarla. Con el corazón en la mano tomé las decisiones que creí las mejores para mi y para la persona que amo, ahora, como dice Deniz, sólo el tiempo verificará que haya sacado bien las cuentas y de no ser así, el tiempo cobrará las deudas. Siempre justo; él siempre me ha pasado la factura. He dado lo mejor de mí, y he sido tan valiente como mi ética lo ha exigido.

Me da una nostalgia inmensa, mis ojos se llenan de referentes cuya dueña ausente no volverá a recurrir, libros, ropa, canciones, acordes acaso, soles de medio día, la cama, las sábanas, mi propio ser me devuelve siempre como origen su nombre, pero estoy tranquila. Vivimos tanto que fue obvio que por el momento cada una es un nuevo punto de partida, cuya dirección por ahora no apuntaba al mismo lado. He visto mezquindad, cobardía, gente que destruye por no aceptar y saber cuando irse: no merecíamos eso. Hicimos bien, lo que sea que la palabra signifique.

Pensé yo en borrar su perfil del Facebook, pero no pude, porque no quise, porque no quiero, no creo que se deba perder al ser amado hasta llegar al diálogo con el ausente. Sin embargo comprendo ahora que su duelo personal es distinto que el mío y el efecto de guillotina es más o menos el mismo, con cariño o sin cariño, con razones o sin razones, por más que yo haga o deshaga ó que emule conductas que yo hubiera querido en aquel que cortó mi cabeza por primera vez...

Mi duelo es, si, el rompimiento, la pérdida, si, el desamor, pero es también la comprensión de que el amor no basta, porque no se terminó mi amor, sino que comprendí de golpe que el ideal hughgranteano de un amor que todo lo mueve, es eso, sólo un ideal. Me faltaron decisiones tomadas, riesgos, aventuras, retos que no supimos afrontar por la comodidad de saber que estabamos "bien", y no hay culpas, hay sólo un aprendizaje profundo al lado de quien ame, y que llevaré dentro toda la vida... y hay, claro, una deuda con ella, que nunca lograré. No alcancé el absoluto de nuevo; ella lo merecía y yo, comprendí que tengo mortales las manos...

Estoy tranquila y hasta contenta, es un nuevo reto y es movimiento. El movimiento es necesario. No sé mucho del porvenir: sé que quiero estar sola porque tengo fantasmas que resolver y prestamos hacia mi misma que no he saldado, me debo tantas cosas que deje inconclusas. Sé que ella es luz... y sé, que si me toca estar mil años sola estaré contenta; porque ya tuve entre mis manos (estrella mortal, pero igualmente luminosa), mi historia de amor. No me debes más vida, pero yo tengo tantas deudas... y pagarlas será un honor.

A punto del llanto

Janik

8.04.2009

¬(Ni por amor te quedas)^¬(¬(secretos a la luz))


Cuando tenía 16 años, mi tía Ilse vino a México, lo recordarás, quizás, no lo sé. Una tarde, creo que justo a los inicios de su visita, me dijo que yo debería de aplicar al bachillerato internacional, que tenía todas las posibilidades de ganarme una beca para irme a otro país aterminar mis estudios. Yo le dije que estaría muy bien, que lo iba a pensar. Luego de unos días en que mi tía me volvió a preguntar, le dije que extrañaría a mis padres y que mis estudios estaban aquí en la UNAM.

Fin oficial del tema para la familia.

Esa misma tarde salí con Astrid; le platiqué, le dije que le había dicho a mi Tía que no podía ir porque mis padres y mis hermanos... y le dije también que eso no era cierto. Que tenía alguien a quien amar y que no podía partir; que quería estar a su lado y que no me importaba ni China, ni India ni Francia. Astrid no estuvo de acuerdo: "Eric te puede cortar en cualquier momento Tzitzi, y tu pensando así. Se ve que es muy inestable" (Dicho de ella era mucho y debí de haberlo tomado en cuenta). Yo juré y perjuré que no, que no pasaría; pero claro, tenía 16 años, toda la inocencia del mundo y todo el amor que nunca volvía a tener en un instante (acompasado, aglutinado en mi como una estrella a punto del colapso).

Fin oficial del tema para los amigos.

Lo cierto es que me informe del bachillerato por internet, vi los carteles y hable a los teléfonos. Lo cierto es que asistí a escondidas de todos al Picnic de ese año. Lo cierto es que pase la primera etapa de entrevistas y cuando vi mi nombre en el cartel para ir a las oficinas: Decidí no ir. Según mis razonamientos (y lo que logré platicar después con otros chicos que conocí en el picnic) me hubiera tocado la India. Los últimos días para los trámites pasaron en el calendario, mientras yo me la pasaba escribiendo cartas de amor. A él, nunca le dije nada. ¿Para qué? Pragmático y demasiado realista me hubiera dicho que no, que debía de haberme ido pero que me agradecía muy amablemente haberme quedado y quizás me hubiera abrazo (ese abrazo habría valido mil mundos) mas no habría comprendido que para mí, era mi propia y muy íntima manera de sacrificar mis sueños anteriores (los de los grandes viajes y la trascendencia) por el "amor." Además desde ese entonces sabía, que los verdaderos sacrificios son silenciosos e íntimos (la magia de abandonar por ejemplo un poema de aliento, cerca de alguien que llora y que nunca sepan que lo escribiste tú, ni que tu lo dejaste).

Fin de la historia

Algunos meses después todo terminó de la peor manera en que han terminado las cosas en mi vida. Sentada en el filo del barandal del B (el primer edificio al entrar a la preparatoria 8), pensé que había elegido mal. Y fue una de primeras lecciónes con las que él cambió mi vida: Me enseño que el sacrificio no valía la pena (amarga y triste lección dada por alguien que se ha amado), menos el íntimo y silencioso. Y me imaginaba en la India conociendo el Taj Mahal, jugando con un pincel entre los dedos. Luego conocí a Miguel, mejor conocido como Oso, y pensé que era bueno no haberme ido, que el sacrificio había valido la pena, aunque no de la manera esperada. Me olvidé de todo y viví un sueño de pasillos, mercados dulcísimos de miércoles y coyoacán a media noche.
Ahora ni uno ni el otro están; pero aún así valió la pena quedarse. La enseñanza al final fue modificada (pensé en eso la semana pasada que discutía Irlanda sobre el sacrificio, sobre que si no había trascendencia el sacrificio era simplemente una tontería)(Y sí, quizás tiene toda la razón de un realismo histórico pues la historia se escribe con lo logrado). La enseñanza final se reescribió, porque el pasado, contrario a lo que se piensa no es un estático (no es el clásico "ya lo pasado, pasado") sino que el pasado se mueve con uno mismo y cambia: " Del sacrificio no esperes trascendencia, pues no la hay, no existe no para los personajes chejovianos como tú, del sacrificio sólo espera la íntima complacencia de haber elegido libremente dejar ir, para quedarte".

7.05.2009

Destrozado pero no destruido


El hombre no está hecho para la derrota. Un hombre puede ser destruido, pero no derrotado.

Ernest Hemingway, El viejo y el mar