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4.05.2011

Guerra

Sentir que tu cuerpo vuelve a ser tuyo, que ya no está sitiado, desde adentro, por ti misma. 

Recuperar, poco a poco, el campo, donde no había de hecho enemigos, pero el malestar, las náuseas que brotaban como crisantemos oscuros.... 

Crisantemos que anunciaban... ¿Qué anunciaban? ¿Qué tu cuerpo estaba sitiado de tanto amar?¿Qué así, de esa manera él permanecia en tí? ¿Qué el amor, tarde o temprano se anuncia con un canto confuso del que no puedes separar las notas de sorpresa de aquellas del pavor?

 Allí donde se detuvo, por brevísimo tiempo, el andar del molino, a la expectativa del campo. Y los crisantemos poblarán, mujer, coloridos y oscuros, el campo donde ahora él no está.

Y no hay enemigos mujer. Recuérdalo. No cargues en el regazo cabezas degolladas de hombres que no atacaron; que no dejaron ni siquiera de arar el campo para buscar la guerra.
Cuando te llenes de furia, de esa furia púrpura brillante, de esa frente nublada de dolor por el peso de su propia cabeza, cuando te llenes de miedo, y tus manos tiemblen pensando que sostienen los cuerpos de los enemigos que poblaban el campo; repitete entonces que no hubo guerra.

Repitete hasta el llanto que no hubo batalla; que los caballeros no nacieron aún para ser ungidos.
Repitete que nada perturbo el fuego en la cabaña; que no nacieron guerreros los campesinos. Repitete que son tiempos de paz. Y sí aún así quieres doblar tu cuerpo en el suelo, piensa mujer que no hay enemigo sin odio, que no hay muerte sin nacimiento.

9.21.2010

Aquí

Aquí estoy. En el barco sin timón que es mi vida. No hay tormenta, pero tampoco se vislumbra en el horizonte ninguna tierra firme.

No tengo nervios.
Estoy harta de lo que no puedo terminar. En alguna medida estoy también harta de mi, siempre inconclusa, siempre imperfecta. No tengo miedo, ni siento cosquillas en el estomago... quizás unos minutos antes de subir al avión. quizás cuando sienta que no vuelvo a ver el rostro de mi padre, quizás cuando ya no pueda volver los pasos atrás, quizás cuando termine de escribir estos párrafos que inevitables me recuerdan que no estaré, que no seré, que estaré allá, donde no seré yo y que volveré con la cara avejentada como el continente.

Nadie vuelve de Europa esperanzado. La madurez rechaza la esperanza tal y como rechaza la flor a la semilla; pues para surgir la destruye.

Volveré con una cara que no será mía, y en ella leerás los nombres del fracaso: no uno tangible, no uno material, sino del más humano: de no poder luchar contra el tiempo, y al cerrar el puño, por la simple física de los cuerpos, aprehender tan sólo la palma propia, y de tiempo; nada de tiempo.

Janik

9.20.2010

De noche todos los gatos son pardos... pues bien, entonces, al parecer, mi corazón siempre está a oscuras. 

No poder verte la nariz. No hablemos ya de no poder ver tu pupila expándiendose...pero lo intentas, una y otra vez intentas ver tu cuerpo, tus manos, la piel tirante de las palmas de tus manos secas, no por trabajo, sino por el ocio del arte (curtidas están las manos, tanto del pintor como del campesino...mas el arte es ínutil, y el grano necesario).

A veces siento que estoy ciega de tanto mirarme. A veces simplemente estoy ciega y no lo siento. 

Mañana te veo (¿podré subsanar, por unas horas, por unos dias, mi debilidad visual ante los otros?). Hace 7 años que no te veo, y aún no estoy segura si debería de verte: ¿Cómo funcionan las despedidas con aquellos de hecho, ya están ausentes? o ¿será que de hecho uno sólo se despide de quien está? ¿será que las despedidas son más que un punto final, una confirmación de la presencia?...

Tanto hubiera querido decirte: tanto hubiera deseado antes, pedirte, abrazarte, tomarte las manos, hombre. Y ahora ¿qué pido, a quién abrazo, qué manos tomo, cómo tomarlas?

No siento nervios. Soy de esas muchachas que pasaban frente al grupo con nervios de acero y a las que se les desplomaba el temple al ver el auditorio vacío...

¿Por qué tan cobardes, tan ausentes, tan mezquinos, tan prudentes, tan deseosos y tan faltos de  carácter?  ¿Por qué fuimos entre nosotros tan humanos? Humanos demasiado humanos; me falto, hombre, ser silfíde sirena y a ti, te falto ser aquel Ulises, del que ningun rapsoda avergonzado narra nada, que navajeo las cuerdas y abandono sorda su tripulación...

janik

9.15.2010

Sala de espera: una semana

No estoy hecha para las salas de espera. 

Soy esa esposa incomoda que sin pedirle permiso a la secretaría  irrumpe en la oficina de su esposo y hace una escena porque descubrió el amorío de él con la becaria. Soy ese loca que se salta a los gorilas de seguridad para que el cantante le firme un seno, del que, al bañarse en uno o dos días, se le borrará el autógrafo.  La que decide cruzar la calle justo cuando la luz roja de los autos cambia de nuevo a verde. La que cuando ya salió de la tienda y camino 5 cuadras, decide regresarse porque siempre si quería comprar ese libro (esa postal, ese whatever). Soy la que quería besos en las primeras citas, la que llamaba a los muchachos antes de que la llamaran (provocando,según, que los hombres perdieran el interés y creyeran que una no era lo suficientemente valiosa, por no guardarse como "perla en cofre de oro" (whatever)). Soy la que abre los yogurts en el supermercado antes de pagarlos, y le entrega a la cajera el envase vacío. 

Soy la que se atreve a decir: "te amo", sin siquiera conocer a la persona. 


Las salas de espera, con su música de elevador, sus asientitos azules, su cafetera electrónica con el botón rojo siempre encendido.... las salas de espera con gente fingiendo que no se va; como si fueran a leer el periódico y ver las pantallitas de LCD eternamente... con gente convencida de que la sala de espera es, de cierto modo, una permanencia, un punto de retorno. Volver si olvidas la maleta, volver cuando vuelves, como si todo maldito punto de salida fuera siempre el punto de retorno; pero no.


No estoy echa para las salas de espera; soy uno de esos corredores que siempre dan salidas en falso, y que aunque vayan a la cabeza en la primera vuelta ; siempre llegan a la meta en último. 


Janik 

8.23.2010

Romperse la nariz

Ella corre a la puerta; tienes ganas de tropezarse con algo y romperse la nariz; que al caer dé una maroma monumental digna de ser recordada por generaciones y generaciones y que caiga de nariz. Por un instante, de manera sobrenatural, su nariz sostendrá todo el peso de su cuerpo y ella se sentirá algún estilo de trapecista invertido...

Luego, cuando la nariz ceda (como toda nariz normal) y un charquito de sangre comience a crecer como un hijito bastardo, su familia llamará al doctor, le entablillarán la nariz, le darán mil quinientas aspirinas y se quedará dormida en su cama. Nadie dirá que no se quiso ir: todos dirán "pobrecilla, lo intentó, intentó salir pero no pudo".

(también sería probable que el paramédico que la atendiera fuera un príncipe azul de nobles sentimientos buscando damiselas fuera de la realeza, y que se enamorara de su magia naricil para mantenerse un instante como acróbata invertido y que le pidiera matrimonio y ella dijera que no, porque desde niña teme a las batas blancas, y él la cortejara hasta el mar con poemas de escritores hispanoamericanos y rusos del siglo de plata, y ella dijera que no, y por primera vez en su vida alguien siguiera insistiendo como ella tantas veces insistió (ese es el punto: justo como ella) y entonces después de saltar de un paracaídas para huir de reverendo pretendiente, tuviera una visión que igualara las batas blancas con nubes viajeras, y le dijera que si, y él le revelara que es un príncipe y se fueran a Hong Kong a celebrar una boda secreta con sombreritos chinos de papel).

Pero eso es más probable que posible, y ni ella se romperá la nariz al salir de casa, ni nada le impedirá que se vaya.

Y entonces todas las Itacas del mundo se agolparan como puertas de burdel sobre un camino estrecho; y en alguna tendrá que entrar, pero, oh pobrecilla; tanto corazón con tan poca suerte, tanta carencia de príncipes (lo que parece indicar que es necesaria la clonación de la realeza con tan de satisfacer el mobiliario de sueños rosas), tanta esperanza guardada en una latita de gusanos esperando sorprender a alguien.

Y nada ni nadie, por más que ella lo deseaba, le impidió cruzar la puerta.

Janik

1.02.2010

Para un apocalipsis propio


Escribir "caballos amarillos"
"semen como savia"
"desapego".

Ningun remedio casero
recobrará el brillo del jarron de cobre
empolvado bajo la cabecera de tu cama

esas y otras frases insulsas piensas
como metáforas para ti misma

en la computadora la misma canción
(de letra mediocre,
y en español,
lo que la hará aún peor para tus contemporáneos)

se repite


mientras escribes
"Caballos amarillos"
"Plegarias"




tu cuarto da a la cochera,
en ella,
amplía y vacía,
las marcas de aceite son tus arcoiris.