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6.18.2011



Vatan llega en tres días, y la cuenta regresiva, para mí, ya está en cero. Las ansias me hacen perder el sentido común. Camino por el cuarto moviendo de lugar objetos; aquí, para allá, de regreso. Las maletas no avanzan. Hace mucho que no tenía signos específicos del paso del tiempo; él viene, y que él venga significa que yo me voy, que tengo que dejar Paris.
Paris. Paris. Paris.
Me voy a Moscú.
Moscú. Moscú. Moscú.
De nuevo llego a una ciudad extranjera, sola, y ésta vez, sin hablar bien el idioma del país. Tengo miedo que sea como Turquía (y peor aún porque no lo tendré a él) Tengo miedo que al salir del aeropuerto me quede un poco muda, un poco sorda.
Pero la decisión está tomada y los hechos que se encadenan unos detrás de los otros me recuerdan que el tiempo de mi vida se esta caminando.

Vatan, mi fantasía infantil, mi riesgo, mi cuento de hadas. ¿Qué tan reales somos el uno para el otro? nos preguntabamos antes... y a veces aún nos lo preguntamos, pero no porque dudemos de que otro este ahí, al pie del cañon, sino porque todo se ha envuelto de tanta maravilla, que habernos encontrado con un amor como el nuestro es casi imposibel de asir para la razón.

Y él viene, y yo tengo miedo, miedo  y más miedo. Avril el otro día me escribió que a veces cuando se tiene miedo es porque están pasando cosas buenas.

Lo creo.

6.15.2011

16 Avenue Victor Hugo, 92220, Bagneux

Estoy en el cuarto de Catalina, ella está cantando un fragmento de barroco inglés. Yo, sentada en el piso, curioseo mi propia computadora hasta que me decido a escribir. Escribo entonces que estos momentos de intimidad en su cuarto son tesoros; afuera Paris, la banlieu de Paris, afuera ellos, o los europeos cuyo racionalismo llos lleva a la locura, o  los africanos,  ruidosos e indiferentes, ó los árabes que caminan con las manos dentro de los bolsillos. Pero afuera están también los latinoamericanos que creen que viven en una barca de oro por haber cruzado el charco, o, los que se pasan espiando por los ojillos de las puertas...

Aquí estamos ella y yo, y a veces siento que nos conocemos de hace años, como si fueramos amigas desde el bachillerato o la primaria y que nos rencontramos de nuevo, aquí por mero azar. A veces también sentimos que somos las primas que no tuvimos y nos contamos intimidades tontas, y hablamos de la familia y nos pintamos las uñas. Nos confesamos sin aburrirnos las mismas cosas, dejamos que nuestros miedos y traumas salgan, con sus ojitos abiertos, a aerearse, y cuando hablamos no sentimos ansias, ni titubeamos para fingir nada.

Es una bendición de no sé cual dios que Paris esté allá fuera y nosotras aquí, con todos los mimis del mundo. Es una milagro que Mimi the little tenga el cuerpo de frijolito, y que el horno microondas de Cata siga andando como nuevo aunque este abollado. La vida te da cosas buenas, como una amistad así y una amiga que sepa cantar barroco inglés.

5.17.2011

Caroline Wilson

Conocí a Caroline Wilson sin conocerla y de la peor manera que uno puede conocer a alguien fabuloso; por Facebook. La chica que me contestaba los mensajitos de Facebook sobre nuestro futuro trabajo me pareció pretenciosa y fría.

Nada más lejos de la realidad; y de eso me di cuenta desde el primer momento en que vi a Caroline en el lobby del Auberge de Jeunesse en el que estaba; era una muchacha delgada y tímida pero con un sentido del humor fabuloso y cínico, capaz de darme la vuelta en todo momento, con una paciencia tremenda y con un gran corazón, capaz de ofrecerte así sea su casa para dormir o su dinero cuando tienes necesidad o aún mejor; su tiempo y oído cuando necesitas alguien que te escuche. Igual de atolondrada que yo para unas cosas y con ese fabuloso sabor dulzón del europeo para ver con inocencia cosas que uno ve claras.  Paris no hubiera existido sin ella; fue ella la que en el primer mes me acompaño en mi peregrinar sin hogar y con la que caminabamos en la calle sin rumbo con el saco cerrado hasta el cuello. Nos hicimos todo tipo de confesiones en el saloncito cerca del Hôtel de Ville, donde ella vivía en esa época.

Aprendí a decir: "Bloody cat" con acento inglés real, aunque ella diga que nomás alargo las palabras.

Catalina Skinner

Cuando conocí a Catalina, no pude imaginar lo importante que sería para mí. Ni el maravilloso y complejo ser humano que ella es, y mucho menos que sería gracias a ella que yo sabría lo cercanos que somos los colombianos y los mexicanos, más que con cualquier otro latinoamericano.

Tampoco hubiera pensado que ella fuera una cantante de ópera, que hiciera sopa con papas y huevo, que su cuarto fuera lo más cercano que conozco a una pequeña casita hobbit ni mucho menos que sopeara los pain au lait en la Coca-cola ligth citron, ni que devorara novelas más rápido que cualquier otro lector que conozco ni mucho menos que sus exigencias artísticas fueran tan fuertes, tan determinadas, que su corazón fuera tan grande como para albergar esperanza y realidad al mismo tiempo, ni que le gustará tanto el aguacate como a mi papá.

Me la imagino a veces como uno de los personajes mismos de las novelas de Anagrama que leeemos.

La quiero mucho.

5.07.2011

La OFII

Que perdieron mis papeles y ahora me toca a mi ir a buscarlos.

Bueno, Creteil allá voy de nuevo...

5.04.2011

Greensleeves



(Otra imagen en mi cabeza)


A Caroline Wilson

El coche da la vuelta en una rotonda (rondabout) en Córdoba, saliendo de la avenida Madrid. Habíamos cantado canciones mexicanas, Pedro Infante, José José, Juan Gabriel y Agustín Lara, hasta que se nos cerró la garganta y los ojos se nos llenaron de lagrimas. El Blue Demon (cuya pronunciación era "Blu dimon", porque descubrimos que habíamos vivido engañadas) estaba lleno de bolsas de plástico vacías y cáscaras de naranja. Antes de tomar derecho (straight ahead) le pregunté a Caroline (Caro) si podía cantarnos una canción típica de Inglaterra, que no fuera precisamente Rock Indie. 
Entonces, después de una pequeña explicación sobre las canciones celtas, con su voz, cuyo tono violaceo no termino de comprender grave o agudo, Caroline empezó a cantar Greensleeves. El sonsonete, que se perdió algunos instantes con  las bobas imprecisiones del camino que intercambiabamos Lizeth y yo justo antes de perdernos, era inconfundible: era la cancioncita de mi pianola de niña (si, había salsa, rock y la tonada de Greensleeves).
Y allí estabamos  dando vueltas a las rotondas interminables de Córdoba, mientras Caroline cantaba una canción que ambas conociamos desde niñas. 

***

[and now, Caz, if I am trying to translate  my unimportant text, it's not because my english is perfect, or because it's so worth it, it's only because I want to share it with you... Let's try]

(Another image in my mind)

To Caroline Wilson

The car turns on a rondabout (rotonda) in Córdoba, just at the end of Madrid avenue. We have been singing mexican songs of old-fashion mexican singers, who almost all of them wear big moustaches or big hats, until we got a lump in the throat and it brought tears to our eyes. The Blue Demon (with the real english pronunciaton, because we just discovered that we were been living in a lie until now) was full of empty plastic bags and orange's rinds. Before turning (tomar la rotonda) on the rondabout I asked Caroline (Caz) if she could sing for us a folk english song, that it were not indie rock in fact.
Then, after a little explanation of the celtic songs, with her voice, with her purplish tone that I still can get if it is deep or treble, Caroline began singing Greensleeves. The drone, that was blured for a moment in front of the silly mumblings that Lizeth and I used to exchange just before getting lost, was distinctly: it was the song of my child's keyboard (yes, it had salsa rhythm, rock rhythm and the greensleeves's tune).

We were there turning around the endless rondabouts of Cordoba, while Caroline was singing one song that both of us knew since our childhood.

***

Thank's your for being you Caro :)

***
Janik

Allons! Enfants de la Patrie!



-Señor, disculpe, no quisiera importunar pero ¿Sería mucha molestia si se desplaza al asiento de la ventana, para no molestarlo al sentarnos, con todas las bolsas que traemos?- acaso conjugé mal "desplazarse"  en francés pero en términos generales es la traducción de mi diálogo.
La respuesta del joven egipcio fue:
-Ya me molestas con hablarme, y no, no me muevo. Me molesta que me hables, y me vale madres si traes bolsas.
Palabras más, groserías más o menos traducibles esa fue la respuesta del Egipcio (del que hasta ese momento desconocía la nacionalidad) 
Me quede helada unos segundos. Entonces el hombre del asiento de enfrente, un francés sentado junto a su esposa, demostrando claramente su molestia por la respuesta maleducada, me dijo: "No te preocupes, yo me cambio de asiento". Yo, con Germán, que en ese momento estaba de visita en Paris, me senté agradeciendo sobremanera al francés. Intentando que las bolsas tocaran lo menos el espacio del egipcio maleducado (quien por cierto, vestia de traje, muy chic, con un sombrero ladeado y corbatín color lila). 
El francés estaba tellement indignado, que discutía con su esposa sobre el comportamiento del hombre; "deberían de aprender educación, por eso luego dicen que los parisinos somos maleducados. No le cuesta nada moverse, no le cuesta nada siquiera decir que no le molestan las bolsas y quedarse en su lugar" aludiendo claramente al otro hombre. 

Cuando los franceses se bajaron dos estaciones adelante, el egipcio aprovecho para arremeter contra ellos: "Ustedes que se creen superiores, racistas, discriminadores, yo tengo tanto derecho a decir que no, como ustedes a decir que sí. Franceses racistas, hijos de puta".
Entonces vino lo peor. Me quede yo sentada frente a él, sola. Lo mire  callada una milesima de segundo antes de que él, al ver que los franceses se salieron callandole la boca a malas palabras también, empezara a gritarme: 
"Aquí en Francia tengo el derecho de sentarme: de decir "no" si me piden que me ceda el asiento, aquí soy libre, soy libre para decir "no" si quiero, y no me tiene que importar nada más que mi libertad. ¿Y tú? ¿Tú por qué me hablas? ¿Acaso nos conocemos? ¿Por que me molestas? Deberías de agradecer que no te golpée, porque si estuvieramos en Egipto una mujer que le habla a un hombre en la calle es una puta, agradece que no te trate como una puta, porque una mujer no debe de hablarle a un hombre en la calle. Aquí en Francia somos libres, somos libres para hacer lo que nos de la gana. Discriminadores". 
Sus gritos, iban subiendo de tono, repetía que en Egipto me hubiera golpeado para que entendiera mi lugar, mencionó incluso algo de religión y repitió que en Francia, en La république, él era libre de no cederme el paso. 
 Jamás un extraño me había gritado con tanta agresividad a menos de un metro de distancia de mí. Germán, que a mi lado no entendía del todo que pasaba, pues todo acontecía en un francés vulgar y rápido, me tomo del brazo para movernos de lugar. Yo atiné a contestarle, en mi primera riña en francés: 
"Usted se equivoca. La libertad en Francia, o en cualquier lugar, debe ser la libertad para ser amable con los otros, para ni siquiera ceder el lugar sino sólo moverse de asiento ante alguien que lo pide amablemente. Libertad es libertad para ser un ser humano, no para ser una bestia". 

Dejamos al egipcio sentado sólo con los cuatro asientos, la gente se abría a su alrededor, y los murmullos de reproche hicieron que el "libertino republicano" saliera en la siguiente estación. Yo, a unos metros, me puse a llorar callada porque no entendía tanta agresión, tanto odio por algo tan nimio; pero eso señores se llama encuentro multiculturales, migración masiva, enculturación imcompleta, todo aquello que la escuela post-estructuralista puede nombrar y que en México no conocemos porque somos un país de población mestiza. Y bueno, ese fue mi primer encuentro real con un "malhumorado parisino" que ni siquiera fue parisino. Háganme el favor.

4.28.2011

De regreso a casa

Salí del Liceo Robert Schuman sola. Los profesores, como comunmente, no me necesitaron y me dieron mi último día como día libre. Caroline, que como siempre y bajo stress trabajaba, se quedo y yo salí sola, tal y como llegué, sola.

Las calles estaban iluminadas de verde de nuevo, el verde brillantísimo de los árboles parisinos, cuya luz proviene quizás no de un verdor real, sino del mero contraste de estos nuevos árboles primaverales con los árboles del invierno que guarda la memoria (aquellos cenizos, hoscos, tristes). Hacia más frío que cuando llegué en octubre, y dejé el lugar con más calma pero con menos emoción que en aquel entonces.

Dicen que uno no debe mirar para atrás cuando deja un lugar. Yo lo hice varias veces sólo para cotejar este nuevo recuerdo con el recuerdo anterior. Finalmente, he llegado a tener tantos recuerdos retacados que no logro seguir mi memoria en un sólo hilo y cuando recurro a mi interior encuentro una serie disparatada de emociones, anhelos, fotografías mentales y fantasmas.

Cuando caminaba por el pasillo, ese pasillo rojo con grandes ventanales hacia el patio triangular del liceo, pensé en aquella frase del Guardían entre el centeno, cuando Caulfield, dice que odia irse de los lugares sin despedirse, que odia irse sin saber que esa era la última vez que estaría allí. Yo pensé; este es un liceo que yo no veré de nuevo, y luego pensé que nunca se sabe, que bien podría, algún día volver. Pero la verdad es que no, que hoy fue la última vez que vi ese patiecito triangular que recorrí unas solas tres veces.

Y a Paris ahora le dio la gana nublarse, y yo con una gripe de la chingada. Luego me queda sólo pensar que este juego de "última vez", "primera vez", "lo que no volverás a ver", "lo que no viste", es sólo una traba lingüística que sirve como detonador para nostalgias y depresiones (que bien somos los seres humanos especialistas en detonadores emocionales, ya sea de depresiones, o de ganas de comer con un MacDonalds, o de patetismos con publicidad de Jonhy Walker...). De todo hay primero y último, de todo hay algo que no vimos o que no veremos de nuevo. Al final es sólo cuestión de dónde le ponemos nosotros el acento a la I.

Janik

Mi último día como asistente

http://browse.deviantart.com/?qh=&section=&global=1&q=eiffel#/d11qme8
No escribí aquí mucho sobre como fue llegar o como fue ser asistente de lenguas a lo largo de este año. Probablemente porque no fui la mejor asistente, ni me esmeré demasiado en que mis alumnos comprendieran la diferencia entre "perro" y "pero" o entre "reja" y "oreja"...
Hoy sin embargo es mi último día como asistente. Y aquí estoy, llegando tarde como siempre, sáltandome horas... Sería más hipócrita creo yo intentar ser perfecta la última semana cuando no lo fuí nunca. Y si me arrepiento o no de no haber sido la asistente estrella... quizás; arrepentirse es la forma más cruda de aprender (y siempre he sido una de las defensoras acerrimas del Arrepentirse). Y si bien no habrá otra oportunidad de hacer lo mismo (con indiferentes, pop, y fresas estudiantes de los burgos parisinos), si habrá la oportunidad de enseñar de nuevo y saldar las flojeras, los pocos desvelos y las salidas apresuradas del salón aún cuando no había destino próximo.
No es tampoco que todo sea así tan fácil; hay semejantes hoyos en el programa de Asistentes de idiomas, que me es difícil entender como ha subsistido a lo largo de diez años. Maestros que te ignoran, horarios que nunca te llegan y que te dejan en el limbo por más de dos meses, grupos atascados o completamente vacíos, profesores que no te quieren soltar ni un alumno y que te tienen, como silla o peor, sentada escuchando como se debe pronunciar la "g" del "Generoso Genaro Godínez".  Maestros que faltan, escuelas que cierran, huelgas, de las que nadie te avisa y que te tienen sentada a la puerta de ese liceo novísimo con solo 1 alumno que puede pensar de cada 7.
Aprendí muchísimo. Sobretodo aprendí de mí, sobre que tan bien o que tan mal puedo hacer las cosas y que tan terribles pueden ser las experiencias si el entorno no te apoya, pese a que te des en la pared con tu entusiasmo. Voy a recordar con un cariño inmenso la Patisserie de al lado del Liceo, con sus panaderos amabilísimos y sus baguettes de "poulet crudité". Voy a extrañar las flores de Charenton-le-pont con sus caminos sobre las rejas del tren. Al maestro de Martinica que se ponía a hablar con nosotros horas y horas sobre el terrible estado de la educación en Francia. A los profesores que se quejaban y quejaban tan naturalmente como si respiraran y a las bromas del maestro que se parecía a Doctor House.
Voy a extrañar  a unas cuantas muchachas, con las que fui especialmente exigente porque siempre supe que podían dar más. Y voy a extrañar sobre todo a Caroline, totalmente nerviosa toda el tiempo; al borde de un ataque de nervios, con sus carpeta tan llena de hojas que se le caen por los bordes y con sus mochila gris, robándose el té de los profesores en la alacena a la que que no piensa aportar jamás nada, porque es su secreta venganza por la dejadez en la que los profesores nos han dejado trabajar estos siete meses.
Voy a extrañar despeinarla cuando usaba las computadoras para luego escaparnos a comer baguettes al parquecito al lado de la avenida.
Lo bueno de todo esto es que Paris sigue para mí; Paris nunca fue ser asistente. Paris siempre fue ese lugar, oscuro y hosco, que poco a poco se abrió, como un padre que pone a prueba. Paris fue ese lugar al que llegué sin amigos ni conocidos, sin casa, sin cobijas ni sartenes amplios para cocinar. Paris será siempre ese lugar que recorrí de tarde por no tener a donde volver, y que luego, con la amabilidad humana de los parisinos, y de los extranjeros que como yo son siempre hermanos entre ellos, se fue conviertiendo en Notre Dame como punto de encuentro a las 5 de la tarde con Caroline, en el kebab donde comía Germán, en Catalina con sus tés de media tarde y sus manos de hermana. En esa amabilidad arabe que es lo más cercano a México, después de la amabilidad latinoamericana. Paris será su hospital Saint-Paul con sus caminitos de árboles alineados. Paris será sus aeropuertos a Turquía. Paris será su metro que muere a media noche, como si se resistiera a ser metro de gran ciudad.
Paris sigue al menos unos días más para mí, pero hoy dejo de ser asistente.
Janik

9.15.2010

Sala de espera: una semana

No estoy hecha para las salas de espera. 

Soy esa esposa incomoda que sin pedirle permiso a la secretaría  irrumpe en la oficina de su esposo y hace una escena porque descubrió el amorío de él con la becaria. Soy ese loca que se salta a los gorilas de seguridad para que el cantante le firme un seno, del que, al bañarse en uno o dos días, se le borrará el autógrafo.  La que decide cruzar la calle justo cuando la luz roja de los autos cambia de nuevo a verde. La que cuando ya salió de la tienda y camino 5 cuadras, decide regresarse porque siempre si quería comprar ese libro (esa postal, ese whatever). Soy la que quería besos en las primeras citas, la que llamaba a los muchachos antes de que la llamaran (provocando,según, que los hombres perdieran el interés y creyeran que una no era lo suficientemente valiosa, por no guardarse como "perla en cofre de oro" (whatever)). Soy la que abre los yogurts en el supermercado antes de pagarlos, y le entrega a la cajera el envase vacío. 

Soy la que se atreve a decir: "te amo", sin siquiera conocer a la persona. 


Las salas de espera, con su música de elevador, sus asientitos azules, su cafetera electrónica con el botón rojo siempre encendido.... las salas de espera con gente fingiendo que no se va; como si fueran a leer el periódico y ver las pantallitas de LCD eternamente... con gente convencida de que la sala de espera es, de cierto modo, una permanencia, un punto de retorno. Volver si olvidas la maleta, volver cuando vuelves, como si todo maldito punto de salida fuera siempre el punto de retorno; pero no.


No estoy echa para las salas de espera; soy uno de esos corredores que siempre dan salidas en falso, y que aunque vayan a la cabeza en la primera vuelta ; siempre llegan a la meta en último. 


Janik 

6.17.2010

Soltando nudos


-Andale, vámonos yendo...- dijo la vida.

Yo no me lo esperaba. Claro, hace más de quince días fui a hablar con mis jefes para despedirme y decirles que no renovaría contrato... que me iba a Francia vivir por un año y que agradecía de corazón la oportunidad de haber trabajado allí. Ayer a medio día me dieron mi carta de renuncia en la UVM. Si, llevaba trabajando un semestre como profesora de Francés y de Filosofía. Fue mi primer trabajo formal como maestra y fue la primera vez que di clases de filosofía y no de literatura como estaba acostumbrada.

A veces uno, cuando es estudiante, cree que los profesores jamás se acordarán de uno, en medio de un mar de generaciones y caras, pero lo que si es seguro es que cuando se trata de la primera vez que das clases es probable que tu te acuerdes más de ellos que ellos de ti. Cuando firmé la carta pensé irremediablemente que ya no vería a mis alumnos estrellas... y me dio tristeza (ahora si pienso en agregarlos a facebook jajaja nomás que van a ver las mamarachadas que escribe su profesora).

Pensé en Amezcua con la cabeza escondida entre los brazos a las 6.50 de la mañana ( si es cierto que "al que madruga, dios lo ayuda" este muchacho tiene ganados por lo menos 5 de los 7 círculos del cielo). Pensé en Peñitas con sus textos de Ipod (Valganme por todos los santos de las tareas, el muchacho entregaba todas sus tareas, claro,y con frases llegadoras en sonido stéreo... ¡pero alguien hágale entender que un Itouch no es una máquina de escribir!) y claro, pensé en Dady-Yanke-mexican mood... jajaja mejor conocido aquí como el alumno papito: en el Héctor y su bullying desmedido (me cae que hasta el Coco se cuida de él) y de su inteligencia audaz, que agradecí como él jamás tendrá idea. Lo que más se agradecía era su buen corazón, debajo de la vestimenta dady-yankel y su rudeza de vete a la versh...

El martes voy a entregar sus calificaciones. Hoy estoy de nuevo, oficialmente desempleada, pero cuando salí de la UVM no pude evitar gritar lo más fuerte que pude: de hoy a Francia me quedan exactamente 99 días. No tengo mucho dinero (o casi nada si tomamos en cuenta que las rentas en Paris son de 7,000 pesos cuarto/mes) (¡puente allá vamos!...es en serio T__T) tengo una tesis esperando como novia de balcón y un nudo en el corazón por dejar a mi padre, una promesa en Estambul y la conciencia de que será la locura más grande de mi vida, y claro, tengo, como creo que nunca antes en mi vida; miedo.

Tengo miedo, mucho, miedo del bueno, del que te hace sentir adrenalina en las piernas y sudar las manos y llorar quedito a media madrugada. (¡ah, que hermosa palabra es "quedito"!).

El miedo es maravilloso; cuando sabes que lo superarás; cuando sabes con certeza que en un momento, no sabes cuando ni como, darás el paso completo al aviso.

(cayendo, el cabello revuelto por el aire, burbujas de ropa intentando contener el viento, los músculos tensos, la certeza del golpe, de los huesos rotos, los labios secos, entrabrir los ojos, el horizonte infinito, el vértigo que prolonga el instante, tensa la mandíbula y casi al final, la dulce idea de una larga convalecencia en un hospital con la ventana abierta al sol).


Janik

5.10.2010

Clock


...tick-tock...tick-tock... el tiempo no deja de fluir entre mis dedos: no me había parado por aquí hace rato pero no por ausencia de emociones (actos, anécdotas, enojos, distracciones, engaños y malas pasadas)... Más bien tiene que ver con que mis días de 13 horas no me alcanzan: tesis, trabajo, morir de hambre en las europas, vivir bajo un puente, sentir que el tiempo pasa, decisiones, finales... tick-tock... tick-tock.... vuelvo este fin, lo prometo: nomás déjenme descubrir como robarle segundos al minutero: total, Hawking dice que los viajes al futuro si se pueden.

Besos

Janik

2.27.2010

Never let a woman go even when you know She can always be replaced, she can always be replaced....ó....the end of time is the start of eternity





Never let a woman go even when you know
She can always be replaced, she can always be replaced.
Oh lust only grows like anger and revenge
Oh beauty comes and goes
But love stays until the end.

With a guitar in my hand or a gun in my hand
I’d give it all up for a hand in my hand.
For the sun on my skin as the morning begins
I’d die in the dark just to feel your skin on my skin.




Me voy a Francia.

Desde hace dos años que me entere de la beca a Francia como profesora de bachillerato, supe que tenía que aplicar. Lo cierto es que nunca tuve certeza de nada; hace tiempo que aprendí que nada está asegurado (ni siquiera el nombre propio (que en mi caso siempre es susceptible de error) ). En cada paso estuve preparada para oír, clara y distintamente, el "no"; "ésta tampoco es tu oportunidad de cambiar tu vida" ("nunca te pasará eso que de verdad cambie las cosa") ...
[y es que quizás por inseguridad, por protección, por conformismo, imaginaba el drama cotidiano (y amargo como limón seco) de jamás lograr mis planes, de encontrar frustradas mis posibilidades y con ello de nunca poner a prueba el sistema de valentía que he ido construyendo como justificación contra el absurdo (pero aún así seguí tratando)].

Pero resulta que me voy.

Les debo a los lectores una muy detallada narración del largo proceso de preparación para la beca (el cual me tomo casi más de un año), con el objetivo claro de ayudar a quienes en futuro quieran obtener la misma.

Es divertido; por primera vez en mucho tiempo tuve entre las manos aquello que hace tiempo desee, y entonces tengo que dejarlo porque algo me mueve a no quedarme más. Mentalmente envejezco más rápido de lo que debería (eso implica también más desgaste, más cansancio, menos paciencia). Soy como un perro. De repente pienso que no es que le gente no me pueda seguir el paso, sino que soy yo quien no puede detenerse.

Hoy me pase tres luces rojas; estoy segura de que moriré pronto y destripada en algún punto entre Acoxpa y Tlalpan... Mi madre me preguntó que por qué si bien sabía que no debía pasarme una luz roja, por qué lo hacia... Es psicológico mamá, no puedo evitarlo, aunque mi mente diga; detente, siempre que algo me frena piso el acelerador.

Búsquenme en los titulares; sé que llegaré a lo grande: "Pesada muerte prensada: se la llevó el tren ligero. Joven maestra de reconocida escuela muere descuartizada por pasarse la luz roja"... Bueno, ok, ¿Qué puedo hacerle? Es la historia de mi vida.

Janik