9.20.2010
6.21.2010
Would you erase me? ... Hey! You erase me, I erase you!

Joel: I remember that speech really well.
Clementine: I had you pegged, didn't I?
Joel: You had the whole human race pegged.
Clementine: Hmm. Probably.
Joel: I still thought you were gonna save my life... even after that.
Clementine: Ohhh... I know.
4.04.2010
Cajas

Algunos viven en una caja de libros y se regocijan fijando la mirada en el plano in-finito del papel y conocen cumbres sin montañas y abismos sin bordes externos. Otros viven en una caja idiota y tienen esa felicidad simple de captar sólo "la parte iluminada".
Tu caja puede ser un país, un cuarto tapizado de posters, cinco nombres de amigos, una licencia de conducir o una universitaria. Tu caja también puede ser grandísima y estar llena de sueños parchados con diurex y cartón... Algunos vivimos en cajas vivas que se agrandan y se achican a placer; mi caja, como la caja de la pequeña oveja, me protege del frío y a través de sus pequeños agujeros alcanzo a vislumbrar otras caja queridas...
Mas el cartón es cartón, y con la lluvia (con las lagrimas, con la cervezas derramadas y los sueños húmedos) se reblandece.
Quisiera ser capitana de una marea ó una oveja viajera entre asteriodes. Quisiera ser esa que no soy; quisiera que mi caja no fuera una caja sino un papalote (¿pero que acaso los papalotes no son cajitas con alas, cartón desdoblado?). Me dicen que me muevo; pero siento que las paredes de cartón se achican, y que arriba de mí, las tapas entrelazadas, sólo dejan una tímida línea de luz como abertura.
Janik
3.09.2010
...las historias continúan...

Gaby me dijo que en la vida real las cosas no pasan así: las historias siempre continúan, continúan y continúan. No hay letrerito de END.... y eso se nos olvida.
Vamos por allí actuando como si al dejar de ver a alguien la historia terminara y la persona desapareciera en el aire como pompa de jabón... Tu crees que por dejar de hablarme, que por dejar de vernos, por dejar de compartir tardes de Coyoacán la historia terminó. Pero no; terminó quizás el momento en que los personajes convergen, la escena compartida, pero la historia no. La historia sigue; como en esas películas holandesas de pantallas divididas. Las personas siguen y en muchos casos la historia sigue sólo que no explícita. No porque cierres los ojos, amigo, desaparezco... aunque sería lindo reventar a la gente como pompas de jabón y así eliminar las posibilidades negativas, siempre latentes, de regarla (el paso del tiempo no es más que la constante posibilidad de regarla en un momento subsecuente).
Melquíades cerró el libro y volvió con los gitanos tal vez, o volvió a errar y poco sabemos sobre en qué pueblos, con qué polvaredas. Romeo y Julieta fueron enterrados después de profundas peleas por los títulos de las tumbas. Pereira se volvió a casar.
Guardado dentro de uno están todos los"to be continued" imposibles de cerrar.
2.02.2010
1.31.2010
Once I wanted to be the greatest,No wind or waterfall could stall me, And then came the rush of the flood, Stars of night turned deep to dust...
1.13.2010
Y la semana permanecerá, con sus cadalsos, sus agujas, la diarrea, los vacíos, el vientre dolorido, el pasillo con vidrios rotos, los platos sucios

Esta es una semana poblada de vacíos; puedes contar con una mano los agujeros negros que han colapsado en tu existencia (veintitrés años es tan poco y sin embargo tu mentecita enajenada ha comenzado ya a olvidar). Entre cierras los ojos e intentas vislumbrar estructuras que te están vetadas, y que, según parecerás decidir, lo estarán siempre.
¿A dónde se va la calma? ¿A dónde la paz, la tranquilidad, las ganas de salir, las hondas respiraciones? ¿Por qué las emociones no son tangibles? ¿Por qué la gente puede permanecer dormida? ¿Por qué decidir, aceptar y conformarse?... ¿Por qué y cómo darme por rendida?
A veces olvido que he aprendido, porque me gana la esperanza. A veces pienso que quizás no he aprendido nada sino que he acumulado meras reglas de seguridad, y otras tantas me encuentro a mí misma, necia y tristísima como la mosca de Bonifaz Nuño...
¿Cómo juzgar circunstancias, actores, guiones, expectativas?... ¿Cómo decirle a Unamuno, que no estás de acuerdo con tu papel? ¿Cómo explicar al autor que ya no estás para cuellos de botella?
Esta semana es como una montaña rusa a riesgo de colapsar... pero tu ya no puedes, y nadie te sostiene, y nadie lo hará, y sientes como los brazos salen del carrito y luego la cintura, y las piernas como una muñequita de papel que se balancea en el aire y cae. No tienes ni su carisma, ni eres hija de dios, ni tienes nada de lo que él tenía pero deberías aprender de él: nadie estará ahí para salvarte, nadie se subirá a la cruz para curar con su lengua las heridas (y eso que él salvó naciones, pueblos, regimientos). ¿De dónde sacas que alguien te sostendrá cuando ya no puedes? ¿De dónde mereces lo que nadie hará? (Quizás de allí lo mereces; quizás tu patetismo sólo merece imaginarios).
Y es que la esperanza te hace romper promesas; es de hecho ella tu mayor enemiga. Te prometiste libertad y salir corriendo tras el pitido de un juez imaginario, te prometiste no más contrato social, no más expectativas, no más imperativo categórico.
Prisión perpetua a quien deje que las palabras se vacíen... a quien diga algo de lo que no se hará responsable, a quien diga algo que abandonará, a quien diga ingenuo, pensando que la palabra y la acción son inconexas. Aunque tenga razón, no más Baruch Spinoza... no para mí.
Y luego, estúpida, escribes tus reglas para destruirlas: ¿Qué no desterraste del amor a los cobardes, y dónde la enseñanza de Toy Story? Más importante aún ¿Y dónde el no menos para ti, no sólo por ti, sino por ella? Entonces te doblas de vergüenza, no sólo porque te expusieron (sin quererlo), sino porque te comienzas a parecer a aquellos que escriben para cristalizar un manifiesto ético que no tendrán el valor de llevar a la practica, aquellos que viven de la letra porque no dan el paso a la realidad. Avergüénzate de ti, mira tu rostro patético y pretencioso y baja la mirada y humíllate.
De nuevo te crece un coraje del vientre, porque te cagas de miedo de ver al rostro a la tristeza. Y sabes que la semana no se borrará, ni mejorará de seguro, sabes que seguirán los cómodos, las agujas, los silencios, las indiferencias y tu caminar cansadísimo por una calle larga y sucia. Y sabes que hay valor allí donde tu no lo alcanzas a vislumbrar, pero, ingenua de tí, no olvides, que también hay apariencias; y no puede tu esperanza transformar los conformismos.
Igual no importa, tu ya no tienes miedo.
1.11.2010
Reglamento de Seguridad para sextos pisos contra ataques zombies
1. No te expongas: la gente normal no lo hace, cierra puertas y ventanas con maderos y siéntate en cuclillas de cara a la pared, no dejes nada salir, ni a nadie entrar. Tal vez no conserves la vida pero si la calma, si no te mueves tarde o temprano estarás sitiado.
2. No veas luces donde no las hay. No confundir con estrellas las luces de neón, y no confundir mucho menos el pequeño resplandor de un vidrio roto con una estrella fugaz. Cualquier destello desprevenido atraerá a los muertos.
3. Cuando una persona amada es mordida se convierte en otro; no la mires a los ojos ni intentes convencerla de su humanidad, ya no es la misma persona. No te detengas por ella. Déjala atrás.
4. Como en la Biblia, quien quiera salvarse será salvado. No gastes fuerzas, provisiones y escondites en aquellos que no tienen el valor de salvarse solos. Tampoco cargues con quien de hecho no puede salvarse.
5. No gastes municiones en los zombies; puedes matarlos con un palo o un machete destrozándoles el cráneo. Las municiones son para otros seres humanos; mujeres, viejos, niños... e inválidos. Perfecciona tu técnica de carnicería.
6. No esperes sobrevivir, no esperes, de hecho, nada.
7. Despídete o clama por ayuda en el momento preciso: los hombres no escuchan una vez que sus ojos se han nublado. No esperes salvarte si no abandonaste la ciudad a tiempo.
[Las víctimas claramente no siguieron el reglamento. Sus cuerpos no han sido encontrados. Se sospecha que se convirtieron en una suerte de zombies que siempre esperaron... o fueron devoradas por ellos.
1.02.2010
que cuando abrí los ojos
seguías allí
pero no sería verdad
(¿eso importaría? me pregunto)
Había libros viejos
descostillados
que nunca nadie leyó
estaba el cuarto que no pintamos
con sus paredes desnudas
y la promesa de un viaje
que desmenuzaste con requisitos absurdos
sobre regresos ininteligibles
Estaba yo
que no sé soportarme
(incluso el dinosaurio y su jauría de críticos literarios se había ido)
tomar el último viaje hacia el último minuto de año
poniendo esperanzas en una línea que no alcanzarás a leer
y luego apretar los labios
(por no tener fuerza para apretar los puños)
y convencerme,
de que no es la primera vez
que pierdo un sueño.
6.26.2009
No ser Chejov...

Hay un instante, un brevísimo momento, en que la decisión que tomes, cualquier decisión que sea, te puede llevar hasta Hugh Grant, o, hasta Chejov.
Hugh Grant, tu lo dijiste amigo, se queda con Julia Roberts, mientras que nosotros (¿cobardes?¿pesimistas?¿desventurados?... ¿cobardes?), nos quedamos con toda nuestra dignidad y un puñado de casas, repartidas, en la estepa moscovita.
Desventurado Chejov, porque de él no es el reino de los cielos...
6.16.2009
No pares ahora
No te detengas ahora, no de nuevo.
No hay razón verdadera para quedarse con los tobillos unidos, como niño jugando al soldado (en una callejuela donde no pasan ni los gatos), ya sé, me lo dices de frente; no hay tampoco razones para correr; no hay tanques, no nos persiguen de muerte, aún, por nuestras disidencias hipotéticas.
No hay transcendencia; lo sé. Y te sonrió, con media sonrisa, a medio rostro, a medio yo (porque no alcanzó ya en tu memoria a ser alguien, algo, cualquier cosa (cualquier viruta de polvo feliz viajera en tu escritorio en lustros no escombrado)).
Nada en las manos abiertas (teníamos un sol rojo entre las manos, las esquinas por donde no hemos vuelto a caminar, tu “no”, teníamos tus nos de casa a medio construir, de buhardilla que nada cubría y los pies mojados; la eterna trascendencia de descalzos sobre el césped de quien sabe que señor adinerado en la del valle, y toda mi infinita estupidez sobre nosotros; luminosa como la angustia de cualquier inocente).
Nada entre los restos del café. Nada en los huequitos oscuros entre las bolsas de detergentes que se embarrigan debajo del lavabo. Nada incluso entre estas letras; ni siquiera los fantasmas son fantasmas.
Nada para detenerse de nuevo; ni calles ni muros ni coches despotricados buscando yeguas en los cruces, ni cigarros a punto de apagarse como luciérnagas cuando les llega la ciudad.
Reivindicación de lo más antiguos super héroes: los muertos, las viudas, los fantasmas, traspasan todo, y a ellos (como supermans sin caché, entrando y saliendo al ponerse los lentes) todos los olvidan.
No hay muro que detenga tus pasos entonces, fantasma; todo traspasas, haztelo saber.