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1.02.2010

Para un apocalipsis propio


Escribir "caballos amarillos"
"semen como savia"
"desapego".

Ningun remedio casero
recobrará el brillo del jarron de cobre
empolvado bajo la cabecera de tu cama

esas y otras frases insulsas piensas
como metáforas para ti misma

en la computadora la misma canción
(de letra mediocre,
y en español,
lo que la hará aún peor para tus contemporáneos)

se repite


mientras escribes
"Caballos amarillos"
"Plegarias"




tu cuarto da a la cochera,
en ella,
amplía y vacía,
las marcas de aceite son tus arcoiris.
Me hubiera gustado decir

que cuando abrí los ojos



seguías allí



pero no sería verdad

(¿eso importaría? me pregunto)



Había libros viejos

descostillados


que nunca nadie leyó



estaba el cuarto que no pintamos

con sus paredes desnudas



y la promesa de un viaje

que desmenuzaste con requisitos absurdos


sobre regresos ininteligibles



Estaba yo

que no sé soportarme


(incluso el dinosaurio y su jauría de críticos literarios se había ido)






tomar el último viaje hacia el último minuto de año

poniendo esperanzas en una línea que no alcanzarás a leer




y luego apretar los labios

(por no tener fuerza para apretar los puños)



y convencerme,

de que no es la primera vez


que pierdo un sueño.





***

(pero Sísifo en mi oído, como cantando, me repite: cada vez que pierdas un sueño sentirás que es más doloroso que la primera vez (pues se te va acabando el aliciente de la esperanza) y (cada vez que ganes un sueño, te sentirás menos ilusionado, pues has ido gastando la vida en tantos espejos rotos))


***

(El Arbol de los espejos: allí habríamos dormido, mujer, si no nos hubieran conquistado los españoles)

10.02.2009


Nunca un boleto de regreso


porque uno nunca vuelve al mismo lado


más que el mismo río que fluye,


seremos la serpentina de luz


que sigue al cohete:


ausencia pura en medio de la noche:


huella de color


en los párpados


cerrados.



Nunca un viaje redondo


no sólo por la voluntad filosófica del cambio


es, más bien, la falta de dinero en los bolsillos,


la necesidad de elegir


entre el café de media noche


y el regreso.



11.03.2007

неназванный [Textos del baúl]

¡Ah jijos lo de habertelo creído! ¡lo de haberte construido con tanta mamada (literalmente), con tanta despatarrada y conjugados no conyugales! ¡ah jijo lo de la crisis post-anual (¿anal?)! ¡Cabrón que lo prematuro se te esté curando! ¡Que terror más bien que ahora te llegue todo a destiempo! Que terror mijo (jijo mío que no tuve , pero que bien pude haber concebido (tú o las piernas)) Que terror las ganas de contar las piernas, tantas piernas, los cojones ( pero bonitos los cojones, que dios lo diga) Cabrón que nomás te hayan faltado, los cojones de dios y sus piernas (que la mamada se la debes pero la eternidad al cabrón no le falta) Que terror. Pero que de los ojos, esos grises, no digan, que esos no te faltaron. [lo de la felación, lo de la felación, cómo se recuperan del disco duro tantas fantasías sexuales en papelera] Lo digo yo: Todo subconsiente, por subconsiente es puto.

9.30.2007

Ojos de canica para mis tiros mentales. [Textos sacados del baúl]

Necesito alguien para obsesionarme. Mi obsesión es mi compañia. Y no es lo mismo que el amor o el cariño, esas son otras cosas, otro tipo de construcción más tangible, más real: menos estructuralista. Y la necesidad va creciendo, abarcándome. Cuando era niña me obsesionaba con las canicas: las ordenaba por color, por tamaño, por la nubosidad o transparencia, por el ojo de gato que me devolvía la mirada. (Confieso incluso que algunas tenían nombres: nombres que no correpondían a palabras sino a sensaciones córporeas) Jugarlas, pasarlas entre los dedos y lanzar tiros imaginarios sin importar dónde me encontrase. La obsesión fue creciendo: en últimas fechas colecciono personas imaginarias que vuelvo a inventar, claro con referentes reales, con cuerpos tangibles. Platico con ellas, las hago participes de mis fechorías e incluso me molesto de sus necedades. Pero no basta, es necesario una obsesión que te nutra más, que te alce más, que sea más fuerte que el amor: he creado de alguien, un personaje, le he puesto nombre: lo he convencido de que es mío y que yo soy de él a fuerza de narrador omnipresente. Me obligo a pensar en él para sorprenderme pensando de eso en momentos inoportunos. Luego pienso que sus hermosos ojos son canicas; los pongo entre mis dedos y lanzó tiros.
Janik

7.06.2007

[más escritos sacados del baúl de la amnesia]

Somos simples espectadores de todo. Una caja callada, con orificios para los ojos, que ha sido abandonada en el teatro; la función vendida.

*

Espérame Violeta.
No camines,
no te vayas.
Hay tantas calles
por recorrer aún
y tu que corres.

Espérame violeta,
no me huyas,
no soy un monstruo,
te lo juro.
Me abandonas.

*

Espérame Violeta a que se acabe
el té de jazmín de todas las horas.
Espérame, Violeta,
que el cortinaje aún abierto de esta ventana,
deja que vean la humildad con que lloramos,
la pobreza que escondemos tras la azucarera de plástico pintado,
los sobrinitos muertos, camuflageados fallidos,
en un ramillete de magnolias sobre la mesa.
Cómo ha sido, Violeta,
que hemos parido tantos infantes
sin quererles de veras,
sin ponerles nombres de niño
sino de flores,
cómo ha sido que hemos parido gerberas
cuando el oscuro invierno de esta primavera
no es más que la ironía que nos derrota.
Espérame Violeta no te vayas,
no tengo llave para volver a casa
si pongo un pie fuera.
¿Quién cambiara el agua a las guarderías-florero?
Espérame Violeta, no me corras,
habrá que sacar los recuerdos de la caja grande,
los que pensábamos eran intocables,
enmarcados para cuando tuviéramos una casa de verdad
con cuatro paredes pulcras para colgar las vidas
que hemos guardado una tras otra en la caja.
Espérame Violeta, te lo juro,
no te engaño adrede,
no me miento,
toma mis manos y sostenlas
hazte una guirnalda de uñas rojas, barnizadas.
Espérame Violeta
te marchitas.
No te engañe nunca te lo juro.
No corte tus dedos por venganza,
no lo entiendes…
¡un ramo de tus manos entre las magnolias!...
Es que le faltaba tanta vida a la casa…

Janik

6.28.2007

[pequeño texto sacado del baúl de la amnesia]

La verdad es que me cuesta aceptarlo. Me han quedado pocas cosas en las que pueda creer. Sé que creo en algo, pero cuando me detengo a hacer el recuento de las cosas en las que creo, no sé si son dogmas, muletas para mis desvalida condición o creencias verdaderas. Más allá de eso me preocupa: ¿Hay una diferencia real entre lo enuncio y lo que es? ¿Cambiaría algo realmente, que aquello en lo que creo, en tu amor por ejemplo, sea amor verdadero o sea mi creencia en el amor?
A veces pienso que mi masoquismo llegó demasiado lejos. Venir aquí a dedicar toda la vida a una profesión que se basa en la duda fue el último monumento, el más grande, a la depresión que por carácter profeso. El monumento más grande a la falta de certezas, en eso terminé convirtiendo mi vida. Algunos días quisiera tener la suficiente decidia como para dejarme llevar, para convencer a mis pies de que me alejen, soberbios y tranquilos de esa cueva, donde las preguntas nacen y flotan en el aire reinándolo todo. Dueña y señora de la casa la pregunta. Pequeños dioses son ante ella los filósofos. Pequeños dioses imponentes que observan a sus creaciones parricidas. Esto de dudar, me cuesta aceptarlo, me esta matando lentamente. Pero que mayor placer puede tener uno que el de elegir dignamente la muerte más deseada.
Janik