
Vives en una caja. A veces es una caja pintada de azul con hermosos lunares de colores; también puede ser una caja de madera con olor a bananas... otras, tu caja es una embarcación fantástica que sin timón (y en delirio) te hace capitán de una marea.
Algunos viven en una caja de libros y se regocijan fijando la mirada en el plano in-finito del papel y conocen cumbres sin montañas y abismos sin bordes externos. Otros viven en una caja idiota y tienen esa felicidad simple de captar sólo "la parte iluminada".
Tu caja puede ser un país, un cuarto tapizado de posters, cinco nombres de amigos, una licencia de conducir o una universitaria. Tu caja también puede ser grandísima y estar llena de sueños parchados con diurex y cartón... Algunos vivimos en cajas vivas que se agrandan y se achican a placer; mi caja, como la caja de la pequeña oveja, me protege del frío y a través de sus pequeños agujeros alcanzo a vislumbrar otras caja queridas...
Mas el cartón es cartón, y con la lluvia (con las lagrimas, con la cervezas derramadas y los sueños húmedos) se reblandece.
Quisiera ser capitana de una marea ó una oveja viajera entre asteriodes. Quisiera ser esa que no soy; quisiera que mi caja no fuera una caja sino un papalote (¿pero que acaso los papalotes no son cajitas con alas, cartón desdoblado?). Me dicen que me muevo; pero siento que las paredes de cartón se achican, y que arriba de mí, las tapas entrelazadas, sólo dejan una tímida línea de luz como abertura.
Janik
Algunos viven en una caja de libros y se regocijan fijando la mirada en el plano in-finito del papel y conocen cumbres sin montañas y abismos sin bordes externos. Otros viven en una caja idiota y tienen esa felicidad simple de captar sólo "la parte iluminada".
Tu caja puede ser un país, un cuarto tapizado de posters, cinco nombres de amigos, una licencia de conducir o una universitaria. Tu caja también puede ser grandísima y estar llena de sueños parchados con diurex y cartón... Algunos vivimos en cajas vivas que se agrandan y se achican a placer; mi caja, como la caja de la pequeña oveja, me protege del frío y a través de sus pequeños agujeros alcanzo a vislumbrar otras caja queridas...
Mas el cartón es cartón, y con la lluvia (con las lagrimas, con la cervezas derramadas y los sueños húmedos) se reblandece.
Quisiera ser capitana de una marea ó una oveja viajera entre asteriodes. Quisiera ser esa que no soy; quisiera que mi caja no fuera una caja sino un papalote (¿pero que acaso los papalotes no son cajitas con alas, cartón desdoblado?). Me dicen que me muevo; pero siento que las paredes de cartón se achican, y que arriba de mí, las tapas entrelazadas, sólo dejan una tímida línea de luz como abertura.
Janik
1 comentario:
¿¿¿Y luego de esa luz??? ¿Qué miran tus ojos-paplote... Me gustó este texto. Aunque te le hacia adentro, más que hacia afuera, tanats veces hay que volver allí, dentro, donde nos guardamos. Besos
Publicar un comentario