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6.21.2010

Would you erase me? ... Hey! You erase me, I erase you!




Clementine: Too many guys think I'm a concept, or I complete them, or I'm gonna make them alive. But I'm just a fucked-up girl who's lookin' for my own peace of mind; don't assign me yours.

Joel: I remember that speech really well.

Clementine: I had you pegged, didn't I?

Joel: You had the whole human race pegged.

Clementine: Hmm. Probably.

Joel: I still thought you were gonna save my life... even after that.

Clementine: Ohhh... I know.



8.21.2009

Ésta, querido mío, no es una ética de intenciones


Tenía en la cabeza esta entrada desde hace ya algunos días. A mi hermano Kaeri le ha estado yendo mal en la escuela; reprobó tres materias y las otras las ha pasado por panza, uno que otro diez perdido en la boleta. Los profesores nos dicen lo mismo todos: "Su hijo es muy inteligente, es muy culto, contesta todo, pasa los examenes muy bien (de hecho no ha reprobado ningún examen), pero nunca trae la tarea, llega tarde, olvida el material, la bata, los trabajos en equipo", y parece que estoy escuchando a mis maestros de idiomas... (hey, espera, creo que tendría que tenerle más comprensión al chamaco ahora que lo veo hermanado a mi pena O_O)...
La cosa es que mis padres decidieron que la única que podía enseñar Subjuntivo, Indicativo e Imperfecto al chamaco, era yo. Después de una breve discusión con él sobre: por qué rayos reprobaba las materias si es lo único que se le pide en la vida (además el chamaco juega ajedrez, habla inglés, leyó en vacaciones la Odisea, el Quijote y las Mil y una noches, lee sobre física-cuántica en sus ratos libres y no sé que más monerías impropias a su edad), terminamos (como siempre, con Kaeri) en una discusión sobre filosofía.
Su punto: ¿Por qué si los maestros veían que pasaba los exámenes, que sabía más que los otros, o de perdis lo mismo, que no olvidaba las cosas a drede sino "que se le iban sin querer" que en clase todo contestaba, por qué reprobarlo sólo por tareitas y tenis limpios? ¿Los tenis limpios y las tareas de relacionar columnas demuestran su conocimiento?
Mi respuesta: No, claro que no Kaeri. Cualquier persona que medianamente se respete sabe que las calificaciones no reflejan por mucho el conocimiento o la sabiduría de alguien, ni siquiera su entereza moral, de hecho puedes pensar de alguien que tenga "puros dieces", que no tuvo vida (adolescencia, borracheras, noches perdidas, ganas de vivir). Aunque tampoco es la regla: quien sea sólo escuela será, como dice mi madre: Farol de la facultad, oscuridad de la calle. Vivir no es un acto de academia, no se mide con 10 o F, para la vida no hay asistencias o faltas, sólo una existencia continua.
La cosa es lo que uno puede medir son los hechos. A manera de broma le dije a Kaeri: El maestro no puede ver que tienes a Stephen Hawking en la cabeza, o que te sabes a los catorce todos los dioses griegos y que has leído a Platón. El sólo ve que ves por la ventana cuando habla.... (aquí se enoja y me pone una cara de puchero).
La forma en la que nos relacionamos en el mundo es con hechos; si le disparas a alguien y lo matas, sin querer o queriendo, lo que cuenta es que lo mataste, aún cuando haya sido un error para esa otra persona el hecho es que perdió la vida. Esta no es una ética de intenciones le dije. Luego le explique las paradojas a las que había llegado Kant con el avaro que da limosnas. Yo sé que no olvidas las cosas a drede, que sabes y que sabes mucho, pero el mundo te va juzgar por tus actos.
Y no te juzga por tus actos porque sea malo y no le importe tu interior, tus intenciones, tu identidad guardada, sino porque el mundo de la intimidad es simplemente inaccesible para el otro. Lo que se puede ver y juzgar son tus actos; lo que haces, la tarea y los tenis limpios son juzgables y como tales objeto de calificación, los libros que lees en tu casa por gusto y las noches de ajedrez no.
Se puso melancólico: -Eso no es justo- me dijo.-Los hechos son cosas que pueden o no pasar, no controlamos los hechos, sólo nuestras intenciones, sólo nuestra vida interna, y sin embargo juzgan lo que no está del todo al alcance de nosotros. Me reí un poco y mi risa lo exasperó: -Lo que tu dices puede bien ser Epicteto, salvo que tu tarea escolar y tus tenis si están en tus manos...-
-No hablo de eso, tu sabes- contestó molesto -La gente debería de tomar en cuenta las intenciones, el cariño, los conocimientos que aunque floten en la cabeza son útiles-. Se le salieron unas lagrimas de los ojos: -A veces uno quiere hacerlo todo y no lo alcanza, a veces simplemente no podemos lograrlo-.

Lo mire sentada a su lado en la cama, con mi libro de conjugaciones del español en las piernas. Pensé en él como en un viejo amigo. Yo, quizás ya encurtida, no pude responder como hace tiempo, y me limité a decir: -A veces las intenciones cuentan, por ejemplo a veces hay atenuantes si mataste a alguien por error, pues no es la misma condena que si fue premeditado y con alevosía. Pero en la vida, en todo, lo que tenemos son hechos. Cuando te acuerdes de tu pasado te acordarás de lo que hiciste, así haya sido no hacer-.
-Las intenciones es voluntad, es lo que uno desea, lo que uno quizo, y así no se haya logrado tiene que ver con uno, yo me acordaré de lo que quise tanto como de lo que hice- estaba ya enojado y triste.
Lo mire profundamente, le di un abrazó, deje el libro de gramática en su mesabanco con la instrucción expresa de que leyerá el capítulo dos:-El truco es que hagas encajar tus intenciones con los hechos, tu conocimiento interno y tus emociones con lo que haces. Que dispares el gatillo cuando quieres y no sus múltiples variables (disparar el gatillo sin querer, querer matar y no acertar a tomar la pistola por ejemplo)... pero recuerda: lo que vale son los hechos, sólo los hechos... de hechos está hecha la historia, y no de intenciones-.
Creo que soltó unas lagrimas pero el luto de saber que el mundo es así, muchas veces injusto o cruel o indiferente al interior de uno mismo, es un luto que se tiene que afrontar en soledad. Al cerrar la puerta me detuve, también estaba triste, pero lo creía en serio, porque tuve que aprender a creerlo: La vida es sólo hechos, es lo que te atreviste a hacer o no, y no lo que quisiste hacer y no hiciste; en tales casos la vida sería el hecho de no atreverse, lo cual es aún más triste. La vida son acciones encadenadas, no emociones discretas que uno experimenta, al ver por el cristal del auto, al pasar por cierta calle.
Janik

7.28.2009

Siempre....

Donato tenía 15 años y yo 17. Mis padres se habían ido de viaje a Alemania, a la boda de una de mis primas de la familia de allá. Imposible decir que la casa fuera un aquelarre en aquellos días; nos dejaron a cargo de mi hermano menor y todo movimiento tenía que hacerse de noche ya cuando el dormía, además, mi hermana y yo eramos aún muy sonsas para cualquier gusto vicioso...
Serían a penas las nueve de la noche cuando Donato llegó a la casa, vestido de negro, con gabardina y botas industriales. Traía un amigo creo, no recuerdo bien, la cosa es que como hijo del mejor amigo de mi padre es de los pocos con tarjeta verde para llegar y salir de la casa con gusto, cuando quisiera (tanto así que de niños, él, por su status preferencial, nunca sufrió el castigo merecido por la destrucción total de nuestra casita de muñecas; hecho que aún le recuerdo con rencor).
No era tampoco que fueramos ajenos; desde que teníamos 8 o 6 años la tensión entre nosotros había crecido, liberada sólo una vez... en una barda de piedra... (pero no, no hablo ahorita de eso).
Estabamos con mi hermana Yunuen en el cuarto, mas a la menor provocación Donato y yo salimos huyendo a la sala (ya en ese entonces mi padre había hecho prevalecer la necedad de tener una camita en la sala para ver la tele (cama que ha sido testigo de muchas sodomas) (y que sigue siéndolo)).
No recuerdo como, pero en un instante él estaba encima de mí, con su cuerpo grande (me saca de mínimo cabeza y media), pesado, viril, grueso. Yo, nerviosa y excitada, temblaba; el nerviosismo me crecía desde las ingles, subiendo por el vientre hasta el pecho. Acercó su rostro y sosteniendome con una sola mano por la nuca me besó, y luego maripositas (¡arete en la lengua!¡arete en la lengua!¡arete en la lengua!¡arete en la lengua!¡arete en la lengua!¡arete en la lengua!¡arete en la lengua!)(claro, después tuve que aprender que en realidad la magia del arete de Donato era que él sabía usarlo, y no el arete en si) (mito del dark-punk-porno).
Yo temblaba, y lo abrazaba por la espalda; él se separó de mi rostro y me miró a los ojos:

-Hace tanto tiempo esperaba por tenerte así- (o "hace mucho que esperaba para esto", o "hace mucho que quería que pasara esto" ó la más recurrente en mi memoria traicionera: "siempre quise que pasará esto", "Siempre quise tenerte así").

-Si, yo también- respondí atropellada y sonsamente, medio asustada por la sensatez de su diálogo (si era mucho que esperabamos). Después claro, según recuerdo siguió una buena sesión de bondage y sadomasoquismo con hielos (que no creo que entrara entre las cosas que "desde hace mucho tiempo" quería hacer... o eso espero...) (aunque que ¡que buena estuvo!....).

Pero voilà, ese es uno de los mejores diálogos que me han dicho,*: "Espere por ti, por esto, siempre (ó hace mucho, que en la vida mortal es casi lo mismo)".

Janik

*(ó uno de los mejores diálogos que se han atrevido a decirme pues implica aceptar la vulnerabilidad que implica sostener en la memoria al otro pese al tiempo).

6.29.2009

Las gastadas palabras de siempre


Francisco Hernández

DÉJAME recordarte las gastadas palabras de siempre,
los armarios que encierran la humedad de los puertos
y el sabor a betel que dejas en mis labios
cuando desapareces en el aire.
Déjame tender tu cabello a la sombra
para que la penumbra madure como el día.
Déjame ser una ciudad inmensa, un bote de cerveza
o el fruto desollado ante la espiga.
Déjame recordarte dónde me ahogué de niño
y por qué hace brillar mi sangre la tristeza.
O déjame tirado en la banqueta, cubierto de periódicos,
mientras la nave de los locos zarpa
hacia las islas griegas.

6.16.2009

No pares ahora

No pares ahora
(No de nuevo)


No te detengas ahora, no de nuevo.

No hay razón verdadera para quedarse con los tobillos unidos, como niño jugando al soldado (en una callejuela donde no pasan ni los gatos), ya sé, me lo dices de frente; no hay tampoco razones para correr; no hay tanques, no nos persiguen de muerte, aún, por nuestras disidencias hipotéticas.

No hay transcendencia; lo sé. Y te sonrió, con media sonrisa, a medio rostro, a medio yo (porque no alcanzó ya en tu memoria a ser alguien, algo, cualquier cosa (cualquier viruta de polvo feliz viajera en tu escritorio en lustros no escombrado)).

Nada en las manos abiertas (teníamos un sol rojo entre las manos, las esquinas por donde no hemos vuelto a caminar, tu “no”, teníamos tus nos de casa a medio construir, de buhardilla que nada cubría y los pies mojados; la eterna trascendencia de descalzos sobre el césped de quien sabe que señor adinerado en la del valle, y toda mi infinita estupidez sobre nosotros; luminosa como la angustia de cualquier inocente).

Nada entre los restos del café. Nada en los huequitos oscuros entre las bolsas de detergentes que se embarrigan debajo del lavabo. Nada incluso entre estas letras; ni siquiera los fantasmas son fantasmas.

Nada para detenerse de nuevo; ni calles ni muros ni coches despotricados buscando yeguas en los cruces, ni cigarros a punto de apagarse como luciérnagas cuando les llega la ciudad.

Reivindicación de lo más antiguos super héroes: los muertos, las viudas, los fantasmas, traspasan todo, y a ellos (como supermans sin caché, entrando y saliendo al ponerse los lentes) todos los olvidan.

No hay muro que detenga tus pasos entonces, fantasma; todo traspasas, haztelo saber.

4.21.2009


Recién publicaste esto en mi blog (que fue en secreto, hace tiempo, nuestro). Tu comentario fue anónimo:

"Ya me di cuenta de que no debo leer tu blog, no por que no me quiera dar cuenta de cosas... si no por que me duele lo que te duele... y me molesta no poder evitarlo..."

Hice un recuento simple de la gente que podría leer mi bitácora sin querer leerla (de aquellos con quienes yo podría tener un ínfimo lazo plateado como el de las moiras) y de aquellos a quienes mi dolor (un dolor de idiota, de simple, de absurda) pudiera llegar como las ondas que en el agua calma se expanden y se transfiguran. Sólo hubo dos opciones (de miles de personas queridas que he perdido, sólo algunas se molestarían en venir aquí, y de esas sólo con algunas podría yo tener un lazo certero de nostalgia, y de esas mismas sólo dos escribirían en esa entrada del blog)...
Especulaciones; no, no puede ser especulación la certeza de que el otro te busca mientras que tu lo llames. Porque algo existe que nosotros no comprendemos (que no tocamos con la punta de la razón enajenada). Pegar el oído a las vías del tren mientras nadie nos mira y saber que eso que siento al pegar la oreja son tus pasos (gigantescos y torpes animales que no se encuentran, sólo porque no se buscan).
¿Qué paso?, quizás debo decir ¿qué te hice, hombre, para que te duela yo sin que quieras que te duela? ¿por qué no pudimos superar el amor (¿el cariño?), para aspirar, con resignación a la sobriedad de saludarnos cuando nos topamos de frente a la calle bendiciendo con simpleza, en nuestros adentros, el hecho de encontrarnos, aunque lejanos, aún vivos?... pero no, odio, tu lo sabes, el conformismo.
Dime entonces ¿por qué no pudimos superar el orgullo, y con él el miedo, para decirnos: te quiero y me voy, y aún así me quedo?...
A las doce de la noche, de un martes ya, con el mismo rostro de niña caprichosa, y la sala vacía: no me explico que fue lo suficiente para separarnos; ¿qué hiciste, hombre, dónde te guardaste, el brillantísimo milagro de habernos encontrado en está vida? ¿a dónde las calles vacías para caminar el uno al lado del otro? ¿dónde escondimos el coraje de saber que era necesario estar juntos en está vida (lejanos, cercanos, impedidos, nostálgicos, rehaciendo cada tanto el lazo que tejimos)? Por qué, si no pasa seguido encontrar alguien que te entienda así, que te siga los pasos pesados, torpes y todo...
¿Cómo encontrarnos de nuevo?... Por más hondos que sean los abimos, para aquellos que habitan sus lechos nunca les estará vetado encontrarse (de nuevo):
Definición del ser querido perdido: Gigantesco y torpe animal que no se encuentran con su par sólo porque no lo busca, y viceversa.

Con nostalgia (recupera de tu recuerdo una sonrisa:
supongamos que así te sonrío ahora)

Janik

3.20.2009




en una plaza

poblada de palomas extranjeras

te reencontraré algún día.

distinto todo

sin el abrigo oxford

que colgaba de tus hombros

colgantes

sin tu aire aporético

de burócrata libre,

sin tus bufetes de chinos

en el vientre puntiagudo,

sin país alguno

esperando caudillos.

sin mi.

Y yo seré otra

de intentar tanto

ser la misma

para que a tus ojos,

(que no serán los tuyos)

reconocieran

lo que tu creaste.

La plaza,

con su catedral bizantina,

pondrá los dedos en la línea

que guardaremos

hasta ese momento

para ser pronunciada:

No hay más tradición,

para nosotros,

que el abismo.


2.09.2009

Ensayo de una huída. (Dos: pensando en tí)

El plan del viaje: primero al puerto de Acapulco y de allí todo hacia el norte. Tenía ganas de mirar el rostro del trailero, pero el valor se me había agotado al tocar su fría mano para subirme. Desde la cabina todos los autos se veían chiquitos: el trailer parecía devorar bichitos compactos que cambiando de velocidad huían. Un jueves a las 6.30 de la mañana; salimos de la ciudad rápidamente, los lugares, las imágenes, el frío, todo se embarraban en las ventanas como si los cristales fueran pantallas de televisión. Yo no atinaba más que a ver de frente al asfalto que vertiginosamente se aventaba a los rines del monstruo. El trailero se llamaba Guillermo Juárez; entre un medieval y un presidente pensé. -¿Cómo te llamas?- podría haber sido el inicio de cualquier conversación en cualquier otro lugar...
- Me llamo Ana Eugenia-
Voltee la mirada: tenia los ojos pequeños, amarillentos, la barba mal recortada caía desde las orejas, el rostro birllante y limpio. -¿Haces esto seguido? Es peligroso...- No dejaba de ver de frente, como si yo llevará viajando con él muchísimo tiempo. - ¿Por qué? ¿me vas a hacer algo?- me comencé a reír compulsivamente. Las maquinas del tiempo existen: buscar un viejo enamorado para fingir los besos, gastar tardes con amigo desaparecidos, escuchar La canción de la prepa; pero mejor máquina no hay que volver los pasos atrás y deshacerse, sobre todo, de la sabiduría (volver a hacer las mismas tonterías; como caminar de espaldas). Me ofreció una pepsi, la tome y me sentí feliz al oir el sonido que hacia el envase al abrirla.
-¿Tienes novio?- "No, absolutamente no tengo novio, ni novia, ni nada, sino no estaría aquí, sentada a tu lado..." No, no dije eso, ahí el aire de la aventura viro. El mal agüero. - Si, sin tengo- y dije tu nombre, y hable de ti, reinventandote, mintiéndome. -Si tienes novio ¿porque andas de loca?- el hombre parecía fascinado con mis risas nerviosas, con mis respuestas falsas, pero entonces no mentí: -Hago esto porque hace años que ya no me quiere- esperaba, ingenua, un silencio dramático, incómodo; no, Guillermo se limitó a contestar: - Pasa seguido, pero si fuera por eso verías la carretera como la Sullivan- se río de su propio chiste, me reí con él. Nunca aprendí a superar las cosas como la gente lo hace (y heme aquí, confesandote años deslavados, que en la huída pensaba en tí). El radio comunicador comenzó a dar avisos de rutas y señalamientos. Mientras él atendia, yo volví a pegar el rostro en la ventana ¿por qué había dado tu nombre como el nombre de mi novio inventado? ¿por qué si podía inventarme mil nombres más bonitos? La imágenes se sucedían espesas en el vidrio: llevabamos carga llena para descargar y cambiar en el puerto. De pronto comencé a rezar los lugares: allí te conocí, allí comimos, incluso tu ausencia se nombraba: allí no fuimos nunca. Pensé en hacer de mi nuevo acompañante tu marioneta, tu actor substituto. Entonces caí en la cuenta; a Acapulco tampoco fuí nunca contigo... Quizás había abordado la máquina del tiempo equivocada.

2.08.2009

Ensayo de una huída.


Las manos me sudaban frío al salir de la casa. A mis padres les dije que me iba de viaje "con unas amigas", barajé unos nombres al azar y con la mochila de camping llena hasta el tope salí de casa. El truco principal consistía en que ellos no me siguieran, que creyeran que la madre de quelqu´n nos recogería en la mañana. Tenía miedo y al aire frío que se arremolina en la esquina de Loreto me daba en la cara. En una palabra, cuyo acento no podría pronunciar, estaba atrapada toda mi vida; crucé la calle balbuceando. La noche anterior había hablado, en una cafecito del centro, con Gabriela y Jorge, de ella comprendía la complicidad de la aventura estúpida (hubiéramos sido cómplices casi de cualquier cosa, con tal se sentirnos siempre juntas), de él, pensaba que éste podría ser quizás el único hecho que él aceptaría en público como merecedor de respeto. Pase de lado al metrobús, algunas gentecillas se apretaban la pañoleta o el gorro en la cabeza para cubrirse del aire mañanero de un jueves cualquiera. El día tenía una connotación específica; la mujer que fue jueves, no quizás por la inteligencia para desmantelar el absurdo, sino, por la facilidad de ser engañada y construida, en un mismo movimiento, por aquello que combate. Cruce la calle y pare enfrente de la Cava. Desde hace años me había dado cuenta que esa era la ruta de los trailers y camiones de carga para salir de la ciudad, deje mi mochila en el piso y levanté el pulgar: alguno se detendría. El cabello se me revolvía en el rostro, pensé entonces que yo también le debo mucho a quienes han sido gente de mi gente, por ejemplo a Alondra le debía la aventura, el arrojo, la admiro, pensé; nadie nos hubiera convencido de tomar raites; me cambio la vida, para luego desaparecernos mutuamente. No quedaba de otra. Diez minutos con el pulgar arriba y un trailer de dos cajas se detuvo casi dos cuadras adelante. Sus colores rojizos pasaron como un flash. Me quedé un segundo en seco para luego correr arrastrando la mochila. -¿A dónde va?- le grite al conductor, quien se veía diminuto desde la caja del trailer casi un metro arriba. -Para La Paz - contestó. El hombre ni joven ni viejo tendría acaso unos 50 años, tenía esa vivacidad que evita a la gente envejecer por dentro, pese a que el cascarón se eche a perder con mayor facilidad. Me subí al primer peldaño de la cabina, asome la cabeza, varias fotos de algunos niños pegadas en las orillas del parabrisas me dieron seguridad: la sensación de haber ya estado allí (con otra gente, con oto ímpetu, con otro futuro desconocido, pero allí). -¿Me lleva Don?- me veía acaso los ojos y la mitad de la tetera. -¿Hasta allá?- contestó riéndose un poco. -Hasta donde me soporte, y hasta donde le guste- hubiera querido que Gabriela escuchará el acento que me salió, desempolvándome la voz, que sirve para ofrecésele a un hombre sin demasiado compromiso. -Pues súbete- una risa áspera antecedió al hombre abriendo la puerta.
Aventé la mochila, él me tendió la mano, helada y gruesa, me subí. Justo cuando el trailer comenzó a avanzar vi pasar por la ventana a mí padre caminando hacia la parada del camión, rumbo al trabajo. Contrario a lo que esperaba de mí, pegue el rostro a la ventana como un niño que ve a través de la vitrina de una juguetería un nuevo videojuego. Yo también veía un juego: mi vida que dejaba pasar.

2.03.2009

Para quitar la taquicardia...

Para quitarme la taquicardia: tengo que voltear la cabeza como Tales y caminar mirando al cielo, será posible que me caiga pero siempre he preferido un dolor de piernas por un tropezón que un dolor del corazón con la cabeza al frente (literal y metafóricamente).
En estos días andar con la cabeza para arriba tiene sus bondades, por ejemplo, observar las ramitas medio pelonas de las jacarandas que se irán rellenando poco a poco, cuando estén florecidas por ahí de algunos meses se convertirán en una suerte de arboles de tiempo (que son como los relojes de arena pero que no se pueden voltear y que en lugar de salados granos tiran moradas flores). Sentí hoy una calma inaudita cuando caminaba por CU pensando que ya estoy de paso de paso, que ya salgo del cuadrilátero, sin límite de tiempo. Luego al llegar a casa se me oprimió el corazón por el trabajo, la tesis y el "distress" (palabra domingüera que suena más nice que stress), así que cuando me quede sin aire tuve que recibir una resucitación infraganti de la vida: un beso en la nariz de cierta muchachita y una luminosa foto de las flores lilas.
Janik

1.01.2009

"Que extraña forma de medida es el tiempo", esas fueron las palabras de Astrid en su primer mensaje del año. Mi respuesta fue simple: "No hay medida suficiente cuando se está a tu lado".
Al final o al inicio del año, da lo mismo, el teléfono sonó como no había sonado hace mucho. Primero la "A"... ah, no, primero Damián; el mismo pero otro, porque sólo él ha logrado revivir en mi esa pasión misteriosa de comprender que la amistad perdura incluso a los cambios de persona (¿de cuerpo, de vida, de destino?) El tono de su voz y yo, como sé que no debería, dependiendo de su risa como hace tanto. Luego hablé con Vera, mi amiga de la secundaria que trabaja ahora conmigo en las reseñas educativas (otro bussines que será luego aquí promocionado), me dijo de nuestro compañero galan-exnoviodeella-yupieboy: "Es todo un Don ahora, hasta viste de traje y no habla de sexo". Me reí, imposible imaginar a ese chico exhibicionista sentando cabeza. Luego una seríe de mails encantadores contagiados del espiritú año nuevero (que si es cliché o no, o si es cursi o lo que sea me viene ya valiendo un cacahuate: Natalia Gottdiener alabando dar un paso en falso, otro de Miriam Muedano invitando a darle "que es mole de olla", Lydia desde Alemania con una semblanza onírica del otro lado del charco, y pa´terminar una estocada precisa de la Trompetista de Falopio, haciendo que un puñado de direcciones de mail se conviertan ante mis ojos en algún tiempo de cofradia, de secta masónica: "Los considero una parte importante de mi vida"...
Desperté de golpe de un aletargamiento de traducciones de francés, investigaciones bibliográficas y trabajos de media noche. Como el agua que se aclará después del movimiento, descubrí que estoy en calma, de esperanza con el corazón hinchado (entre otras hinchazones menos favorables como las amigdalas y la barriga). Nuevos turnos nos esperan por los turnos que tomamos: la máquina de tickets de la sección de carnes y salchichonería se vuelve una metáfora alentadora para los que queremos huir "al matadero". El movimiento es tiempo, y el tiempo ha pasado. Envejecido: si, pero con ritmo, de cha cha chá y pasito durangense. De pronto cambie de año,y una sabiduría inconclusa (que es quizá a la única a la que gente como yo podemos aspirar) vino de golpe: ni la circunstancia precisa, ni la gente o la emoción indicada, ni el diálogo correcto existen, unicamente una sinfonía delicada que exhala cualquier contínuo o breve encuentro azaroso. Me detuve entonces a escuchar el delicio allegro que tocamos.
Esperando la nueva música
Tzitzi Janik

11.02.2008

Recuerdo preciado.

-Que chistoso, nuestros lentes chocan- luego se rió con una risa bulliciosa, transparente. Le puse cara de ay, dios, que te escuchan afuera. Entonces se río más, con una risa nerviosa, le puse un dedo entre los labios, luego la tome del rostro.