
Joel: I remember that speech really well.
Clementine: I had you pegged, didn't I?
Joel: You had the whole human race pegged.
Clementine: Hmm. Probably.
Joel: I still thought you were gonna save my life... even after that.
Clementine: Ohhh... I know.




No te detengas ahora, no de nuevo.
No hay razón verdadera para quedarse con los tobillos unidos, como niño jugando al soldado (en una callejuela donde no pasan ni los gatos), ya sé, me lo dices de frente; no hay tampoco razones para correr; no hay tanques, no nos persiguen de muerte, aún, por nuestras disidencias hipotéticas.
No hay transcendencia; lo sé. Y te sonrió, con media sonrisa, a medio rostro, a medio yo (porque no alcanzó ya en tu memoria a ser alguien, algo, cualquier cosa (cualquier viruta de polvo feliz viajera en tu escritorio en lustros no escombrado)).
Nada en las manos abiertas (teníamos un sol rojo entre las manos, las esquinas por donde no hemos vuelto a caminar, tu “no”, teníamos tus nos de casa a medio construir, de buhardilla que nada cubría y los pies mojados; la eterna trascendencia de descalzos sobre el césped de quien sabe que señor adinerado en la del valle, y toda mi infinita estupidez sobre nosotros; luminosa como la angustia de cualquier inocente).
Nada entre los restos del café. Nada en los huequitos oscuros entre las bolsas de detergentes que se embarrigan debajo del lavabo. Nada incluso entre estas letras; ni siquiera los fantasmas son fantasmas.
Nada para detenerse de nuevo; ni calles ni muros ni coches despotricados buscando yeguas en los cruces, ni cigarros a punto de apagarse como luciérnagas cuando les llega la ciudad.
Reivindicación de lo más antiguos super héroes: los muertos, las viudas, los fantasmas, traspasan todo, y a ellos (como supermans sin caché, entrando y saliendo al ponerse los lentes) todos los olvidan.
No hay muro que detenga tus pasos entonces, fantasma; todo traspasas, haztelo saber.


en una plaza
poblada de palomas extranjeras
te reencontraré algún día.
distinto todo
sin el abrigo oxford
que colgaba de tus hombros
colgantes
sin tu aire aporético
de burócrata libre,
sin tus bufetes de chinos
en el vientre puntiagudo,
sin país alguno
esperando caudillos.
sin mi.
Y yo seré otra
de intentar tanto
ser la misma
para que a tus ojos,
(que no serán los tuyos)
reconocieran
lo que tu creaste.
La plaza,
con su catedral bizantina,
pondrá los dedos en la línea
que guardaremos
hasta ese momento
para ser pronunciada:
No hay más tradición,
para nosotros,
que el abismo.
El plan del viaje: primero al puerto de Acapulco y de allí todo hacia el norte. Tenía ganas de mirar el rostro del trailero, pero el valor se me había agotado al tocar su fría mano para subirme. Desde la cabina todos los autos se veían chiquitos: el trailer parecía devorar bichitos compactos que cambiando de velocidad huían. Un jueves a las 6.30 de la mañana; salimos de la ciudad rápidamente, los lugares, las imágenes, el frío, todo se embarraban en las ventanas como si los cristales fueran pantallas de televisión. Yo no atinaba más que a ver de frente al asfalto que vertiginosamente se aventaba a los rines del monstruo. El trailero se llamaba Guillermo Juárez; entre un medieval y un presidente pensé. -¿Cómo te llamas?- podría haber sido el inicio de cualquier conversación en cualquier otro lugar...
Para quitarme la taquicardia: tengo que voltear la cabeza como Tales y caminar mirando al cielo, será posible que me caiga pero siempre he preferido un dolor de piernas por un tropezón que un dolor del corazón con la cabeza al frente (literal y metafóricamente).
"Que extraña forma de medida es el tiempo", esas fueron las palabras de Astrid en su primer mensaje del año. Mi respuesta fue simple: "No hay medida suficiente cuando se está a tu lado".