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2.16.2009

(risas de fondo) soy una serie animada de ayer y hoy...


Jorge dice que está viviendo otra película, que la vieja terminó y que ahora anda en (con) una nueva. Yo me quedé pensando (un instante que se alargó en mi mente mientras él terminó de pronunciar las palabras) si yo estaba viviendo otra peli.
Mas bien no, o no lo sé. Se me hace que más bien estoy en la serie de cortos pequeños que pasan antes de una película animada, se me hace que ahorita soy el inicio de una película de Pixar que ofrece acción, aventura y mucho más pero que ahorita no es mas que una serie de historitas chiquitas que no terminan en realidad. Podría ser por ejemplo ese personaje de pixar que juega ajedrez contra si mismo. También podría ser el principio narrativo de Canción del Sur, o la explicación larga pero tensa de Flowers of flesh and blood (yupi!).
La otra cosa es que siempre he visto mi vida más bien como una serie de comedia gringa: mis amigos bien podrían ser los de La tercera roca del sol(algunos definitivamente tienen que ser extraterrestres...), mi novia podría pertenecer a Will and Grace o a Two and a Half men, y mi madre a Gilmore Girls, Jorge bien podría equipararse a Doctor House (en lo molón sobre todo) claro, yo a veces me siento tan perdida, pero obvio que sin su habilidad informática, como un personaje de Clarissa Explain it all. ¿Qué podrá significar eso?

2.09.2009

Ensayo de una huída. (Dos: pensando en tí)

El plan del viaje: primero al puerto de Acapulco y de allí todo hacia el norte. Tenía ganas de mirar el rostro del trailero, pero el valor se me había agotado al tocar su fría mano para subirme. Desde la cabina todos los autos se veían chiquitos: el trailer parecía devorar bichitos compactos que cambiando de velocidad huían. Un jueves a las 6.30 de la mañana; salimos de la ciudad rápidamente, los lugares, las imágenes, el frío, todo se embarraban en las ventanas como si los cristales fueran pantallas de televisión. Yo no atinaba más que a ver de frente al asfalto que vertiginosamente se aventaba a los rines del monstruo. El trailero se llamaba Guillermo Juárez; entre un medieval y un presidente pensé. -¿Cómo te llamas?- podría haber sido el inicio de cualquier conversación en cualquier otro lugar...
- Me llamo Ana Eugenia-
Voltee la mirada: tenia los ojos pequeños, amarillentos, la barba mal recortada caía desde las orejas, el rostro birllante y limpio. -¿Haces esto seguido? Es peligroso...- No dejaba de ver de frente, como si yo llevará viajando con él muchísimo tiempo. - ¿Por qué? ¿me vas a hacer algo?- me comencé a reír compulsivamente. Las maquinas del tiempo existen: buscar un viejo enamorado para fingir los besos, gastar tardes con amigo desaparecidos, escuchar La canción de la prepa; pero mejor máquina no hay que volver los pasos atrás y deshacerse, sobre todo, de la sabiduría (volver a hacer las mismas tonterías; como caminar de espaldas). Me ofreció una pepsi, la tome y me sentí feliz al oir el sonido que hacia el envase al abrirla.
-¿Tienes novio?- "No, absolutamente no tengo novio, ni novia, ni nada, sino no estaría aquí, sentada a tu lado..." No, no dije eso, ahí el aire de la aventura viro. El mal agüero. - Si, sin tengo- y dije tu nombre, y hable de ti, reinventandote, mintiéndome. -Si tienes novio ¿porque andas de loca?- el hombre parecía fascinado con mis risas nerviosas, con mis respuestas falsas, pero entonces no mentí: -Hago esto porque hace años que ya no me quiere- esperaba, ingenua, un silencio dramático, incómodo; no, Guillermo se limitó a contestar: - Pasa seguido, pero si fuera por eso verías la carretera como la Sullivan- se río de su propio chiste, me reí con él. Nunca aprendí a superar las cosas como la gente lo hace (y heme aquí, confesandote años deslavados, que en la huída pensaba en tí). El radio comunicador comenzó a dar avisos de rutas y señalamientos. Mientras él atendia, yo volví a pegar el rostro en la ventana ¿por qué había dado tu nombre como el nombre de mi novio inventado? ¿por qué si podía inventarme mil nombres más bonitos? La imágenes se sucedían espesas en el vidrio: llevabamos carga llena para descargar y cambiar en el puerto. De pronto comencé a rezar los lugares: allí te conocí, allí comimos, incluso tu ausencia se nombraba: allí no fuimos nunca. Pensé en hacer de mi nuevo acompañante tu marioneta, tu actor substituto. Entonces caí en la cuenta; a Acapulco tampoco fuí nunca contigo... Quizás había abordado la máquina del tiempo equivocada.

2.08.2009

Ensayo de una huída.


Las manos me sudaban frío al salir de la casa. A mis padres les dije que me iba de viaje "con unas amigas", barajé unos nombres al azar y con la mochila de camping llena hasta el tope salí de casa. El truco principal consistía en que ellos no me siguieran, que creyeran que la madre de quelqu´n nos recogería en la mañana. Tenía miedo y al aire frío que se arremolina en la esquina de Loreto me daba en la cara. En una palabra, cuyo acento no podría pronunciar, estaba atrapada toda mi vida; crucé la calle balbuceando. La noche anterior había hablado, en una cafecito del centro, con Gabriela y Jorge, de ella comprendía la complicidad de la aventura estúpida (hubiéramos sido cómplices casi de cualquier cosa, con tal se sentirnos siempre juntas), de él, pensaba que éste podría ser quizás el único hecho que él aceptaría en público como merecedor de respeto. Pase de lado al metrobús, algunas gentecillas se apretaban la pañoleta o el gorro en la cabeza para cubrirse del aire mañanero de un jueves cualquiera. El día tenía una connotación específica; la mujer que fue jueves, no quizás por la inteligencia para desmantelar el absurdo, sino, por la facilidad de ser engañada y construida, en un mismo movimiento, por aquello que combate. Cruce la calle y pare enfrente de la Cava. Desde hace años me había dado cuenta que esa era la ruta de los trailers y camiones de carga para salir de la ciudad, deje mi mochila en el piso y levanté el pulgar: alguno se detendría. El cabello se me revolvía en el rostro, pensé entonces que yo también le debo mucho a quienes han sido gente de mi gente, por ejemplo a Alondra le debía la aventura, el arrojo, la admiro, pensé; nadie nos hubiera convencido de tomar raites; me cambio la vida, para luego desaparecernos mutuamente. No quedaba de otra. Diez minutos con el pulgar arriba y un trailer de dos cajas se detuvo casi dos cuadras adelante. Sus colores rojizos pasaron como un flash. Me quedé un segundo en seco para luego correr arrastrando la mochila. -¿A dónde va?- le grite al conductor, quien se veía diminuto desde la caja del trailer casi un metro arriba. -Para La Paz - contestó. El hombre ni joven ni viejo tendría acaso unos 50 años, tenía esa vivacidad que evita a la gente envejecer por dentro, pese a que el cascarón se eche a perder con mayor facilidad. Me subí al primer peldaño de la cabina, asome la cabeza, varias fotos de algunos niños pegadas en las orillas del parabrisas me dieron seguridad: la sensación de haber ya estado allí (con otra gente, con oto ímpetu, con otro futuro desconocido, pero allí). -¿Me lleva Don?- me veía acaso los ojos y la mitad de la tetera. -¿Hasta allá?- contestó riéndose un poco. -Hasta donde me soporte, y hasta donde le guste- hubiera querido que Gabriela escuchará el acento que me salió, desempolvándome la voz, que sirve para ofrecésele a un hombre sin demasiado compromiso. -Pues súbete- una risa áspera antecedió al hombre abriendo la puerta.
Aventé la mochila, él me tendió la mano, helada y gruesa, me subí. Justo cuando el trailer comenzó a avanzar vi pasar por la ventana a mí padre caminando hacia la parada del camión, rumbo al trabajo. Contrario a lo que esperaba de mí, pegue el rostro a la ventana como un niño que ve a través de la vitrina de una juguetería un nuevo videojuego. Yo también veía un juego: mi vida que dejaba pasar.

10.01.2008

QUÉ LLENARÁ MIS OJOS, AL ABRIRLOS

QUÉ LLENARÁ MIS OJOS, AL ABRIRLOS
Rubén Bonifaz Nuño
¿Qué llenará mis ojos, al abrirlos
desde el fondo del miedo; de qué trémula
boca salió la lengua que me lame?
¿Y habré de ver, si vuelvo la cabeza
de prisa, quién respira a mis espaldas?
Sólo de ácida sal, sólo preñada
acidez, mi bebida. Y lo que viene,
aquello que se acerca,
lo que camina en torno y embistiendo.
Cantando estoy, haciéndome
de valor con cantar bajo lo oscuro.
La pobreza, y el paso uniformado,
y el cartel de protesta.
Acaso inofensivo, acaso inútil,
no defensivo acaso. Y es un soplo
de burbujas quebrándose, un callado
grito de bestia bajo el agua,
un rescoldo de cuerpo que se ahoga.
Y suéltase la sangre convocada,
y su antídoto estrépito graniza,
crece por dentro de la oreja,
contra la mordedura de un silencio
que mata en tres segundos.
Bienvenido el que llega, si en las manos
tiene la sal augusta para el hueco
de mis cimientos despojados.
El caballo homicida, bienvenido
sea, con el galope mariguano
y la huella cuádruple hendida;
y el sueño adverso en orden de batalla,
y la saliva atroz que sobrevive
al suntuoso desorden del combate.
Y algo como el amor de mis hermanos
se despliega en mi contra, se abandera,
en contra mía prevalece.
Y lo que soy mañana, me recibe.