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3.14.2010

El cuarto de Quetzal


Ayer Astrid y yo pintamos un pequeño mural infantil en el que será el nuevo cuarto de Quetzal, su hermana menor. Yo, sentada pintando pastos con flores dignos de un Kindergarden y ella arriba pintando mariposas. La platica giró, como muchas veces en estos últimos 12 años, sobre el amor. Me quejé de los cobardes, queja también ya lugar común en mi discurso. Ella, con calma, incluso con un poco de indiferencia, mientras pintaba una mariposa azul guacamaya (según el catálogo del WallMart):

-Es que la gente no es cobarde. Sólo no está lista en ese momento para hacer ciertas cosas. Cada quien tiene su momento, su instante, cada quien es valiente cuando está listo para serlo. Cuando tu piensas que la gente es cobarde muchas veces sólo es prudente, sólo no es ese su momento para lanzarse, solamente no es ese su momento, o no es esa la circunstancia, o simplemente la acción no es tan importante y por eso no la realizan. Eso es todo, no es que la gente sea cobarde; es que hay momentos y cosas para estar listo-

Me reí un poco de nervios. Tenía toda la boca llena de razón (como suele tenerla con respecto a mis arrebatos infantiles durante estos últimos 12 años). Seguí pintando pastitos. El cuarto quedo lindo.

Janik

3.09.2009

Llamaradas de aire


No debimos hablar aquella tarde del pasado (mucho menos cuando el pasado se encuentra tan presente, puntual como minutero). La pequeña mesita en un absurdo café de altavista; no había siquiera una retórica del espacio que permitiera recuperar los recuerdos con elegancia. Eramos (era yo, quizás, solamente) un esbozo deforme que se aferraba al discurso de aquello que paso. Pero es posible que no haya pasado; no tengo testigo objetivo de mi propia historia, si me descuento a mi misma, por subjetiva. Le hablamos a Samia de cuando tenía 17 años: del maldito herradero y su hora de cervezas al dos por uno. Aquella tarde nos pusimos hasta las chanclas, Oso, Alejandro, Gabriela, Laura, Aures y yo (Astrid claro no tomaba)(no toma)). Con los black outs necesarios recuperé sólo una parte de la historia: una bandada de jóvenes terriblemente tetos embriagándose en coyoacán (cuando era lo más inn del mundo) y recorriendo las calles oscuras en una pick up.
Sin embargo el escribiente hoy fue otro, le pregunté a Astrid qué hacían ellos mientras yo me besuqueba con Aures en una jardinera frente a la iglesia (valgame uste´): "Oso me consoló con un café; hasta me tomó de la mano". (seguí hablando, y rogando que la música del cafecito de altavista no se detuviera, que la conversación vanalizará cualquier reclamo a destiempo).
Y es que yo no recuerdo que hacían los demás, recuerdo, acaso que hacia yo, y las voces de un grupo de universtiarios briagos que nos gritaban "si mamis, así"...
La imagen de Oso y Astrid de la mano rumbo al jarocho, hace unos 5 años, nunca la había imaginado.

De cualquier manera es triste, el affiche, la palabra consolar, el hecho de que me falten pedazos de mi historia eternamente, por que los escribientes no podemos compartir los manuscritos.

Relatos que de repente resplandecen, cuando te das cuenta que eres el poseedor de unas cuantas líneas sueltas: de aquí pal real todo es criptografia.

3.08.2009

Epigrafes para no arrepentirme

Su rostro era un ave dormida o las gotas repentinas de una burbuja que se rompe (un palpitar salvaje entre las manos, alas que eran sólo aire).
Pero no, no podría decir en realidad nada certero de los años que estuve enamorada de ella. Al escavar en la memoria los recuerdos se apretujan unos con otros hasta volverse una obscura obertura donde la luz (incluso su luz, su luz de calle vacía y labios húmedos) se pierde.
Sólo del error tengo memoria (lluvia tremebunda, drenaje, púrpura).
En reforma, enfrente del Maria Isabel. Nos habíamos estado besando sin importar morbo y morales distendidas (recuerdo el azul del cielo, la cantera hueso, un hombre con gafas oscuras que al pasar nos miró excitado). Nos detuvimos. Mire sus ojos (contrario a lo que la gente piensa, sus ojos no son negros, son café brillante, casi olorosos a madera). Me preguntó que qué iba a pasar, qué eramos, qué seríamos (luego hice la pendejez más grande de mi puta vida). Dije que no. Que la amistad, que el cariño, que nunca deberíamos de dejar de ser amigas porque el futuro
[un futuro que no existe, por qué la gente, incluso la que más he guardado en el corazón, se ha ido, o cambia tanto de piel que se vuelve irreconocible su rostro] que tenía miedo de perderla [miedo, puto miedo, de qué diablos me sirvió el miedo cuando me temblaban los labios de rabia al verla en los brazos de otro, de que me servía el miedo, cuando me decía que la habían tocado, que la habían querido, burlado, cogido, y hundía de rabia en la noche el rostro en la almohada, o en el mejor de los casos, subía a contarle a Gabriela, que sufría de un error púrpura, maloliente, incurable][Que el temor me había hecho la simple escribiente (testigo, público invitado) de una historia que debió haber sido mía].
Caminamos miles de veces por ese punto de reforma y nadie dijo nada (no sé yo siquiera que es lo que ella recuerda de allí) Luego pasaron los años, o los hombres (da lo mismo), la nostalgia de un beso nocturno, las cosas volvieron a su lugar de amistad común (como debían repetía mintiendome). Nunca llegó el valor, y cuando estuvo a punto de llegar sucesos repentinos lo detuvieron.
Después vino ese cariño dulcisimo, hasta el asco, que queda del amor. Esa nostalgia de lo irresuelto, de los recuerdos perdidos, suplantados.

1.01.2009

"Que extraña forma de medida es el tiempo", esas fueron las palabras de Astrid en su primer mensaje del año. Mi respuesta fue simple: "No hay medida suficiente cuando se está a tu lado".
Al final o al inicio del año, da lo mismo, el teléfono sonó como no había sonado hace mucho. Primero la "A"... ah, no, primero Damián; el mismo pero otro, porque sólo él ha logrado revivir en mi esa pasión misteriosa de comprender que la amistad perdura incluso a los cambios de persona (¿de cuerpo, de vida, de destino?) El tono de su voz y yo, como sé que no debería, dependiendo de su risa como hace tanto. Luego hablé con Vera, mi amiga de la secundaria que trabaja ahora conmigo en las reseñas educativas (otro bussines que será luego aquí promocionado), me dijo de nuestro compañero galan-exnoviodeella-yupieboy: "Es todo un Don ahora, hasta viste de traje y no habla de sexo". Me reí, imposible imaginar a ese chico exhibicionista sentando cabeza. Luego una seríe de mails encantadores contagiados del espiritú año nuevero (que si es cliché o no, o si es cursi o lo que sea me viene ya valiendo un cacahuate: Natalia Gottdiener alabando dar un paso en falso, otro de Miriam Muedano invitando a darle "que es mole de olla", Lydia desde Alemania con una semblanza onírica del otro lado del charco, y pa´terminar una estocada precisa de la Trompetista de Falopio, haciendo que un puñado de direcciones de mail se conviertan ante mis ojos en algún tiempo de cofradia, de secta masónica: "Los considero una parte importante de mi vida"...
Desperté de golpe de un aletargamiento de traducciones de francés, investigaciones bibliográficas y trabajos de media noche. Como el agua que se aclará después del movimiento, descubrí que estoy en calma, de esperanza con el corazón hinchado (entre otras hinchazones menos favorables como las amigdalas y la barriga). Nuevos turnos nos esperan por los turnos que tomamos: la máquina de tickets de la sección de carnes y salchichonería se vuelve una metáfora alentadora para los que queremos huir "al matadero". El movimiento es tiempo, y el tiempo ha pasado. Envejecido: si, pero con ritmo, de cha cha chá y pasito durangense. De pronto cambie de año,y una sabiduría inconclusa (que es quizá a la única a la que gente como yo podemos aspirar) vino de golpe: ni la circunstancia precisa, ni la gente o la emoción indicada, ni el diálogo correcto existen, unicamente una sinfonía delicada que exhala cualquier contínuo o breve encuentro azaroso. Me detuve entonces a escuchar el delicio allegro que tocamos.
Esperando la nueva música
Tzitzi Janik

8.11.2007

Memoria de Elefante e impermeables para el olvido [Bienvenida a casa de nuevo Astrid]

Regreso de Holanda como el Santo Clos que nunca espere. Con claro, la vocecita baja y las risas fuertes. Hace dos años y medio perdio el impermeable de colección de mi papá. Nunca lo recuperamos ni ella compró otro. A veces me acordaba y sentía que, como yo siempre le perdonaré todo, no le importaba el tema. Hoy sacó entre sus souvenirs europeos un impermeable Rojo de Amsterdam, se lo dio a mi papá. No lo había olvidado y allá, a miles de kilometros de distancia, se acordó de lo que alguna vez perdió. Después saco toda clase de objetos brillantes y lustrosos para la familia. Yo contuve las lagrimas porque entre las dos, se supone, siempre he sido la fuerte de caracter... Al fin y al cabo ella ha sido todo en mi vida: mi hermana, mi prima, mi mejor amiga, mi amor de años mozos, mi certeza. Y ahora que todo entre nosotras se ha acomodado y podemos ser amigas sin estorbos es también mi confidente y la compañera de patinaje de mi novia. La conozco desde hace 8 años y medio, y desde entonces hemos metido la pata hasta el fondo, corrido, viajado, perdonado y sobre todo callado cuando fue necesario.
Pensé que la perdida del impermebale era una cosa más a las cosas que olvido a medias para no tener broncas, pero la memoria de Astrid para las cosas importantes siempre me ha sorprendido. Aunque me sorprenden sus olvidos cotidianos y sistematicos, las llaves, la inscripción, la hora de llegada, sus olvidos mágicos son los importantes: cuando sin rencor alguno borra de su memoria todas las veces que yo por amor, por rencor, por egoismo infantil, he metido la pata con ella. A veces uno se siente solo: depresión de ciudad, posmodernidad, nihilismo gratuito administrado por el estado. Será que la época que nos toco no es propicia para las relaciones humanas reales, será que el hombre es por naturaleza solo y cuando encuentra a alguien, cuando lo encuentra de veras, rompe incluso las leyes orgánicas más básicas...
Yo que no era capaz de olvidar un impermeable...
Janik

[Nuevas sorpresas: Hoy me he dado cuenta, no sin sentirme terriblemente feliz, que estoy en los links de Las historias de Alberto Chimal (wow)][También que el Tallercito Violeta está con un buen ranking en la base de datos de Technorati (aún no sé como apareció allí)]