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2.09.2009

Ensayo de una huída. (Dos: pensando en tí)

El plan del viaje: primero al puerto de Acapulco y de allí todo hacia el norte. Tenía ganas de mirar el rostro del trailero, pero el valor se me había agotado al tocar su fría mano para subirme. Desde la cabina todos los autos se veían chiquitos: el trailer parecía devorar bichitos compactos que cambiando de velocidad huían. Un jueves a las 6.30 de la mañana; salimos de la ciudad rápidamente, los lugares, las imágenes, el frío, todo se embarraban en las ventanas como si los cristales fueran pantallas de televisión. Yo no atinaba más que a ver de frente al asfalto que vertiginosamente se aventaba a los rines del monstruo. El trailero se llamaba Guillermo Juárez; entre un medieval y un presidente pensé. -¿Cómo te llamas?- podría haber sido el inicio de cualquier conversación en cualquier otro lugar...
- Me llamo Ana Eugenia-
Voltee la mirada: tenia los ojos pequeños, amarillentos, la barba mal recortada caía desde las orejas, el rostro birllante y limpio. -¿Haces esto seguido? Es peligroso...- No dejaba de ver de frente, como si yo llevará viajando con él muchísimo tiempo. - ¿Por qué? ¿me vas a hacer algo?- me comencé a reír compulsivamente. Las maquinas del tiempo existen: buscar un viejo enamorado para fingir los besos, gastar tardes con amigo desaparecidos, escuchar La canción de la prepa; pero mejor máquina no hay que volver los pasos atrás y deshacerse, sobre todo, de la sabiduría (volver a hacer las mismas tonterías; como caminar de espaldas). Me ofreció una pepsi, la tome y me sentí feliz al oir el sonido que hacia el envase al abrirla.
-¿Tienes novio?- "No, absolutamente no tengo novio, ni novia, ni nada, sino no estaría aquí, sentada a tu lado..." No, no dije eso, ahí el aire de la aventura viro. El mal agüero. - Si, sin tengo- y dije tu nombre, y hable de ti, reinventandote, mintiéndome. -Si tienes novio ¿porque andas de loca?- el hombre parecía fascinado con mis risas nerviosas, con mis respuestas falsas, pero entonces no mentí: -Hago esto porque hace años que ya no me quiere- esperaba, ingenua, un silencio dramático, incómodo; no, Guillermo se limitó a contestar: - Pasa seguido, pero si fuera por eso verías la carretera como la Sullivan- se río de su propio chiste, me reí con él. Nunca aprendí a superar las cosas como la gente lo hace (y heme aquí, confesandote años deslavados, que en la huída pensaba en tí). El radio comunicador comenzó a dar avisos de rutas y señalamientos. Mientras él atendia, yo volví a pegar el rostro en la ventana ¿por qué había dado tu nombre como el nombre de mi novio inventado? ¿por qué si podía inventarme mil nombres más bonitos? La imágenes se sucedían espesas en el vidrio: llevabamos carga llena para descargar y cambiar en el puerto. De pronto comencé a rezar los lugares: allí te conocí, allí comimos, incluso tu ausencia se nombraba: allí no fuimos nunca. Pensé en hacer de mi nuevo acompañante tu marioneta, tu actor substituto. Entonces caí en la cuenta; a Acapulco tampoco fuí nunca contigo... Quizás había abordado la máquina del tiempo equivocada.