
en una plaza
poblada de palomas extranjeras
te reencontraré algún día.
distinto todo
sin el abrigo oxford
que colgaba de tus hombros
colgantes
sin tu aire aporético
de burócrata libre,
sin tus bufetes de chinos
en el vientre puntiagudo,
sin país alguno
esperando caudillos.
sin mi.
Y yo seré otra
de intentar tanto
ser la misma
para que a tus ojos,
(que no serán los tuyos)
reconocieran
lo que tu creaste.
La plaza,
con su catedral bizantina,
pondrá los dedos en la línea
que guardaremos
hasta ese momento
para ser pronunciada:
No hay más tradición,
para nosotros,
que el abismo.
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