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9.02.2009

Felicidades Becerrina

A veces se tiene la firme sensación de que se avanza (¿hacia dónde? hacia cualquier lado, hacia enfrente, hacia un lugar que es un no aquí); algunas veces la sensación se tiene por el propio movimiento, porque uno deja un lugar por otro y así se avanza (o se retrocede, depende de donde nos situemos en la calle). Otras veces: y esas son las más reales se tiene la sensación de que se avanza porque otro, diferente a uno mismo, se ha movido.
Cuando uno se mueve comprender el propio movimiento es difícil pues siempre está el velo de la subjetividad; cuando otro se mueve se tiene la certeza de que se ha movido, de que ha cambiado de lugar, de que el espacio se ha sucedido: pues puedes ver su cambio con tus propios ojos.
Hace unos minutos me habló Avril: y tuve entonces la sensación vertiginosa del movimiento, un movimiento gustoso que invita a uno mismo a moverse (como ver caer a la alberca a alguien que se aventó del tobogán, cuando uno aún se está agarrando al otro extremo).
-Por las que no apostaban- dijo ella, hablando de la discriminación del turno, del nuestro no compromiso y de todo el discurso sobre nosotras desde el otro lado. Claro, pensé, aunque quizás aceptaba de ambos bandos (triste hablar de dicotomías) algunas cosas.
Sin embargo no hay que confundirse: lo verdaderamente gustoso no es la beca, ni el dinero, ni los libros publicados, ni los premios: no, nada de eso, pues de hecho, como bien ha dicho ya él, el reconocimiento corrompe.
Lo importante aquí es el valor para cambiar; el riesgo de exponerte en una mesa, de pasar tus textos por el ojo bisturí, de atreverte al movimiento, solitarioo en conjunto, y a tener la esperanza inocente, atraverse al cambio.
Lo importante pues es el movimiento; el no quedarse en el mismo lugar, en lo que sea que eso se traduzca.
Salud por los pasos que se dan.¡Salud!
Janik

1.01.2009

"Que extraña forma de medida es el tiempo", esas fueron las palabras de Astrid en su primer mensaje del año. Mi respuesta fue simple: "No hay medida suficiente cuando se está a tu lado".
Al final o al inicio del año, da lo mismo, el teléfono sonó como no había sonado hace mucho. Primero la "A"... ah, no, primero Damián; el mismo pero otro, porque sólo él ha logrado revivir en mi esa pasión misteriosa de comprender que la amistad perdura incluso a los cambios de persona (¿de cuerpo, de vida, de destino?) El tono de su voz y yo, como sé que no debería, dependiendo de su risa como hace tanto. Luego hablé con Vera, mi amiga de la secundaria que trabaja ahora conmigo en las reseñas educativas (otro bussines que será luego aquí promocionado), me dijo de nuestro compañero galan-exnoviodeella-yupieboy: "Es todo un Don ahora, hasta viste de traje y no habla de sexo". Me reí, imposible imaginar a ese chico exhibicionista sentando cabeza. Luego una seríe de mails encantadores contagiados del espiritú año nuevero (que si es cliché o no, o si es cursi o lo que sea me viene ya valiendo un cacahuate: Natalia Gottdiener alabando dar un paso en falso, otro de Miriam Muedano invitando a darle "que es mole de olla", Lydia desde Alemania con una semblanza onírica del otro lado del charco, y pa´terminar una estocada precisa de la Trompetista de Falopio, haciendo que un puñado de direcciones de mail se conviertan ante mis ojos en algún tiempo de cofradia, de secta masónica: "Los considero una parte importante de mi vida"...
Desperté de golpe de un aletargamiento de traducciones de francés, investigaciones bibliográficas y trabajos de media noche. Como el agua que se aclará después del movimiento, descubrí que estoy en calma, de esperanza con el corazón hinchado (entre otras hinchazones menos favorables como las amigdalas y la barriga). Nuevos turnos nos esperan por los turnos que tomamos: la máquina de tickets de la sección de carnes y salchichonería se vuelve una metáfora alentadora para los que queremos huir "al matadero". El movimiento es tiempo, y el tiempo ha pasado. Envejecido: si, pero con ritmo, de cha cha chá y pasito durangense. De pronto cambie de año,y una sabiduría inconclusa (que es quizá a la única a la que gente como yo podemos aspirar) vino de golpe: ni la circunstancia precisa, ni la gente o la emoción indicada, ni el diálogo correcto existen, unicamente una sinfonía delicada que exhala cualquier contínuo o breve encuentro azaroso. Me detuve entonces a escuchar el delicio allegro que tocamos.
Esperando la nueva música
Tzitzi Janik