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9.09.2009

Pasatiempos del Tallercito Violeta ¡Encuentre las tres diferencias!

¡Encuentre las tres diferencias entre Jorga y Jorge!






































(Respuesta: 1. Jorge está tomando agua y Jorga no 2. Jorga viste de rojo, Jorge de azul. 3.Pulseras en la muñeca de Jorge)

¡Sí! Si usted es observador debió de haber notado: ¡traen el mismo peinado!

8.02.2009

Mujer que sabe latín...

Resulta que en el curso de Vasconcelos asistía una niñita como de catorce años (la cual dio a Jorge su mayor momento de gloria al llamarlo: Super Adulto (Chacha-chaaaan) (léase con la música de entrada de superman). Resulta también que asistió al taller mi dulce hermano de 14 años, Kaeri, mejor conocido en mi casa como El monstruo (Bajo mi tierna instrucción se leyo la Odisea en un día(¡No, no Irlanda, no sustituyas tierna por terrible!¡Ash!)). Resulta que las hormonas de los 14 (¡oh juventud!) hicieron efecto y se echaron miradillas y sonrisas de pasión mesurada (digo yo, quién sabe... jajajaja). Y resultó pues que la muchachita al final del curso se le acercó a mi hermano a despedirse y pedirle "el mail" (oh, cuanto daría porque en mi época hubieramos pedido el mail y no el horroroso teléfono frente al cual el pánico de oir in live la voz del otro era impedimento para que cualquier dedo marcara....).
Y: ¡SOPAS!
Que mi monstruo se hace del rogar y abrió a la escultural damisela (ay mijo, estaras tan bueno debí de haberle dicho, porque la muchachita con sus 14 estaba hasta para mi plato...) (no, no desearás la adolescente del hermano) (¡ah!¡cállate Tzitzi!).
¿Pero qué paso aquí? Tuve que preguntarme cuando vi semejante desaire a la muchachita... sobre todo porque mi hermano se la había pasado hablando de ella toda la semana...
"Es que no me gusta que las mujeres sean más inteligentes que yo, me intimidan demasiado"

¿QUÉ QUÉ?¿CÓMO? ¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHH!

¡Si, tanto ilustrarte, tantos griegos, tanto latino, tanta literatura e historia y museos y llevar al chilpayate a los cursos de ajedrez, las clases de francés, los libros de filosofía infantil y media jalada más al más puro estilo de "Rousseau" moderno, para que me ande diciendo estas bestialidades! Claro, la muchachita se inscribió solita, se chutó el curso con los super-adultos (además tampoco era tan genial del todo...), no se intimidó con que mencionáramos miles de libros desconocidos para su persona, y encima de todo tuvo el valor de pedirle el meil. Y el Kaeri se tuvo que chutar 1.30 minutos de reprenda no-amigable de parte de Gabriela y mía de porque gracias a hombres como él (bueno, pubertos) existe esa frasecilla horrorosa de "mujer que sabe latín ni tiene buen uso ni buen fin". (Y luego para colmó se defendió diciendo que sus novias (si señores en plural) no eran TAN tontas (AAAAAAHHH) (¡He creado un Jorgito Posadita cualquiera!...))
Mi mamá dice que le de chance que es la edad de querer impresionar a las muchachas, y yo digo: Que queda aquí acta muchachito, que si sigues así te confizco tu libro de Stephen Hakwing, te aplicó la del hielo y le dejo de hablar a tu novia la porrista, ¡Te me corriges antes de los 16...!, digo sino mejor te hubiera dejado bruto, así no habría sido difícil que hubiera más inteligentes.
AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHH....snif, snif, bueno, contado esto, y dejado constancia de los hechos, partó a llorar el monstruo creado jugando los sims (¡!)...
Janik

7.24.2009

modelado en barro


...entre a la clase quince minutos tarde, como siempre,y como últimamente en la compañia de Gabriela, ambas con el paso tranquilo y toda la inconciencia del mundo con respecto a cualquier reloj y cualquier manecilla...

Cuando entré al salón había cerca de veintitantos inscritos, en el fondo perdiéndose entre tantos, con camisa caqui una talla más grande y unos jeans deslavados estaba Jorge. Entre cruzando la mitad del círculo, contrario a otros años, me presentó; "ella es Tzitzi",a lo que yo contesté: "La ayudante general del jóven", alguna que otra risa, y yo dije "y ella es Gaby, nuestra amiga". El círculo se abrió y me sente al lado de Jorge. Saqué el libro de cabecera de este curso; la compilación de Jose Vasconcelos de lecturas para niños, el Ulises Criollo y mis plumones. Mientras yo explicaba a los presentes que escribiríamos un ensayo a lo largo del cursillo, Jorge hojeaba el libro que acababa de darle.
Luego comenzó a improvisar...

Habló de oriente, de la racionalidad dividida, de la concepción de occidente, de la construcción del otro, de la literatura, de lo sagrado, de Hegel, del idealismo y el materialismo y de cómo cambiar el mundo, de la raza cósmica...

Algunos chicos alzaron la voz al final del salón, se discutió un poco, Jorge, necio, no dio mucho la mano a torcer... pero es que hay, a veces, algunas necedades luminosas, algunas que se perdonan, es más que se agradecen (hay quienes consensan, quienes toleran y bajan la cabeza o hay quienes indiferentes prefieren ignorar; hay que tener mucha voluntad y mucha pasión para la necedad, sobre todo, cuando implica que de la idea se vaya a lo material, y no al revés, por más que digas... hay que tener tanta voluntad para no pedir perdón a nadie por creer en serio, de verás)(hace quizás más de un año que no nos sentabamos juntos a dar un taller)(el gigantesco cartel rosa que colocaron por toda la biblioteca decía: "Curso-taller impartido por Tzitzi Janik Rojas", me sentí a vergonzada, no, en realidad yo era tan presa de escucharlo hablar como cualquiera en el aula (como el mismo), y no debería mi nombre de aparecer sin el suyo(luego pensé que a él, tanto tanto, no le importa y me sentí tranquila)).

Al final del taller nos presentamos: un desliz del tiempo me hizo saber que no, que ya no eramos los mismos muchachos que eramos hace 5 años cuando dimos nuestro primer taller. Que el tiempo para bien, entre nosotros, había cambiado, pese a los 5 años que hemos estado juntos contra todo, contra nosotros mismos muchas veces, y contra nuestras propias decisiones, siempre un tanto cuanto nefastas y contradictorias. Él se presentó: "Jorge Posada, tallerista en la UNAM y el INBA, publicado en Tierra adentro". Mientras que yo y Gabriela nos presentamos; "Me llamo Tzitzi Janik , estudie filosofía, ojalá que vuelvan y que les guste el curso", Gabriela me la mató: "Me llamo Gaby, a veces escribo boleros sin éxito, y me dedico a la escultura", Jorge puso cara de sorpresa (quizás esperaba una breve reseña de nuestro curriculum como hubieramos hecho años antes), "Si Jorge, Gaby hace modelado en barro, ¿no sabías?"....

("en realidad somos, lo que de nosotros hiciste" tendría que decir como nota personal para ti nuestro epitafio)

Que gusto estar a su lado, poeta, perdón, pequeño ewok

Tzitzi Janik

3.20.2009




en una plaza

poblada de palomas extranjeras

te reencontraré algún día.

distinto todo

sin el abrigo oxford

que colgaba de tus hombros

colgantes

sin tu aire aporético

de burócrata libre,

sin tus bufetes de chinos

en el vientre puntiagudo,

sin país alguno

esperando caudillos.

sin mi.

Y yo seré otra

de intentar tanto

ser la misma

para que a tus ojos,

(que no serán los tuyos)

reconocieran

lo que tu creaste.

La plaza,

con su catedral bizantina,

pondrá los dedos en la línea

que guardaremos

hasta ese momento

para ser pronunciada:

No hay más tradición,

para nosotros,

que el abismo.


2.08.2009

Ensayo de una huída.


Las manos me sudaban frío al salir de la casa. A mis padres les dije que me iba de viaje "con unas amigas", barajé unos nombres al azar y con la mochila de camping llena hasta el tope salí de casa. El truco principal consistía en que ellos no me siguieran, que creyeran que la madre de quelqu´n nos recogería en la mañana. Tenía miedo y al aire frío que se arremolina en la esquina de Loreto me daba en la cara. En una palabra, cuyo acento no podría pronunciar, estaba atrapada toda mi vida; crucé la calle balbuceando. La noche anterior había hablado, en una cafecito del centro, con Gabriela y Jorge, de ella comprendía la complicidad de la aventura estúpida (hubiéramos sido cómplices casi de cualquier cosa, con tal se sentirnos siempre juntas), de él, pensaba que éste podría ser quizás el único hecho que él aceptaría en público como merecedor de respeto. Pase de lado al metrobús, algunas gentecillas se apretaban la pañoleta o el gorro en la cabeza para cubrirse del aire mañanero de un jueves cualquiera. El día tenía una connotación específica; la mujer que fue jueves, no quizás por la inteligencia para desmantelar el absurdo, sino, por la facilidad de ser engañada y construida, en un mismo movimiento, por aquello que combate. Cruce la calle y pare enfrente de la Cava. Desde hace años me había dado cuenta que esa era la ruta de los trailers y camiones de carga para salir de la ciudad, deje mi mochila en el piso y levanté el pulgar: alguno se detendría. El cabello se me revolvía en el rostro, pensé entonces que yo también le debo mucho a quienes han sido gente de mi gente, por ejemplo a Alondra le debía la aventura, el arrojo, la admiro, pensé; nadie nos hubiera convencido de tomar raites; me cambio la vida, para luego desaparecernos mutuamente. No quedaba de otra. Diez minutos con el pulgar arriba y un trailer de dos cajas se detuvo casi dos cuadras adelante. Sus colores rojizos pasaron como un flash. Me quedé un segundo en seco para luego correr arrastrando la mochila. -¿A dónde va?- le grite al conductor, quien se veía diminuto desde la caja del trailer casi un metro arriba. -Para La Paz - contestó. El hombre ni joven ni viejo tendría acaso unos 50 años, tenía esa vivacidad que evita a la gente envejecer por dentro, pese a que el cascarón se eche a perder con mayor facilidad. Me subí al primer peldaño de la cabina, asome la cabeza, varias fotos de algunos niños pegadas en las orillas del parabrisas me dieron seguridad: la sensación de haber ya estado allí (con otra gente, con oto ímpetu, con otro futuro desconocido, pero allí). -¿Me lleva Don?- me veía acaso los ojos y la mitad de la tetera. -¿Hasta allá?- contestó riéndose un poco. -Hasta donde me soporte, y hasta donde le guste- hubiera querido que Gabriela escuchará el acento que me salió, desempolvándome la voz, que sirve para ofrecésele a un hombre sin demasiado compromiso. -Pues súbete- una risa áspera antecedió al hombre abriendo la puerta.
Aventé la mochila, él me tendió la mano, helada y gruesa, me subí. Justo cuando el trailer comenzó a avanzar vi pasar por la ventana a mí padre caminando hacia la parada del camión, rumbo al trabajo. Contrario a lo que esperaba de mí, pegue el rostro a la ventana como un niño que ve a través de la vitrina de una juguetería un nuevo videojuego. Yo también veía un juego: mi vida que dejaba pasar.

11.13.2008

Pequeña respuesta a ningún llamado (explícito), o de la admiración y otras cosas supuestamente caducas

Admiro, aunque sea un sentimiento antiquísimo y anticuado y sea una de esas facetas mías de mí moralidad abuelesca: Admiro. Admiro al maestro Bonifaz y siento,que sería el único hombre con el que me hubiera casado, que me pongo de tapete, que lloro como chiquilla cuando le veo la solapa, diamantina, del chaleco. Admiro al catedrático, con todo el peso de la palabra, que se detiene a hablar con uno, como plática dominguera, que dice palabrotas y siente un poquito de vergüenza, que no sabe bien que pedir en el menú, y que no te ve, como el inútil y teto estudiante de filosofía que eres, y que posiblemente serás toda la vida. Admiro la simpleza. Las líneas que verticales caen sin poder ejercer alguna resistencia, que cortan, que no soportan nada, más que un marco conceptual para el abismo. Por eso te admiro a ti. Porque caes, por el olor a gastado, por la necedad, por decirme de repente que doy el sentido-comunazo y que eso, no puede ser bajo acepción ninguna libertad ejercida. Admiro el juego. Admiro el vicio de vivir en el juego y permanecer ahí, y ya de paso, sin temor a repetirme, admiro al jugador vicioso que no tiene ganas de salir al mundo real (intercambiar el vicio por el mundo real es solamente intercambiar la emoción intensa de la simple repetición de un acto, por la repetición compleja de actos cuya emoción se disuelve en la longitud de la secuencia) (y como yo he dicho antes admiro la simpleza)(Será cuestión de adrenalina). Admiro el coraje, la sílaba acentuada de las palabras, la palabra acentuada de las oraciones: el sonido de la voz cuando afirma, o afirma una negación, en todo caso cuando acepta el absurdo sistemático del error como libertad. Admiro las noches de labios escondidos, entre tus cabellos negros. Admiro la mentira (por eso te admiro a ti). ¿Pero dónde está esa afirmación de la caída? Y es que no se puede estar del todo errado.

10.17.2008

quisiera detenerte por primera vez tengo la certeza de que las cosas no son así que no debieran al menos serlo que te arrepentirás como yo de perder a la gente que amas por la estupidez del egoísmo de la verdad será cuestión de filósofo realista o de escritor claro que hay una verdad objetiva a la que al parecer paulatinamente uno se va acercando claro que hay un mundo allí y que uno no tiene la culpa de la estupidez de los presentes de que no comprendan que las cosas son así y nada vale berrear ni chillar ni alzar manifiestos pero no el realismo es cosa en extinción y a veces las ansias de verdad de la verdad son solamente desaforadas jutificaciones a nuestra incapacidad de comprender el fino entramado de las relaciones humanas cuestión de soledad pero me duele el pecho y quisiera abrazarte con todas mis fuerzas y acariciarte la cabeza y decirte una y otra vez hasta convencerte que no que la verdad no vale nada al lado de un amigo que a veces es importante doblar el ego en el bolsillo y aceptar cosas que no son y morderse el interior de la boca del puro coraje para decir perdóname no sé que hice pero estás aquí porque no quiero verte solo de nuevo porque tu soledad se duele en mí amigo por primera vez de tantas cosas imbéciles que has hecho quisiera retrocedecer el tiempo no para cambiarlo sino nada más para dar los pincelazos precisos