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6.27.2010

De porque uno no debe de abrir facebooks después de enviar mails en los que puso el corazón


Me sulfuran las orejas y los hombros solos se contraen. Me caga la madre. Me caga la madre y me tengo que morder los labios y tragarme, esa bola de saliva y bilis que quiere eclosionar de mi garganta. Tan enojada que simplemente quiero borrarlo todo; pasar mi maldito trapo mojado sobre el polvo (como una tormenta destruyendo un jardín zen)... y lo peor es que soy tan buena para eso; soy tan buena olvidando rostros y caras.
Soy buena olvidando; la primera vez borré tanto que llegué a una abstracción con la que estuve tan esperanzada... y si aquella vez lo hice porque no sabía que más hacer, ahora lo haré porque, de repente, como el instante preciso en que una bala te fragmenta el corazón, me di cuenta que de qué diablos valía "intentar hacer las cosas bien" (léase con el tono más baboso, más patético e idiota que encuentre en el stock de sonido), de qué diablos vale intentar hacer las cosas bien cuando la otra persona las va a hacer mal; cuando el otro va "a cometer errores" tan certeros, que sólo se volverán venganzas. De que sirve intentar que nadie se rompa la cara contra el vidrio, si el otro va a lanzarte vidrios al rostro mientras pide disculpas.
Ya no estoy para construir protecciones: ya no puedo ser su guardaespaldas, lo intenté con el corazón en la mano, por mi padre, lo juro... pero ya no puedo luchar por dar lo mejor de mí cuando ni siquiera la lucha se respeta. No había trincheras en el juego, había acaso un par de malinterpretaciones como malos ases sacados de la baraja, pero no había guerras.
Pero si quieren guerras; las puedo construir. Mi capacidad de querer es proporcional a mi capacidad de odiar; o peor... porque de remordimientos no conozco más que un par de souvernirs de la infancia. Ya una vez Oso lo había dicho; eres mejor ex-novia que novia. Claro.
Esto se lo puedo decir a cada ser amado: Podrías haber sido La historia de mi vida, cristal cortado de luz, el recuerdo jamás superado, el parámetro para existir; el punto de regreso como fenix que comienza... pero si tu decidiste degradar los años, fragmentar la esperanza, no me culpes por guardar el último respeto que me queda hacia el amor; la destrucción absoluta.
Nada quedará. Nada; de eso me encargo yo y mis odios pequeñísimos que dejaré crecer con libertad hasta sobrepasar el cerco. Y esa, esa y no las patéticas escusas de adolescente empapado en orines, será mi forma de guardar lealtad.
La próxima vez que me enamore será la última; no estoy dispuesta a pasar de nuevo por esto; no quiero, no puedo. Ya sé como quiero al último y por primera vez, después de tanto hablar con él, ya sé también que quiero: ahora si quiero la casita feliz, los perros, los niños con mejillas regordetas, levantarme toda la vida con el mismo rostro despeinado al lado; que todo sea un aventura y perder el pescuezo con alguien que no tenga miedo jamás de hacer cambios.. pero quiero también alguien que me empuje, que se esfuerce por hacer las cosas bien, que no tenga miedo a contenerse por respetar un ideal, alguien que no sea Hugh Grant, que no deje ir sólo para volver; sino alguien que desde el inicio se quede, alguien que sepa respetar cuando la fogata se apaga y hay que permanecer en silencio viendo las brazas morir (pero adivina que: en lugar de eso... ¡felicidades! Mi último recuerdo será una conversación dolorosa... parece que hay gente que no piensa en la posteridad).
Quiero mi último barco. En ese último barco me quedaré hasta que se hunda; por eso, no abriré la puerta hasta que este segura que quien toque sea capaz de prender estrellas para nunca acabarlas... pero también de respetar la muerte de un astro.
Respetar la muerte de un astro, maldita sea. Puta madre, ¿es que no entienden que la luz sólo se encuentra tan pocas veces...? País de ciegos; ya lo verán; país de ciegos habitamos y un día se darán cuenta que el luto existe porque existe el alma puta madre (no guardamos lutos a cadáveres, a huesos, a pus y vísceras podridas; guardamos luto al alma, al recuerdo) , y cuando tienes la luz y la apagas con el pie como si fuera colilla de cigarro... Helios ajustará sus cuentas, por lo mientras, a mi, ya, hacer las cosas bien, me vale pito.
Janik

6.23.2010

Que paren todos los relojes

W.H.Auden

Que paren todos los relojes, corten el teléfono.
Eviten que el perro ladre dándole un hueso jugoso.
Silencien los pianos y, con un sonido suave
Traigan el ataúd, dejen venir a los deudos.
Permitan a los aviones dar círculos en lo alto
Escribiendo en el cielo el mensaje:ella está muerta.

Coloquen crespones alrededor de los cuellos blancos de
los servidores públicos
Permitan usar guantes negros de algodón a los policías.

Ella era mi norte, mi sur, mi este y mi oeste
Mi semana de trabajo y mi domingo de descanso
Mi mediodía, mi medianoche, mi conversación y mi canción
Pensé que el amor duraría para siempre, me equivoqué.

Ahora no se necesitan las estrellas, sáquelas todas;
Llévense la luna y desmantelen el sol;
Vacien el océano y limpien el fondo;
Pues nada, ahora podrá ser como antes.



6.10.2010


Perder la esperanza debería de haberse convertido en mi pan de todos los días. Debería ya de haberme acostumbrado a que el corazón se colapsa como un simple bing bang diminuto que da paso a un siguiente universo, cada vez más degradado, cada vez más pútrido, pero universo al fin y al cabo.

Pero no suelo acostumbrarme al dolor; comienzo a hartarme. Comienzo a hartarme de mi propia estupidez, de mi propio corazón (incluso de la misma palabra corazón y su retórica de utilería; como llamar entonces a este hato de emociones y sentimientos, expectativas y terribles congojas que me crece en el pecho como un maldito tumor, denso, informe, palpitante, músculo y grasa sin orden).

Tengo ganas de dejar las cosas aquí, y levantarme mañana con otro nombre, otro cuerpo, otro rostro, otros ojos, otro corazón y otra mente, ésta vez una mente vacía, una que nadie pueda amar ni admirar; una mente de barro para quebrarse en una piñata cumpleañera o en un simple descuido de mercado.

Tengo ganas de odiarte y odiarme. Corrección: tengo ganas de odiarlos y de odiarme; por no haber podido, por no haber logrado, una vez más la eternidad y para quedarnos, como siempre, con un montón de triquiñuelas de papel y plástico. A algunos quiero odiarlos por no haberlo siquiera intentado, a mi quiero odiarme por renunciar, por no ser capaz de permanecer con el rostro directo a la luz. Cartas y cartas que se apilan en sobres bajo la cama; ruinas de una eternidad que no alcanzó a ser siquiera construida (claro que la construcción de una eternidad es una tautología de finitud: el acto mismo que comienza la eternidad tiene que ser aquel que le de fin, pues no puede haber finitos en su adentro)...

Citando, a otro anónimo nostálgico, lo único absoluto que queda después del verdadero amor es la muerte: ¿qué otro absoluto?... ¿Y si yo ya no estuviera para absolutos? Y si yo debiera ya de darme por vencida en esta vida y agradecer que ella tocó a mi puerta y que nada quedará después de esos recuerdos (carreteras a media tarde, lluvias de raite, tormentas, casas limpísimas y la cama de mis padres, calles de madrugada con un cuerpo de luz que no merecía).

Peor que el hereje; aquel que toca la luz y la deja ir sabiéndola la única verdad.

Parece que nací para pesadillas de media noche y nostálgicos patéticos; amante de las causas perdidas me gusta romperme el rostro contra la pared y admirar la sangre cuagulada desconfigurar lo que antes fue ¿bello?

(coagulos de sangre que se leen como las líneas de una mano; una nariz desviada, un tabique destruido en direcciones contrarias, pómulos hundidos del golpe, los labios sino arrancados si cortados por el vidrio)

(¿Dónde veré, dónde ví, donde veo de nuevo este accidente?)

No tengo opción. No pienso en la cobardía, al menos no como la de él, pero comienzo a comprender que no soy tan valiente como lo pensaba.

Janik