1.02.2010

Me hubiera gustado decir

que cuando abrí los ojos



seguías allí



pero no sería verdad

(¿eso importaría? me pregunto)



Había libros viejos

descostillados


que nunca nadie leyó



estaba el cuarto que no pintamos

con sus paredes desnudas



y la promesa de un viaje

que desmenuzaste con requisitos absurdos


sobre regresos ininteligibles



Estaba yo

que no sé soportarme


(incluso el dinosaurio y su jauría de críticos literarios se había ido)






tomar el último viaje hacia el último minuto de año

poniendo esperanzas en una línea que no alcanzarás a leer




y luego apretar los labios

(por no tener fuerza para apretar los puños)



y convencerme,

de que no es la primera vez


que pierdo un sueño.





***

(pero Sísifo en mi oído, como cantando, me repite: cada vez que pierdas un sueño sentirás que es más doloroso que la primera vez (pues se te va acabando el aliciente de la esperanza) y (cada vez que ganes un sueño, te sentirás menos ilusionado, pues has ido gastando la vida en tantos espejos rotos))


***

(El Arbol de los espejos: allí habríamos dormido, mujer, si no nos hubieran conquistado los españoles)

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