Me hubiera gustado decir
que cuando abrí los ojos
seguías allí
pero no sería verdad
(¿eso importaría? me pregunto)
Había libros viejos
descostillados
que nunca nadie leyó
estaba el cuarto que no pintamos
con sus paredes desnudas
y la promesa de un viaje
que desmenuzaste con requisitos absurdos
sobre regresos ininteligibles
Estaba yo
que no sé soportarme
(incluso el dinosaurio y su jauría de críticos literarios se había ido)
tomar el último viaje hacia el último minuto de año
poniendo esperanzas en una línea que no alcanzarás a leer
y luego apretar los labios
(por no tener fuerza para apretar los puños)
y convencerme,
de que no es la primera vez
que pierdo un sueño.
que cuando abrí los ojos
seguías allí
pero no sería verdad
(¿eso importaría? me pregunto)
Había libros viejos
descostillados
que nunca nadie leyó
estaba el cuarto que no pintamos
con sus paredes desnudas
y la promesa de un viaje
que desmenuzaste con requisitos absurdos
sobre regresos ininteligibles
Estaba yo
que no sé soportarme
(incluso el dinosaurio y su jauría de críticos literarios se había ido)
tomar el último viaje hacia el último minuto de año
poniendo esperanzas en una línea que no alcanzarás a leer
y luego apretar los labios
(por no tener fuerza para apretar los puños)
y convencerme,
de que no es la primera vez
que pierdo un sueño.
***
(pero Sísifo en mi oído, como cantando, me repite: cada vez que pierdas un sueño sentirás que es más doloroso que la primera vez (pues se te va acabando el aliciente de la esperanza) y (cada vez que ganes un sueño, te sentirás menos ilusionado, pues has ido gastando la vida en tantos espejos rotos))
***
(El Arbol de los espejos: allí habríamos dormido, mujer, si no nos hubieran conquistado los españoles)
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