De noche todos los gatos son pardos... pues bien, entonces, al parecer, mi corazón siempre está a oscuras.
No poder verte la nariz. No hablemos ya de no poder ver tu pupila expándiendose...pero lo intentas, una y otra vez intentas ver tu cuerpo, tus manos, la piel tirante de las palmas de tus manos secas, no por trabajo, sino por el ocio del arte (curtidas están las manos, tanto del pintor como del campesino...mas el arte es ínutil, y el grano necesario).
A veces siento que estoy ciega de tanto mirarme. A veces simplemente estoy ciega y no lo siento.
Mañana te veo (¿podré subsanar, por unas horas, por unos dias, mi debilidad visual ante los otros?). Hace 7 años que no te veo, y aún no estoy segura si debería de verte: ¿Cómo funcionan las despedidas con aquellos de hecho, ya están ausentes? o ¿será que de hecho uno sólo se despide de quien está? ¿será que las despedidas son más que un punto final, una confirmación de la presencia?...
Tanto hubiera querido decirte: tanto hubiera deseado antes, pedirte, abrazarte, tomarte las manos, hombre. Y ahora ¿qué pido, a quién abrazo, qué manos tomo, cómo tomarlas?
No siento nervios. Soy de esas muchachas que pasaban frente al grupo con nervios de acero y a las que se les desplomaba el temple al ver el auditorio vacío...
¿Por qué tan cobardes, tan ausentes, tan mezquinos, tan prudentes, tan deseosos y tan faltos de carácter? ¿Por qué fuimos entre nosotros tan humanos? Humanos demasiado humanos; me falto, hombre, ser silfíde sirena y a ti, te falto ser aquel Ulises, del que ningun rapsoda avergonzado narra nada, que navajeo las cuerdas y abandono sorda su tripulación...
janik