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6.17.2010

Soltando nudos


-Andale, vámonos yendo...- dijo la vida.

Yo no me lo esperaba. Claro, hace más de quince días fui a hablar con mis jefes para despedirme y decirles que no renovaría contrato... que me iba a Francia vivir por un año y que agradecía de corazón la oportunidad de haber trabajado allí. Ayer a medio día me dieron mi carta de renuncia en la UVM. Si, llevaba trabajando un semestre como profesora de Francés y de Filosofía. Fue mi primer trabajo formal como maestra y fue la primera vez que di clases de filosofía y no de literatura como estaba acostumbrada.

A veces uno, cuando es estudiante, cree que los profesores jamás se acordarán de uno, en medio de un mar de generaciones y caras, pero lo que si es seguro es que cuando se trata de la primera vez que das clases es probable que tu te acuerdes más de ellos que ellos de ti. Cuando firmé la carta pensé irremediablemente que ya no vería a mis alumnos estrellas... y me dio tristeza (ahora si pienso en agregarlos a facebook jajaja nomás que van a ver las mamarachadas que escribe su profesora).

Pensé en Amezcua con la cabeza escondida entre los brazos a las 6.50 de la mañana ( si es cierto que "al que madruga, dios lo ayuda" este muchacho tiene ganados por lo menos 5 de los 7 círculos del cielo). Pensé en Peñitas con sus textos de Ipod (Valganme por todos los santos de las tareas, el muchacho entregaba todas sus tareas, claro,y con frases llegadoras en sonido stéreo... ¡pero alguien hágale entender que un Itouch no es una máquina de escribir!) y claro, pensé en Dady-Yanke-mexican mood... jajaja mejor conocido aquí como el alumno papito: en el Héctor y su bullying desmedido (me cae que hasta el Coco se cuida de él) y de su inteligencia audaz, que agradecí como él jamás tendrá idea. Lo que más se agradecía era su buen corazón, debajo de la vestimenta dady-yankel y su rudeza de vete a la versh...

El martes voy a entregar sus calificaciones. Hoy estoy de nuevo, oficialmente desempleada, pero cuando salí de la UVM no pude evitar gritar lo más fuerte que pude: de hoy a Francia me quedan exactamente 99 días. No tengo mucho dinero (o casi nada si tomamos en cuenta que las rentas en Paris son de 7,000 pesos cuarto/mes) (¡puente allá vamos!...es en serio T__T) tengo una tesis esperando como novia de balcón y un nudo en el corazón por dejar a mi padre, una promesa en Estambul y la conciencia de que será la locura más grande de mi vida, y claro, tengo, como creo que nunca antes en mi vida; miedo.

Tengo miedo, mucho, miedo del bueno, del que te hace sentir adrenalina en las piernas y sudar las manos y llorar quedito a media madrugada. (¡ah, que hermosa palabra es "quedito"!).

El miedo es maravilloso; cuando sabes que lo superarás; cuando sabes con certeza que en un momento, no sabes cuando ni como, darás el paso completo al aviso.

(cayendo, el cabello revuelto por el aire, burbujas de ropa intentando contener el viento, los músculos tensos, la certeza del golpe, de los huesos rotos, los labios secos, entrabrir los ojos, el horizonte infinito, el vértigo que prolonga el instante, tensa la mandíbula y casi al final, la dulce idea de una larga convalecencia en un hospital con la ventana abierta al sol).


Janik

3.09.2010

...las historias continúan...



To be continued al final de una película significa que habrá segunda parte; que la cosa no termina allí. En la segunda parte, o en la tercera, o en la quinta según el churro cinematográfico que estemos viendo, se llega al final. Las películas no pueden terminar nunca con "to be continued". Lo mismo pasa con los libros; cuando lees un libro te haces cómplice de un plan y lo sigues hasta sus últimas consecuencias: Melquíades abriendo el libro, Pereira entregando los pasaportes, Julieta tomando el veneno. Entonces la historia termina: todos los puntos temporales del libro convergen y todas las posibilidades se cierran. Fin. Lo demás es especulación, pura habladuría.

Gaby me dijo que en la vida real las cosas no pasan así: las historias siempre continúan, continúan y continúan. No hay letrerito de END.... y eso se nos olvida.

Vamos por allí actuando como si al dejar de ver a alguien la historia terminara y la persona desapareciera en el aire como pompa de jabón... Tu crees que por dejar de hablarme, que por dejar de vernos, por dejar de compartir tardes de Coyoacán la historia terminó. Pero no; terminó quizás el momento en que los personajes convergen, la escena compartida, pero la historia no. La historia sigue; como en esas películas holandesas de pantallas divididas. Las personas siguen y en muchos casos la historia sigue sólo que no explícita. No porque cierres los ojos, amigo, desaparezco... aunque sería lindo reventar a la gente como pompas de jabón y así eliminar las posibilidades negativas, siempre latentes, de regarla (el paso del tiempo no es más que la constante posibilidad de regarla en un momento subsecuente).

Melquíades cerró el libro y volvió con los gitanos tal vez, o volvió a errar y poco sabemos sobre en qué pueblos, con qué polvaredas. Romeo y Julieta fueron enterrados después de profundas peleas por los títulos de las tumbas. Pereira se volvió a casar.

Guardado dentro de uno están todos los"to be continued" imposibles de cerrar.

Janik

1.13.2010

Y la semana permanecerá, con sus cadalsos, sus agujas, la diarrea, los vacíos, el vientre dolorido, el pasillo con vidrios rotos, los platos sucios


Esta semana es una de esas que quisieras borrar de tu vida. Esta es una semana que no debió de existir: es la prolongación de una guerra comenzada por nuestros ancestros y cuya causa hemos ya olvidado (será que los nietos y bisnietos sólo conocen la guerra y de ella no pueden huir; pues nadie busca lo que no concibe). Pensaste que sería el final de la guerra, pero olvidas que tu necesitas Hiroshimas, que la diplomacia no les nace, mucho menos, cuando hay códigos caballerescos de por medio.

Esta es una semana poblada de vacíos; puedes contar con una mano los agujeros negros que han colapsado en tu existencia (veintitrés años es tan poco y sin embargo tu mentecita enajenada ha comenzado ya a olvidar). Entre cierras los ojos e intentas vislumbrar estructuras que te están vetadas, y que, según parecerás decidir, lo estarán siempre.

¿A dónde se va la calma? ¿A dónde la paz, la tranquilidad, las ganas de salir, las hondas respiraciones? ¿Por qué las emociones no son tangibles? ¿Por qué la gente puede permanecer dormida? ¿Por qué decidir, aceptar y conformarse?... ¿Por qué y cómo darme por rendida?

A veces olvido que he aprendido, porque me gana la esperanza. A veces pienso que quizás no he aprendido nada sino que he acumulado meras reglas de seguridad, y otras tantas me encuentro a mí misma, necia y tristísima como la mosca de Bonifaz Nuño...

¿Cómo juzgar circunstancias, actores, guiones, expectativas?... ¿Cómo decirle a Unamuno, que no estás de acuerdo con tu papel? ¿Cómo explicar al autor que ya no estás para cuellos de botella?

Esta semana es como una montaña rusa a riesgo de colapsar... pero tu ya no puedes, y nadie te sostiene, y nadie lo hará, y sientes como los brazos salen del carrito y luego la cintura, y las piernas como una muñequita de papel que se balancea en el aire y cae. No tienes ni su carisma, ni eres hija de dios, ni tienes nada de lo que él tenía pero deberías aprender de él: nadie estará ahí para salvarte, nadie se subirá a la cruz para curar con su lengua las heridas (y eso que él salvó naciones, pueblos, regimientos). ¿De dónde sacas que alguien te sostendrá cuando ya no puedes? ¿De dónde mereces lo que nadie hará? (Quizás de allí lo mereces; quizás tu patetismo sólo merece imaginarios).

Y es que la esperanza te hace romper promesas; es de hecho ella tu mayor enemiga. Te prometiste libertad y salir corriendo tras el pitido de un juez imaginario, te prometiste no más contrato social, no más expectativas, no más imperativo categórico.

Prisión perpetua a quien deje que las palabras se vacíen... a quien diga algo de lo que no se hará responsable, a quien diga algo que abandonará, a quien diga ingenuo, pensando que la palabra y la acción son inconexas. Aunque tenga razón, no más Baruch Spinoza... no para mí.

Y luego, estúpida, escribes tus reglas para destruirlas: ¿Qué no desterraste del amor a los cobardes, y dónde la enseñanza de Toy Story? Más importante aún ¿Y dónde el no menos para ti, no sólo por ti, sino por ella? Entonces te doblas de vergüenza, no sólo porque te expusieron (sin quererlo), sino porque te comienzas a parecer a aquellos que escriben para cristalizar un manifiesto ético que no tendrán el valor de llevar a la practica, aquellos que viven de la letra porque no dan el paso a la realidad. Avergüénzate de ti, mira tu rostro patético y pretencioso y baja la mirada y humíllate.

De nuevo te crece un coraje del vientre, porque te cagas de miedo de ver al rostro a la tristeza. Y sabes que la semana no se borrará, ni mejorará de seguro, sabes que seguirán los cómodos, las agujas, los silencios, las indiferencias y tu caminar cansadísimo por una calle larga y sucia. Y sabes que hay valor allí donde tu no lo alcanzas a vislumbrar, pero, ingenua de tí, no olvides, que también hay apariencias; y no puede tu esperanza transformar los conformismos.

Igual no importa, tu ya no tienes miedo.

9.17.2009

¡Todo el mundo está triste y ellos no lo saben; su felicidad es fingida, pobres!

Hoy encontré a una vieja compañera de la prepa en la cafetería de la universidad: se veía igual, peor aún, me veía igual, con el mismo viejo antaño odio. ¿No habrá escuchado en estos años que: Ya lo pasado pisado?
Cuando paso a mi lado la escena fue: ella pequeña, delgada y fina y yo como una gran gigante a punto de destruir Japón: con una gigantesca mochila, un paraguas, una bolsa de mano y cualquier otro exceso que me hiciera parecer judía errante.

Mi azarosa presencia en la cafetería la molesto: formada enfrente de mí en la fila, hizo un sonoro "ash". Yo me quede callada, éstas situaciones me ponen en jaque: nunca he sabido responder a las agresiones y mi carácter lastimosamente educado me limita a no responder ataques. No sé porque me ponen tan nerviosa estos encuentros; será un viejo condicionamiento, como a una ratita que después haber recibido demasiados shocks teme a cualquier luz titileante; nerviosa pues, me puse a jugar con el celular para fingirme ocupada.

Creo que ella tomó mi acto como indiferencia y molesta alzo la voz para decirle a su acompañante (al parecer antes de que notara mi presencia hablaban sobre algún problema socio-moral-familiar de su amiga): "Tu ya lo sabes, todo el mundo está triste -aquí mucho énfasis- y ellos no lo saben; su felicidad es fingida, ¡pobres!".

Ella creyó que su frase era un buen ataque: claro, me despertó de mi juego con el celular, pero no para lamentarme por "descubrir mi fingida alegría", sino para mirarla con curiosidad: no sólo se veía igual, su pensamiento estaba cristalizado en el tiempo, me había dicho antes ya esa frase; sólo que mientras las dos estabamos en la prepa, eramos amigas y dirigida a otra persona.

Al ver que le prestaba atención ahondó en el tema: la gente no es feliz, pero está tan enajenada que no es capaz de darse cuenta que no es feliz, la tristeza y el patetismo reinan el mundo y sólo aquellos que se dan cuenta de lo patética que es la situación son ciegos en tierra de tuertos. Ladeé la cabeza y la escuché con atención: no, no había cambiado. Era el discurso de una muchacha de prepa, pese a que su bata detonaba que iría en alguna facultad de ciencias; era el discurso propio del adolescente que, frente a la imposibilidad de encontrarse decide por universalización, absurda claro, que nadie se encuentra. La salida fácil de pensar que si uno no es feliz, nadie lo es. La afirmación envidiosa que niega la felicidad de otros sólo para no aceptar el patetismo de que uno mismo es infeliz.

Pensando en su triunfo, pues había demostrado no sólo mi infelicidad sino su intelecto "superior" y "avispado", se sentó en una mesa fuera de la cafetería y siguió hablando muy animada, yo sentada desde dentro la veía hablar, moviendo los brazos, sonriendo y levantando la voz. Yo la recordaba inteligente: pero quizás ahora tengo que reubicar categorías antaño dadas. No porque fuera tonta o no, sino, porque parece que fue incapaz de romper la barrera del pensamiento rebelde, pero ingenuísimo y simple de la juventud.

Me daban ganas de decirle que no. La gente (¿tendrá conciencia de alguna acotación en el colectivo de gente?) es feliz; el drama real consiste en eso, en que algunos son felices y mientras que otros son infelices. Que su proposición es absurda pues se reduce a un círculo vicioso pues "donde nadie es feliz, la felicidad no existe y nadie puede serlo." Sería necesaria sobre todo una revisión de su concepto de felicidad: ¿qué es ser feliz: una constante, un estado que se alcanza como la iluminación, un hábito, peor aún, un ideal? (si la gente es feliz o no depende entonces de desde donde tiendas el concepto de felicidad) ¿por qué la gente no habría de ser feliz? ¿qué supuestos y qué impedimentos subjetivos impiden a quien afirme tal frase observar a la gente feliz? ¡Claro que la gente es feliz! El problema radica en aceptar las propias limitaciones, en acotar conceptos y en darse cuenta que una frase subjetiva producto de los propios impedimentos emocionales, no deviene por si misma realidad.

No le dije nada y la mire con curiosidad otro rato; claro que daban ganas de entablar una conversación real para explicar los vicios argumentativos de haberse quedado en el dogma del pensamiento juvenil, pero tal era imposible: hay pasos que uno da sólo o que nunca da. Luego de un rato se fue de la cafetería y yo prendí la lap para escribir esto.

Janik

8.10.2009

No-clases: re contentilla


Hoy comenzaron las clases de nuevo: ¡¡ Y yo ya no tengo ninguna materia pendiente ni debo nada de nada a nadie (jojojo bueno respeto a mi H.H.H. facultad, como 100 pesos a no sé quien, y creo que me deben 200 no Taille de policesé quién tampoco, y unos libros, pero bueno ese es otro tema).
Sólo voy a terminar mi Ruski, mi Franchute (¡Me aceptaron en el curso de perfeccionamiento!) y mi TEEEEEEEEEEEEESIIIIIIIIIIIIIIIIS.
(¿Quería más trabajo o qué?)
¡Olé por empezar una nueva etapa que no incluye inscripciooooneees: Olé, Olé, Olé!