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11.13.2008

Pequeña respuesta a ningún llamado (explícito), o de la admiración y otras cosas supuestamente caducas

Admiro, aunque sea un sentimiento antiquísimo y anticuado y sea una de esas facetas mías de mí moralidad abuelesca: Admiro. Admiro al maestro Bonifaz y siento,que sería el único hombre con el que me hubiera casado, que me pongo de tapete, que lloro como chiquilla cuando le veo la solapa, diamantina, del chaleco. Admiro al catedrático, con todo el peso de la palabra, que se detiene a hablar con uno, como plática dominguera, que dice palabrotas y siente un poquito de vergüenza, que no sabe bien que pedir en el menú, y que no te ve, como el inútil y teto estudiante de filosofía que eres, y que posiblemente serás toda la vida. Admiro la simpleza. Las líneas que verticales caen sin poder ejercer alguna resistencia, que cortan, que no soportan nada, más que un marco conceptual para el abismo. Por eso te admiro a ti. Porque caes, por el olor a gastado, por la necedad, por decirme de repente que doy el sentido-comunazo y que eso, no puede ser bajo acepción ninguna libertad ejercida. Admiro el juego. Admiro el vicio de vivir en el juego y permanecer ahí, y ya de paso, sin temor a repetirme, admiro al jugador vicioso que no tiene ganas de salir al mundo real (intercambiar el vicio por el mundo real es solamente intercambiar la emoción intensa de la simple repetición de un acto, por la repetición compleja de actos cuya emoción se disuelve en la longitud de la secuencia) (y como yo he dicho antes admiro la simpleza)(Será cuestión de adrenalina). Admiro el coraje, la sílaba acentuada de las palabras, la palabra acentuada de las oraciones: el sonido de la voz cuando afirma, o afirma una negación, en todo caso cuando acepta el absurdo sistemático del error como libertad. Admiro las noches de labios escondidos, entre tus cabellos negros. Admiro la mentira (por eso te admiro a ti). ¿Pero dónde está esa afirmación de la caída? Y es que no se puede estar del todo errado.

8.19.2008

¡oh my good!

me fascinan las caricaturas grotescas. las caricaturas terribles, abobinables, vulgares e ilógicas me hipnoptizan. adult swim, la casa de los dibujos, los hijos del carnicero, cualquier trazo sin sentido e irrelevante, incluso me choca la crítica social, la toma de partido, el cinismo: quiero irracionalidad pura, estupidez, sera el cansancio de pensar dice mi padre cuando ve mis dibujos horribles, a veces ni siquiera le gustan a mis hermanos... sera que empecé muy chica con ay monstruos! en nick, o que cuando todo el mundo odiaba ren y stimpy yo eran fan de los trazos exagerados en las venas de sus ojos, o mejor aún en rugrats... sera que la sangre, la porquería, las tripas de ichi the killer saliendo sin control, los comentarios obscenos de caballo negro... no tengo la más mínima idea... sera que un día de estos que agarre valor me paro frente al psicoanalista y le digo: si, su majestad: yo me excite con pink flamingos... pero bueno, será otro día, que hoy, después de estás confesiones cibernéticas, tendre que llegar a la aceptación y cambiar de tema de tesis: lo grotesco como estética, o una apología (una vez más) para excitarse viendo a la divina de pink flamingos, orinando el trailer de los tratantes de blancas, o comiendose en vivo y en directo y a todo color, el mojon de un callejero canino... y bueno, por mera moral momentánea les advierto, este gusto adictivo tiene efectos secundarios, puedes por ejemplo terminar pensando que morocha amorocha es un sex simbol, y que frylock podría ser sin dudarlo, el hombre de tu vida...

9.30.2007

Ojos de canica para mis tiros mentales. [Textos sacados del baúl]

Necesito alguien para obsesionarme. Mi obsesión es mi compañia. Y no es lo mismo que el amor o el cariño, esas son otras cosas, otro tipo de construcción más tangible, más real: menos estructuralista. Y la necesidad va creciendo, abarcándome. Cuando era niña me obsesionaba con las canicas: las ordenaba por color, por tamaño, por la nubosidad o transparencia, por el ojo de gato que me devolvía la mirada. (Confieso incluso que algunas tenían nombres: nombres que no correpondían a palabras sino a sensaciones córporeas) Jugarlas, pasarlas entre los dedos y lanzar tiros imaginarios sin importar dónde me encontrase. La obsesión fue creciendo: en últimas fechas colecciono personas imaginarias que vuelvo a inventar, claro con referentes reales, con cuerpos tangibles. Platico con ellas, las hago participes de mis fechorías e incluso me molesto de sus necedades. Pero no basta, es necesario una obsesión que te nutra más, que te alce más, que sea más fuerte que el amor: he creado de alguien, un personaje, le he puesto nombre: lo he convencido de que es mío y que yo soy de él a fuerza de narrador omnipresente. Me obligo a pensar en él para sorprenderme pensando de eso en momentos inoportunos. Luego pienso que sus hermosos ojos son canicas; los pongo entre mis dedos y lanzó tiros.
Janik

12.19.2006

(Emisión Puerto Vallarta)

Gerardo Deniz
PROMISCUOS

SOPA de víboras, hervimos –uno entre todas, una entre todos-
jugando a la melosos, intercambiando palmos, decímetros.
Hechos de retacería. Cruzándonos.

Recuerdo de quién fue la parte que aquí tuviste.
No innata casi. De eso poco queda.
Dónde la entregas ahora,
por qué calle, en cuál número, sobre qué cuatro patas.
Lo mejor que damos era de alguien nos lo dio.
Lo mejor que dimos lo mas alguien de alguien.
Crossover.
Este tramo arcoíris que reparto al azar, tuyo,
¿de qué ajeno procede?
Como te quiso, dirían los crooners,
para haberte dejado lo que ofrezco sonriendo y jadeante.
A estas horas ya nada es ya de nadie. Quiasmas.

O ese pálpito –ligeramente abyecto-
que llega a veces raras,
¿será cuando al ir devolviendo nos devuelven,
casualidad desde a quinta o séptima potencia,
un segmento que fue propio muy de veras hace siglos,
y sin reconocerlo nos retorna – pulsado, tostado al sol,
milvivido:
intacto?
***
INQUISICIÓN

No es el amor quien muere
somos nosotros mismos
.
No cura el tiempo. El tiempo verifica.
Cuando llame
abrir pronto,
que se instale en la cocina a calentar hierros y aceite, prestarle las tijeras , la piedra de amolar.
Luego, en el patio, en medio del círculo aterrado de niños y vendedores ambulantes,
aullar a cada gota ardiendo, convulsionarse bellamente bajo cada sabia incisión hecha pour voir
y al fin dar las gracias –no cuesta- por el certificado (válido hasta mañana):
que aún vive, que aún le vuelve la saña;
hay tejidos chirriantes; otros , aunque cedizo responde todavía.

(Me agradecen que aquello pasó
-aquello que dolía por las tardes bajo mi filo perpetuo
disfrazado de esquina, de fecha, de cáscara-,
sin saber que ahora es signo de miasis en progreso; no asunto nuestro ya.
Huyendo de mis pruebas dio a la muerte una parte
y me llaman –otra vez- curalotodo. Yo no curo. Ni mato. Yo sólo
verifico)
***
Poemas de Gerardo Deniz, encontrado en hojas espejos en Gatuperio. Así de repente, encontramos algo de alguien que esta hablando por nosotros o que nos esta hablando a nosotros exactamente de lo que hemos vivido. (Hay algunos que pertenecen a nosotros sin que nadie lo sepa). No podemos hacer completamente cerrados los recuentos de "la vida" . Por eso es hora de los recuentos de fin de año. Inevitables.