Toda bitácora corre el riesgo de ser abandonada. Sin embargo "el riesgo" es algo muy subjetivo: ¿Cuándo sabes que el riesgo terminó y que ya estás a salvo? Por ejemplo... hasta hace unos minutos, antes de que me sentara a escribir esta entrada, El tallercito seguía en riesgo de ser abandonado... pero... aunque escriba esto... el riesgo sigué allí... aún cuando lo publique el riesgo sigue allí... porque si bien podría no pasar ahora, podría pasar después...podría pasar que de repente me detuviera
Lo mismo pasa al revés, biengloriadas sean las dicotomías, El tallercito estaba en riesgo de ser abandonado; pero ese riesgo no era absoluto; no era el fin. Siempre estaba la esperanza de que volviera, y escribiera esto.
En realidad creo que siempre estamos en riesgo de algo; lo que la gente llama riesgo es el riesgo de algo negativo, pero como tampoco creo en la existencia de "lo negativo", como un malo de Marios Bros, estilo Koopa troper, cuya maldad sea identificable porque hace saltar a Mario fuera de la pantalla hasta ver el letrero de Game Over, llegó a la conclusión de que ni existe lo negativo, ni el riesgo.
Y si bien uno puede dejar de escribir, lo que uno no puede hacer es dejar de vivir.
Vuelvo a escribir aquí porque necesito contar algo. Poco a poco. El primer paso sería decir que me he enamorado de un desconocido, y que en realidad está entrada, es una escritoria aleatoria, para dar paso a una telenovela, digna de televisora colombiana.
--Aquí apartado musical instrumental por favor--
Luegos bombos.