Yo tenía ganas de llorar en frente a la pantalla del computador mientras del otro lado, mi madre, me escuchaba.
Yo estaba sola en Paris a punto de quedar en el desempleo en el que ahora estoy, sin seguro social y con necesidad de médicos, con los papeles de mi visa (y estancia legal) perdidos por la burocracia francesa y en teoría encerrada migratoriamente en Francia, y encima con un vuelo de regreso a México incierto y con los pagos del trabajo atrasados.
Mi madre, con toda su sabiduría, incluso de buen humor, me escuchó quejarme al menos cuarenta y cinco minutos sólo para contestarme: "Lo bonito de los problemas es resolverlos". Me quede callada un momento. Abrí los ojos como si a lo lejos viera pasar algún animalito al que estaba a la caza. Me descubrí totalmente inútil quejándome y al colgar el teléfono, salí de mi casa (de mi pequeña casa), con la certeza de que podría resolver todo.
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Hoy Vatan me marcó al celular cuando hacia el mercado; le hice algunas bromas sobre como moriría de hambre este mes porque aquí los jitomates cuestan como si fueran riñones de transplante. No se rió como se suele reír de mis bromas tontas.
-Te tengo dos noticias, una buena y una mala-
Bastaba que dijera que había una mala para saber que no vendría a verme a Paris, aún le pedí la mala al inicio, él contestó como quiso: -La buena es que ya tengo el pasaporte. La mala es que no tendré la visa a tiempo antes de que vayas a Rusia-
Sentí que no quería mover un músculo cuando lo escuché pronunciarlo. Hubiera querido sentarme allí, en el piso del supermercado y quedarme así, hasta que llegara la tardía noche de verano, en lugar de eso le dije:
-Ya lo resolveremos-
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Uno tiene que enamorarse de alguien a quien no puede tocar, coger, morder y lamer, sino sólo por algunos instantes, para comprender porque a Dante se le dio por escribir la Comedia y porque a Orfeo bajo al Infierno. El problema es que el primero recorrío el infierno sólo para descubrir que cuando estaba más cercano al fin del viaje, la sonrisa de Beatriz desaparecería. Con Orfeo, es simple: al final Euridice voltea.
Janik