Conocí a Caroline Wilson sin conocerla y de la peor manera que uno puede conocer a alguien fabuloso; por Facebook. La chica que me contestaba los mensajitos de Facebook sobre nuestro futuro trabajo me pareció pretenciosa y fría.
Nada más lejos de la realidad; y de eso me di cuenta desde el primer momento en que vi a Caroline en el lobby del Auberge de Jeunesse en el que estaba; era una muchacha delgada y tímida pero con un sentido del humor fabuloso y cínico, capaz de darme la vuelta en todo momento, con una paciencia tremenda y con un gran corazón, capaz de ofrecerte así sea su casa para dormir o su dinero cuando tienes necesidad o aún mejor; su tiempo y oído cuando necesitas alguien que te escuche. Igual de atolondrada que yo para unas cosas y con ese fabuloso sabor dulzón del europeo para ver con inocencia cosas que uno ve claras. Paris no hubiera existido sin ella; fue ella la que en el primer mes me acompaño en mi peregrinar sin hogar y con la que caminabamos en la calle sin rumbo con el saco cerrado hasta el cuello. Nos hicimos todo tipo de confesiones en el saloncito cerca del Hôtel de Ville, donde ella vivía en esa época.
Aprendí a decir: "Bloody cat" con acento inglés real, aunque ella diga que nomás alargo las palabras.