5.17.2011

Catalina Skinner

Cuando conocí a Catalina, no pude imaginar lo importante que sería para mí. Ni el maravilloso y complejo ser humano que ella es, y mucho menos que sería gracias a ella que yo sabría lo cercanos que somos los colombianos y los mexicanos, más que con cualquier otro latinoamericano.

Tampoco hubiera pensado que ella fuera una cantante de ópera, que hiciera sopa con papas y huevo, que su cuarto fuera lo más cercano que conozco a una pequeña casita hobbit ni mucho menos que sopeara los pain au lait en la Coca-cola ligth citron, ni que devorara novelas más rápido que cualquier otro lector que conozco ni mucho menos que sus exigencias artísticas fueran tan fuertes, tan determinadas, que su corazón fuera tan grande como para albergar esperanza y realidad al mismo tiempo, ni que le gustará tanto el aguacate como a mi papá.

Me la imagino a veces como uno de los personajes mismos de las novelas de Anagrama que leeemos.

La quiero mucho.