
Llegará el día en que yo no pueda relacionarme sino con los rinocerontes pero no esos apacibles que pastan en la sábana protegidos por National Geographic, no, sino con esos pobre animales que, siendo casi ciegos, se lanzaron a atacar un enemigo imaginario hasta desgarrarse el cuerno, hasta perder la vista bajo una capa de sangre coagulada.
Llegará el día en que los comerciantes del mercado negro se den cuenta que lo valioso de tales mamíferos no es su cuerno afrodisíaco sino la colera ciega con la que atacan, aún si no pueden ver.
[cuántos elíxires habría en el mercado, cuántos condones con estracto de rinoceronte furioso, cuántos multivitanimicos para tomar dos veces al día, cuántos logotipos de rinocerontes para empresas de infomerciales].
La catastrofe es que ningun rinoceronte sobrevive a la extracción del cuerno. La furia, poderosa y sublime, también es orgánica.
Janik