A veces se tiene la firme sensación de que se avanza (¿hacia dónde? hacia cualquier lado, hacia enfrente, hacia un lugar que es un no aquí); algunas veces la sensación se tiene por el propio movimiento, porque uno deja un lugar por otro y así se avanza (o se retrocede, depende de donde nos situemos en la calle). Otras veces: y esas son las más reales se tiene la sensación de que se avanza porque otro, diferente a uno mismo, se ha movido.Cuando uno se mueve comprender el propio movimiento es difícil pues siempre está el velo de la subjetividad; cuando otro se mueve se tiene la certeza de que se ha movido, de que ha cambiado de lugar, de que el espacio se ha sucedido: pues puedes ver su cambio con tus propios ojos.
Hace unos minutos me habló Avril: y tuve entonces la sensación vertiginosa del movimiento, un movimiento gustoso que invita a uno mismo a moverse (como ver caer a la alberca a alguien que se aventó del tobogán, cuando uno aún se está agarrando al otro extremo).
-Por las que no apostaban- dijo ella, hablando de la discriminación del turno, del nuestro no compromiso y de todo el discurso sobre nosotras desde el otro lado. Claro, pensé, aunque quizás aceptaba de ambos bandos (triste hablar de dicotomías) algunas cosas.
Sin embargo no hay que confundirse: lo verdaderamente gustoso no es la beca, ni el dinero, ni los libros publicados, ni los premios: no, nada de eso, pues de hecho, como bien ha dicho ya él, el reconocimiento corrompe.
Lo importante aquí es el valor para cambiar; el riesgo de exponerte en una mesa, de pasar tus textos por el ojo bisturí, de atreverte al movimiento, solitarioo en conjunto, y a tener la esperanza inocente, atraverse al cambio.
Lo importante pues es el movimiento; el no quedarse en el mismo lugar, en lo que sea que eso se traduzca.
Salud por los pasos que se dan.¡Salud!
Hace unos minutos me habló Avril: y tuve entonces la sensación vertiginosa del movimiento, un movimiento gustoso que invita a uno mismo a moverse (como ver caer a la alberca a alguien que se aventó del tobogán, cuando uno aún se está agarrando al otro extremo).
-Por las que no apostaban- dijo ella, hablando de la discriminación del turno, del nuestro no compromiso y de todo el discurso sobre nosotras desde el otro lado. Claro, pensé, aunque quizás aceptaba de ambos bandos (triste hablar de dicotomías) algunas cosas.
Sin embargo no hay que confundirse: lo verdaderamente gustoso no es la beca, ni el dinero, ni los libros publicados, ni los premios: no, nada de eso, pues de hecho, como bien ha dicho ya él, el reconocimiento corrompe.
Lo importante aquí es el valor para cambiar; el riesgo de exponerte en una mesa, de pasar tus textos por el ojo bisturí, de atreverte al movimiento, solitarioo en conjunto, y a tener la esperanza inocente, atraverse al cambio.
Lo importante pues es el movimiento; el no quedarse en el mismo lugar, en lo que sea que eso se traduzca.
Salud por los pasos que se dan.¡Salud!
Janik