
No debimos hablar aquella tarde del pasado (mucho menos cuando el pasado se encuentra tan presente, puntual como minutero). La pequeña mesita en un absurdo café de altavista; no había siquiera una retórica del espacio que permitiera recuperar los recuerdos con elegancia. Eramos (era yo, quizás, solamente) un esbozo deforme que se aferraba al discurso de aquello que paso. Pero es posible que no haya pasado; no tengo testigo objetivo de mi propia historia, si me descuento a mi misma, por subjetiva. Le hablamos a Samia de cuando tenía 17 años: del maldito herradero y su hora de cervezas al dos por uno. Aquella tarde nos pusimos hasta las chanclas, Oso, Alejandro, Gabriela, Laura, Aures y yo (Astrid claro no tomaba)(no toma)). Con los black outs necesarios recuperé sólo una parte de la historia: una bandada de jóvenes terriblemente tetos embriagándose en coyoacán (cuando era lo más inn del mundo) y recorriendo las calles oscuras en una pick up.
Sin embargo el escribiente hoy fue otro, le pregunté a Astrid qué hacían ellos mientras yo me besuqueba con Aures en una jardinera frente a la iglesia (valgame uste´): "Oso me consoló con un café; hasta me tomó de la mano". (seguí hablando, y rogando que la música del cafecito de altavista no se detuviera, que la conversación vanalizará cualquier reclamo a destiempo).
Y es que yo no recuerdo que hacían los demás, recuerdo, acaso que hacia yo, y las voces de un grupo de universtiarios briagos que nos gritaban "si mamis, así"...
La imagen de Oso y Astrid de la mano rumbo al jarocho, hace unos 5 años, nunca la había imaginado.
De cualquier manera es triste, el affiche, la palabra consolar, el hecho de que me falten pedazos de mi historia eternamente, por que los escribientes no podemos compartir los manuscritos.
Relatos que de repente resplandecen, cuando te das cuenta que eres el poseedor de unas cuantas líneas sueltas: de aquí pal real todo es criptografia.
Sin embargo el escribiente hoy fue otro, le pregunté a Astrid qué hacían ellos mientras yo me besuqueba con Aures en una jardinera frente a la iglesia (valgame uste´): "Oso me consoló con un café; hasta me tomó de la mano". (seguí hablando, y rogando que la música del cafecito de altavista no se detuviera, que la conversación vanalizará cualquier reclamo a destiempo).
Y es que yo no recuerdo que hacían los demás, recuerdo, acaso que hacia yo, y las voces de un grupo de universtiarios briagos que nos gritaban "si mamis, así"...
La imagen de Oso y Astrid de la mano rumbo al jarocho, hace unos 5 años, nunca la había imaginado.
De cualquier manera es triste, el affiche, la palabra consolar, el hecho de que me falten pedazos de mi historia eternamente, por que los escribientes no podemos compartir los manuscritos.
Relatos que de repente resplandecen, cuando te das cuenta que eres el poseedor de unas cuantas líneas sueltas: de aquí pal real todo es criptografia.
3 comentarios:
Yo sí me masturbé!
SAludos Tzitzi, Por aquí andaré aullando.
Sabes Janik? Precisamente el fin pasado tuve una aparición de mi pasado remoto...
Pareciera, como bien dices! Que de pronto solo tenemos pequeños capitulos de una obra inconclusa.
Ya me di cuenta de que no debo leer tu blog, no por que no me quiera dar cuenta de cosas... si no por que me duele lo que te duele... y me molesta no poder evitarlo....
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