3.25.2009

deviens


tienes entre las manos

un nombre.

/nada nombra,

nada llama,

ni a nadie guarda dentro/

hoy al negarle la mano

a tu mujer en la mañana

le has dicho

que tienes un nombre tierno

y que debes guardarlo

para encontrarle una cosa que nombrar.

ella no se ríe /ojala hubiera reído/

siente asco al mirarte por arriba del hombro

/otra vez sus cosas de loco,

sus pendejadas seniles

y no tiene siquiera cuarenta/

sales a la calle con el nombre entre las manos

como pidiendo

como mendigo

muestras las palmas para que el nombre elija

aquello que quiere nombrarse

y la gente te mira con lastima

por andar enseñando las manos

mientras miras

y la calle se vuelve pesada

toda llena de sustantivos oscuros

y tu nombre tierno y blancuzco como mancha albina

comienza a arderte

no tocas a tu mujer en la noche.

no comes por no agarrar los cuchillos.

duermes vestido por no desabrochar los zapatos.

ya de madrugada

albinas tus palmas se descarapelan

y no lloras al encontrar el nombre muerto.

cantas.

escribes a manera de primeros auxilios,

pero con el cadáver entre los dedos

nada logras.

por eso escribes.

por aquello que no pudiste nombrar.

en unos años alguien se dará cuenta:

toda su obra son epitafios.

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