tienes entre las manos
un nombre.
/nada nombra,
nada llama,
ni a nadie guarda dentro/
hoy al negarle la mano
a tu mujer en la mañana
le has dicho
que tienes un nombre tierno
y que debes guardarlo
para encontrarle una cosa que nombrar.
ella no se ríe /ojala hubiera reído/
siente asco al mirarte por arriba del hombro
/otra vez sus cosas de loco,
sus pendejadas seniles
y no tiene siquiera cuarenta/
sales a la calle con el nombre entre las manos
como pidiendo
como mendigo
muestras las palmas para que el nombre elija
aquello que quiere nombrarse
y la gente te mira con lastima
por andar enseñando las manos
mientras miras
y la calle se vuelve pesada
toda llena de sustantivos oscuros
y tu nombre tierno y blancuzco como mancha albina
comienza a arderte
no tocas a tu mujer en la noche.
no comes por no agarrar los cuchillos.
duermes vestido por no desabrochar los zapatos.
ya de madrugada
albinas tus palmas se descarapelan
y no lloras al encontrar el nombre muerto.
cantas.
escribes a manera de primeros auxilios,
pero con el cadáver entre los dedos
nada logras.
por eso escribes.
por aquello que no pudiste nombrar.
en unos años alguien se dará cuenta:
toda su obra son epitafios.
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