1.16.2009

Mantenernos


Es cuestión de mantener los lazos cercanos. Eso es todo. No es cuestión de verse cada día ni cada fin de semana ni cada mes: es cuestión de sentir que aunque la distancia cuelgue entre uno mismo y otra persona nada se rompe. Eso pensé cuando ayer por la tarde caminaba en el borde amarillo de la banqueta rumbo a la facultad: ¿durante cuánto tiempo he caminado ese mismo sendero al lado de gente tan distinta, que aparece o desaparece a placer? Recuento de fantasmas.
Desaparecer me da miedo.
Las desapariciones también. Muchas veces me pregunto qué se sentirá llegar a cierta edad y ver que todo lo que en algún momento consideraste tuyo se ha condensado en un recuerdo evocable sólo en una enumeración de sensaciones, imágenes, alguno que otro encadenamiento lógico, pero nada más. Comienza a sucederme. El pasado en realidad siempre se niega: es lo que ya no es, a lo que no puedes acceder de nuevo. Una serie de cuartos cerrados en los que al entrar puedes imitar un entorno, pero no más: paredes pintadas de cielo, de plazas, de cafés, que cuando quieres recorrer te dan un encontronazo en el rostro. Esa inmovilización del pasado es la ruptura, pues el presente es un torbellino en el que pocas veces te detienes a pensar. ¿Cómo mantener los lazos? Eso, aún no lo entiendo del todo, para mi me basta vaciar el corazón, un tanto de humildad y un mucho de mantener, de demostrar querer mantener, la cotidianidad viva con el otro.
También he aprendido que hay cosas que terminan y ya: sin bombo ni platillo, sin resentimientos dolorosos como prolongación forzada, mas bien a la manera de un sueño; no podemos culpar al sueño por terminar cuando nosotros despertamos ¿o si?
Tzitzi Janik

3 comentarios:

Natalia González Gottdiener dijo...

Tzitzi. Me pasa algo parecido los últimos días... Por eso sé que cada día es una presencia o varias y mañana algunas serán las mismas y otras distintas... Y serán las mismas las que tengamos en el corazón, así pasen cinco años.

Ernesto dijo...

Tzitzi. A mi me ha sorprendido cómo esa calle puede volverse otra un día, y después de una semana borrar, casi por completo, el recuerdo de la otra por la que apenas ayer caminabas. Con ella te inventas de nuevo la nostalgia: ¿qué será cuando ya no esté aquí? ¿quién apreciará como el sol va destacando pedacitos de nieve?
Hasta ahora he descubierto que extraño poco. Mucho menos de lo que pensaba. Quizás porque internet ayuda a saber de los que quieres... quizás porque estoy disfrutando mucho.

Unknown dijo...

me suena tan parecido, desde hace tantos años...

solo que yo no puedo olvidar...