10.10.2014

El hilo

No sé cuanto tiempo necesito para escribir sobre el viaje que hemos hecho.

Sólo sé que si no empiezo ahora, no terminaré nunca. Sólo sé que si no empiezo ahora los recuerdos se van a comenzar a fundir en el crisol del sentimiento, que no distingue hechos sino meras emociones. Sé ya de antemano cual será la emociones que permanecerán: el amor (ese amor espejo de la amistad de Platón), el cambio (el miedo al cambio y las ganas de aventura), la solidaridad; la fe.

Quiero encontrarle el hilo con el que comienza la historia; entonces me veo en el aeropuerto recogiendo gente, pegada a la puerta de la terminal internacional del Ataturk como si alguno de mis amigos, o mi familia, se fuera a perder entre los 10 metros que separan la puerta de mi y desvanecerse en el metro, pero entonces mi mente se acuerda de Lidia pidiéndole a su mamá su rizador de cabello, y mi mente viaja hacia atrás, hasta Vera ayudándome a escoger el más hermoso ramo de novia del mundo (porque sí, porque era el más hermoso).

Y de repente me acuerdo de Lizeth y Gabriela... haciendo dibujitos en una mesa para sacar las cuentas del IIIEPE... y mi mente sabe que aún allí no empieza el hilo, que sigue hasta esas tardes junto al jarocho en las que caminaba de la mano con Oso, quejándonos de que no encontraríamos el amor (y mira qué si, que no lo encontré allí, sino acá). Y aún así, el hilo sigue y sigue, hasta una Astrid de quince años, o hasta las bolitas de pelo con formas de pelotas de basquetbol.

Para contar la historia de este viaje, del viaje que por una semana hicieron mis amigos y mi familia, en una tierra desconocida, y que termino con el adiós más difícil que me haya tocado, para contar esa historia, tendría que contar cada una de las historias de ellos.

Veamos.

Qué hacen los muertos

Los muertos cantan.

Los muertos cantan

desde este lado del mundo.

Del minarete se desprende

una voz densa,

como pekmez cayendo de una cuchara.

Con el mismo sabor,

amargo y dulce. 

Del otro lado del mundo,

de mi lado;

calaveritas de azúcar,

y naranja sobre rosado.

Papel multicolor,

que tiembla,

al calor de una vela

que se apaga.

Allá, los muertos ríen,

y de vez en cuando bailan. 

Y te veía...

Y te veía llorar,

cuando sonaba

"Amor eterno" en la radio.

Y los ojos,

rojos,

ambarinos,

se te desbordaban de lágrimas.

Y yo me preguntaba

cuando dejarías de llorarle

a la abuela.

Cuantos años pasarían,

para que el dolor se atenuara.

Nunca,

lo sé hoy,

y los ojos se me desbordan de lágrimas,

en los primeros acordes. 

Bolitas

Padre,

Ya no soy una niña.

Ya no me agarró el cabello

en trenzas que me caigan por la espalda

rematadas de bolitas de colores

(había las que parecían caramelos,

las de moñitos de tela con un corazón en el centro,

las de ranita verde fosforecente,

las de pelota de basquetball).

ahora me dejo el cabello,

suelto, despeinado.

Y el hombre que me ama,

me peina en las noches,

sentada al borde de la cama,

como tu lo hacia,

los domingos antes de la escuela.

12.31.2011

Los recuerdos vienen a mi como si fueran una pesadilla. Me recuerdo cruzando el puente de Charenton-le-pont hacia el Palacio chino. El final del Sena ya gris, ya oscuro, ya revolviendose con un único barco.  Recuerdo Montmartre. Cruzando una callecita larga, larga. Los edificios son en realidad un único edificio que se prolonga: porque allí eso es la belleza, pura prolongación de lo mismo, pura constancia en el canón.

Los recuerdos vuelven a mi y me atosigan. ¿Eso fue real? La casa aquí, siempre la misma., las mismas bolsas de pan en el estante, como si no existiera ni la polilla ni el moho.
¿Y mi padre? ¿A qué horas llegará mi padre; si la casa es la misma, si el sonido, el minutero, las puertas se cierran y se abren igual que antes de su partida?
Pero aquí allí está la vela.
Y los recuerdos vuelven de nuevo doloros: porque algunas partidas son como rompientos. Porque nadie me dijo que al dejar esas ciudades me convertiría en la amante traicionera. La que deja allí, a medias, el lecho. La que parte  del cine a la mitad de la película mientras el otro cierra los ojos y llora.

Pero los recuerdos vuelven pero nada tengo ya  en mi para demostrarlos, sino un girón de mi voz que los evoca.

¿Y es que dónde están los días?

12.29.2011

Vatan

Song for no one.
Canción para ti.
Había una tienda a tres cuadras de la casa.
Al cruzar la placita
Pasabas frente a la fuente
clausurada
donde tu padre se lavaba los pies
(antes de morir)
antes de orar.
Entonces cerrabas los puños
y corrías hasta el final de la calle.
Con el polvo
como una nube de mosquitos
persiguiendo tus tobillos.

Quisiera levantar el teléfono
y llamar a mi padre
como lo hacia cuando estaba al otro lado del mundo.

Irónico hasta la herida
que ahora de vuelta,
él este ya tan lejos.

Medusas de aceite debajo del coche.
Se esconden del sol bajo los amortiguadores,
y yo,
casi con pena meto el clutch.

Manejo sin dirección,
como quien no quiere vajarse del autobus
y llegar hasta la terminal
haciendose el dormido.

Salvo que
con el volante en las manos
no puedo fingir.

Quisiera manejar hasta donde estás
y bajarme con esos calambres en las piernas
que me recuerdan que mi vejez prematura

Pero hay ya un océano que nos distancia

Y ¿sabes?
la anémonas
brillantes
multicolores
se deshacerian
en el mar.

12.28.2011

De años y rodajas

Hay una de libros que no leerá nunca. Es pura estadística: ella cree que puede pero entre el insomnio, el skype y la pereza es una tarea imposible. 

Hay otra tanta lista de cosas que no hara nunca: cosas que desconoce no lograra y que por lo tanto no dudara en intentarlo. Lo que la atormenta no es pensar en el fracaso: ese podría afrontarlo si no fuera por el tiempo. 

El tiempo a comenzado a ser la razón, metafórica, por la que se muerde las uñas. Es un tiempo también metafórico: impuesto por sus complejos de insuficiencia. 

El tiempo para estudiar, para casarse, para tener hijos, para ser o para no ser. Para viajar de nuevo: para ya no permanecer en este país. 
Siempre se supo débil ante las drogas: por eso no intento con la mariguana ni la cocaína ni el LCD ni nada. Le decían cobarde, pero ella prefería pensar que era precavida ante el inminente conocimiento de su debilidad. Nadie le dijo que se haría adicta a viajar: al dolor de espalda, a dormitar en camas ajenas o deambular en el coche hasta altas horas de la noche para terminar en cualquier hostal en cualquier calle de Sevilla....


Por las noches evita vivir para en la mañana poder gastar su vida en nimiedades.


11.06.2011

The morning lies miles away from the night

Ayer Gabriela y yo fuimos al concierto de Beirut.
Yo parecía aburrida, o enojada, o fuera de allí. Y sí, es que lo estaba. Estaba tan fuera de allí como podía haberlo estado ( y un dolor, como muscular, me cimbra el corazón al escribir esto).

"And I will love to see that day...That day is mine...When she will marry me outside...with the willow trees... And play the songs we made...They made me so... And I would love to see that day...Her day was mine..."

Pienso en tus ojos mi amor. Si un día llegas a leer esto, si llegamos allí, a ese día en que mi lengua te pertenezca como te pertenece ahora mi amor, sabrás entonces que pienso en tus ojos, en tus labios, en la suavidad de tu barba espesa desde ese primer día en el aeropuerto. Sabrás al pensarte me dueles tanto que me ausento de mi misma, y se me vacían los ojos como rachuelillos pedregosos en bosques oscuros.

Las trompetas, el acordeón, el trombón.

Atrás, delante y al lado, varias parejitas abrazadas, ellos recargando la cabeza en los hombros de ella, y ellas sonriendo seductoras, tiernas o mínimas.

"The morning lies miles away from the night"

¿Te acuerdas? ¿Te acuerdas de ese día en el que te dije que tu eras mi noche? Los detalles sensibles comienzan a fundirse con mi memoria. Me duele darme cuenta que poco a poco, el recuerdo nítido de sentirte se vuelve más bien el pensarte.

Hago un esfuerzo mayo por mantenerte pegado a mi piel. La música sigue y yo pienso en esa mañana, cuando me besabas junto a la ventana del hotel, yo sentada en la cómoda tocando nuestra cajita musical, yo sentada intentando mirar a las gaviotas que sobrevolaban la gran mezquita azul.
Pienso de nuevo en la primera vez que escuché tu voz. En cómo recorrí con mi dedo tus cejas. En cómo me acurruqué en tu brazo ese primer día. A fuerza de mantenerte vivo en mi piel, me arrastro hacia la cicatriz.
Me duele más tu ausencia entre más intento vencer la distancia.

La primera vez que te ví dormido.
Tu cuerpo desnudo en la ducha.
Tu voz firme al detenerme, siempre que el miedo me desbocaba, como caballo al que abren los ojos.
Tus manos, tibios chorros de agua a punto siempre de ahogarme.

Pienso en los besos a escondidas en el pasillo de tu casa.
En cómo se sentían tus zapatos por dentro.
En Paris desvaneciendo a tu alrededor.
 Y en ese sonido misterioso y lejano que es tu propia lengua.

Ven ya pronto. Pronto.