Hay una de libros que no leerá nunca. Es pura estadística: ella cree que puede pero entre el insomnio, el skype y la pereza es una tarea imposible.
Hay otra tanta lista de cosas que no hara nunca: cosas que desconoce no lograra y que por lo tanto no dudara en intentarlo. Lo que la atormenta no es pensar en el fracaso: ese podría afrontarlo si no fuera por el tiempo.
El tiempo a comenzado a ser la razón, metafórica, por la que se muerde las uñas. Es un tiempo también metafórico: impuesto por sus complejos de insuficiencia.
El tiempo para estudiar, para casarse, para tener hijos, para ser o para no ser. Para viajar de nuevo: para ya no permanecer en este país.
Siempre se supo débil ante las drogas: por eso no intento con la mariguana ni la cocaína ni el LCD ni nada. Le decían cobarde, pero ella prefería pensar que era precavida ante el inminente conocimiento de su debilidad. Nadie le dijo que se haría adicta a viajar: al dolor de espalda, a dormitar en camas ajenas o deambular en el coche hasta altas horas de la noche para terminar en cualquier hostal en cualquier calle de Sevilla....
Por las noches evita vivir para en la mañana poder gastar su vida en nimiedades.