Padre,
Ya no soy una niña.
Ya no me agarró el cabello
en trenzas que me caigan por la espalda
rematadas de bolitas de colores
(había las que parecían caramelos,
las de moñitos de tela con un corazón en el centro,
las de ranita verde fosforecente,
las de pelota de basquetball).
ahora me dejo el cabello,
suelto, despeinado.
Y el hombre que me ama,
me peina en las noches,
sentada al borde de la cama,
como tu lo hacia,
los domingos antes de la escuela.
Ya no soy una niña.
Ya no me agarró el cabello
en trenzas que me caigan por la espalda
rematadas de bolitas de colores
(había las que parecían caramelos,
las de moñitos de tela con un corazón en el centro,
las de ranita verde fosforecente,
las de pelota de basquetball).
ahora me dejo el cabello,
suelto, despeinado.
Y el hombre que me ama,
me peina en las noches,
sentada al borde de la cama,
como tu lo hacia,
los domingos antes de la escuela.