Los recuerdos vienen a mi como si fueran una pesadilla. Me recuerdo cruzando el puente de Charenton-le-pont hacia el Palacio chino. El final del Sena ya gris, ya oscuro, ya revolviendose con un único barco. Recuerdo Montmartre. Cruzando una callecita larga, larga. Los edificios son en realidad un único edificio que se prolonga: porque allí eso es la belleza, pura prolongación de lo mismo, pura constancia en el canón.
Los recuerdos vuelven a mi y me atosigan. ¿Eso fue real? La casa aquí, siempre la misma., las mismas bolsas de pan en el estante, como si no existiera ni la polilla ni el moho.
¿Y mi padre? ¿A qué horas llegará mi padre; si la casa es la misma, si el sonido, el minutero, las puertas se cierran y se abren igual que antes de su partida?
Pero aquí allí está la vela.
Y los recuerdos vuelven de nuevo doloros: porque algunas partidas son como rompientos. Porque nadie me dijo que al dejar esas ciudades me convertiría en la amante traicionera. La que deja allí, a medias, el lecho. La que parte del cine a la mitad de la película mientras el otro cierra los ojos y llora.
Pero los recuerdos vuelven pero nada tengo ya en mi para demostrarlos, sino un girón de mi voz que los evoca.
¿Y es que dónde están los días?
Los recuerdos vuelven a mi y me atosigan. ¿Eso fue real? La casa aquí, siempre la misma., las mismas bolsas de pan en el estante, como si no existiera ni la polilla ni el moho.
¿Y mi padre? ¿A qué horas llegará mi padre; si la casa es la misma, si el sonido, el minutero, las puertas se cierran y se abren igual que antes de su partida?
Pero aquí allí está la vela.
Y los recuerdos vuelven de nuevo doloros: porque algunas partidas son como rompientos. Porque nadie me dijo que al dejar esas ciudades me convertiría en la amante traicionera. La que deja allí, a medias, el lecho. La que parte del cine a la mitad de la película mientras el otro cierra los ojos y llora.
Pero los recuerdos vuelven pero nada tengo ya en mi para demostrarlos, sino un girón de mi voz que los evoca.
¿Y es que dónde están los días?