11.06.2011

The morning lies miles away from the night

Ayer Gabriela y yo fuimos al concierto de Beirut.
Yo parecía aburrida, o enojada, o fuera de allí. Y sí, es que lo estaba. Estaba tan fuera de allí como podía haberlo estado ( y un dolor, como muscular, me cimbra el corazón al escribir esto).

"And I will love to see that day...That day is mine...When she will marry me outside...with the willow trees... And play the songs we made...They made me so... And I would love to see that day...Her day was mine..."

Pienso en tus ojos mi amor. Si un día llegas a leer esto, si llegamos allí, a ese día en que mi lengua te pertenezca como te pertenece ahora mi amor, sabrás entonces que pienso en tus ojos, en tus labios, en la suavidad de tu barba espesa desde ese primer día en el aeropuerto. Sabrás al pensarte me dueles tanto que me ausento de mi misma, y se me vacían los ojos como rachuelillos pedregosos en bosques oscuros.

Las trompetas, el acordeón, el trombón.

Atrás, delante y al lado, varias parejitas abrazadas, ellos recargando la cabeza en los hombros de ella, y ellas sonriendo seductoras, tiernas o mínimas.

"The morning lies miles away from the night"

¿Te acuerdas? ¿Te acuerdas de ese día en el que te dije que tu eras mi noche? Los detalles sensibles comienzan a fundirse con mi memoria. Me duele darme cuenta que poco a poco, el recuerdo nítido de sentirte se vuelve más bien el pensarte.

Hago un esfuerzo mayo por mantenerte pegado a mi piel. La música sigue y yo pienso en esa mañana, cuando me besabas junto a la ventana del hotel, yo sentada en la cómoda tocando nuestra cajita musical, yo sentada intentando mirar a las gaviotas que sobrevolaban la gran mezquita azul.
Pienso de nuevo en la primera vez que escuché tu voz. En cómo recorrí con mi dedo tus cejas. En cómo me acurruqué en tu brazo ese primer día. A fuerza de mantenerte vivo en mi piel, me arrastro hacia la cicatriz.
Me duele más tu ausencia entre más intento vencer la distancia.

La primera vez que te ví dormido.
Tu cuerpo desnudo en la ducha.
Tu voz firme al detenerme, siempre que el miedo me desbocaba, como caballo al que abren los ojos.
Tus manos, tibios chorros de agua a punto siempre de ahogarme.

Pienso en los besos a escondidas en el pasillo de tu casa.
En cómo se sentían tus zapatos por dentro.
En Paris desvaneciendo a tu alrededor.
 Y en ese sonido misterioso y lejano que es tu propia lengua.

Ven ya pronto. Pronto.