Pienso en mi padre. Pienso en su cuerpo tibio e inflamado. Pienso en abrazarle y echarme a llorar en sus brazos. Pienso en agradecerle por esperarme y en regalarle a él y a mi madre, cada minuto desde que vuelva.
Pienso en mi hermana y en sus silencios poblados de ruiditos y bromas. Pienso en mi hermano y en como haremos para perdonarnos mutuamente que el tiempo haya pasado entre nosotros.
Pienso en mi madre y en su fuerza y en sus manos cansadas y en su sabiduría que me guió mientras crucé continentes y mares.
Pienso en mi cama; en mi cuartito con mi hermana como lo había sido durante más de 20 años. Pienso en Gabriela y su voz como de agua violeta, pienso en Astrid y unos coscorrones. En mi calle empedrada. En el viento grisáceo de la unidad. Pienso en Loreto y en Coyoacán. En el coche rojo de mi padre. En las tardes en el apartamento donde todos vivimos contentos y apretados.
Pienso en mi casa. En mi casa, casa, casa, casa. En mi idioma; pienso en mi idioma; en dejar que las palabras salgan de mi boca sin medir los límites de error. Pienso en mi idioma y en mi gente.
Pienso en un desayuno con jugo de naranja, unos tacos de chupas y un litro de leche que no cueste más que mi alma.
Pienso en la comida de mi mamá.
En quedarme dormida junto a mi padre mientras él ve la tele.
Pienso en volver.
Quiero volver.
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7.07.2011
1.23.2010
Mudandose
Nos prohibieron las alfombras ya que pueden tener ácaros y otros miles de organismos terribles para la salud delicada. Estamos cambiandonos de casa sin cambiarnos porque tenemos que vaciar los cuartos para poner nuevo piso. Entonces me doy cuenta que después de vivir 20 años en el mismo lugar, mi casa es como uno de esos cuadritos mágicos matemáticos en donde sólo tienes un espacio y tienes que mover todas las cosas, una por una, con tal de mover un sólo objeto. Han sido largos los días, pero llenos de sorpresas; encuentros con mi pasado en cada esquina, cada caja y cada rincón polvoso.10.26.2009
La casa nuestra

Esta semana llegaron mis primos de Alemania; la casa se puebla y se mueve alrededor de los nuevos habitantes. Mi hermano dormirá, con intervalos, cerca de un mes en la sala y yo tendré que agendar mis horarios para poder trabajar en una casa que con el tiempo parece hacerse más calurosa, más humana pero también más chiquita ( no es que no fuera antes ambas cosas sino que tenía tanta conciencia de ello).
Sigfrid con sus 2 metros 9 centímetros se pasea por la casa alimentándonos el complejo de hormigas (y no por trabajadoras); sólo habla aleman e inglés y tengo que sacar a pasear penosamente un idioma que odio (El inglés) y a orear mis mínimas frases germanas. Él, siempre muy amable, nos mira callado pero muy atento cuando hablamos en español con mi prima (su esposa) y participa alegre en las conversaciones en inglés (esta semana he cometido tantos errores en inglés como para llenar el guión de un especial de comedia... pero bueno). Kristin, mi prima, no había venido en diez años a México, y de repente me da un no sé qué que qué sé yo que para que les cuento: ¿qué decir? ¿qué contar que le interese? ¿qué puedes preguntar? Sin embargo, mi prima, con sus frases hermosas y sus buenos dias sonoros en un español más mexicano que nada, haciendo a su esposo probar chiles, tortillas y papaya aliena la alienación misma.
Es toda una experiencia: porque con diez años más que yo mi casa resulta ser suya; mis padres se regodean en recuerdos familires de un pasado que desconozco (cuando mis primos hace más de 20 años, vivian aquí en México) recurriendo a rostros, chistes, ternuras, que no conocía pero que disfruto como si me estuvieran contando un cuento.
Lo lamentable; este mes tengo tanto, tanto, tanto, trabajo que en lugar de pasarmela con ellos, hago espacio a fuerzas en los desayunos y comidas para luego enclaustrarme en la computadora; entonces es como si escuchara desde mi escritorio una radio novela de mi propia familia.
Hoy mis primos se han ido a Puebla y luego irán a Oaxaca, mientras intento luchar con mi completa ausencia de tiempo por el exceso total de trabajo (¡Esta semana ya van 3 días que me duermo a las 5 de la mañana!), pero lo que si tengo muy claro en estos días son tres cosas: 1) Tengo que desempolvar mi inglés (no, no toda la vida puedo pronunciar como indian student) 2) Quiero aprender Alemán el próximo año y 3) Tengo que escribir la historia desconocida, de mi casa, que en estos días no es mi casa, sino nuestra.
Sigfrid con sus 2 metros 9 centímetros se pasea por la casa alimentándonos el complejo de hormigas (y no por trabajadoras); sólo habla aleman e inglés y tengo que sacar a pasear penosamente un idioma que odio (El inglés) y a orear mis mínimas frases germanas. Él, siempre muy amable, nos mira callado pero muy atento cuando hablamos en español con mi prima (su esposa) y participa alegre en las conversaciones en inglés (esta semana he cometido tantos errores en inglés como para llenar el guión de un especial de comedia... pero bueno). Kristin, mi prima, no había venido en diez años a México, y de repente me da un no sé qué que qué sé yo que para que les cuento: ¿qué decir? ¿qué contar que le interese? ¿qué puedes preguntar? Sin embargo, mi prima, con sus frases hermosas y sus buenos dias sonoros en un español más mexicano que nada, haciendo a su esposo probar chiles, tortillas y papaya aliena la alienación misma.
Es toda una experiencia: porque con diez años más que yo mi casa resulta ser suya; mis padres se regodean en recuerdos familires de un pasado que desconozco (cuando mis primos hace más de 20 años, vivian aquí en México) recurriendo a rostros, chistes, ternuras, que no conocía pero que disfruto como si me estuvieran contando un cuento.
Lo lamentable; este mes tengo tanto, tanto, tanto, trabajo que en lugar de pasarmela con ellos, hago espacio a fuerzas en los desayunos y comidas para luego enclaustrarme en la computadora; entonces es como si escuchara desde mi escritorio una radio novela de mi propia familia.
Hoy mis primos se han ido a Puebla y luego irán a Oaxaca, mientras intento luchar con mi completa ausencia de tiempo por el exceso total de trabajo (¡Esta semana ya van 3 días que me duermo a las 5 de la mañana!), pero lo que si tengo muy claro en estos días son tres cosas: 1) Tengo que desempolvar mi inglés (no, no toda la vida puedo pronunciar como indian student) 2) Quiero aprender Alemán el próximo año y 3) Tengo que escribir la historia desconocida, de mi casa, que en estos días no es mi casa, sino nuestra.
Con cariño
Janik
Alma de bibliotecario:
Ay la familia,
dignidad de la memoria,
Kristin Brunner,
mi casa,
sólo conservaremos los vientos
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