7.07.2011

Casa

Pienso en mi padre. Pienso en su cuerpo tibio e inflamado. Pienso en abrazarle y echarme a llorar en sus brazos. Pienso en agradecerle por esperarme y en regalarle a él y a mi madre, cada minuto desde que vuelva.

Pienso en mi hermana y en sus silencios poblados de ruiditos y bromas. Pienso en mi hermano y en como haremos para perdonarnos mutuamente que el tiempo haya pasado entre nosotros.

Pienso en mi madre y en su fuerza y en sus manos cansadas y en su sabiduría que me guió mientras crucé continentes y mares.

Pienso en mi cama; en mi cuartito con mi hermana como lo había sido durante más de 20 años. Pienso en Gabriela y su voz como de agua violeta, pienso en Astrid y unos coscorrones. En mi calle empedrada. En el viento grisáceo de la unidad. Pienso en Loreto y en Coyoacán. En el coche rojo de mi padre. En las tardes en el apartamento donde todos vivimos contentos y apretados.

Pienso en mi casa. En mi casa, casa, casa, casa. En mi idioma; pienso en mi idioma; en dejar que las palabras salgan de mi boca sin medir los límites de error. Pienso en mi idioma y en mi gente.

Pienso en un desayuno con jugo de naranja, unos tacos de chupas y un litro de leche que no cueste más que mi alma.

Pienso en la comida de mi mamá.
En quedarme dormida junto a mi padre mientras él ve la tele.

Pienso en volver.
Quiero volver.