
Contestarte a ti mismo sin hacerlo a drede, es una de las maravillas de aprender. Alguna vez me pregunté que se sentiría mirar atrás: recordar y no poder contarte a ti mismo de tantos recuerdos. Entonces me preguntó: ¿De que material está hecho uno mismo?, es decir, de qué recuerdos ¿cuál es el mecanismo de selección de aquello que nos acompañará hasta la eternidad (esa eternidad mundana que es sólo nuestra)?... Si bien no tengo cuarenta (y sigo preguntándome por esa edad) (quizás Priani tenga mucho que ver con la selección de tal época) comienzo a comprender un poco la sensación (que no el mecanismo) de tener demasiado que contar, demasiado que pensar como esencial en mi y sobre todo; demasiadas heridas expuestas que comienzan a acompañarme como comprometidos marineros... y yo, yo soy el capitán que debe, con su embarcación, tarde o temprano, hundirse ....(con la metáfora me viene a la mente Ulises (y Jorge):
“¡Oh hermanos”, dije, “que por cien mil
peligros habéis llegado a occidente,
de esta tan pequeña vigilia
de nuestro sentidos remanente
no queráis negaros la experiencia,
siguiendo al Sol, hacia el mundo sin gente.
Considerad vuestra simiente:
hechos no fuisteis para vivir como brutos,
sino para perseguir virtud y conocimiento”.
Divina Comedia, El Infierno, Canto XXVI) (esto puede ser leído también como una invitación :-) )
Un año nuevo: 365 nuevas oportunidades para hundirse, para flotar, para seguir adelante con el fin de asomar la cabeza por el precipicio del mundo...365 oportunidades para lograr algo (lo que sea) con sus respectivas oportunidades para perderlo, la misma cantidad (multiplicada por los1440 minutos del día) para caer al piso, abrocharse los zapatos, mirar a los ojos a un extraño , chupar una lolypop de fresa, repetir una mala palabra o decir: no.
Estoy en un punto en que mis perdidas pueden ser consideradas puntos de partida para mi misma. Construcciones; fundamentos. No creo en el amor eterno. No creo en el destino, ni en las hadas ni en los encuentros azarosos, tampoco en las dietas mágicas, los cómplices perpetuos, los zapatos de tacón bajo, ni en la identidad nacional, ni en el Flautista de Hamelin y su ejército de ratas. Creo en el regreso (vaya que sí), en San Agustín, en salir corriendo de la casa con una maleta en la doceava campanada, no en la eternidad pero si en la permanencia, creo en que mi padre tiene las manos más grandes del mundo y en una religión donde la gente honesta se vuelve en un estilo de superhéroe trágico con trágicos (por no decir dramáticos) superpoderes. A veces me sorprendo a mi misma de lo absurda, inocente e ingenua que puedo llegar a ser y otras me doy gracia porque no he perdido la capacidad de reírme por los chistes de gallegos.
Quien venga tendrá que aceptar así mi pasado oscuro (Come to the dark side, we have cookies) y mi trágica valentía que me obliga a golpear mi rostro con la pared con tal de "abrir las oscuras paredes".
Este año será un gran año. No es profecía, ni esperanza, ni un consuelo lastimoso a forma de autocondolencia; es una afirmación, porque si algo he aprendido es que si quiero algo, tengo que levantarme del asiento, apretar los dientes; e intentarlo.
“¡Oh hermanos”, dije, “que por cien mil
peligros habéis llegado a occidente,
de esta tan pequeña vigilia
de nuestro sentidos remanente
no queráis negaros la experiencia,
siguiendo al Sol, hacia el mundo sin gente.
Considerad vuestra simiente:
hechos no fuisteis para vivir como brutos,
sino para perseguir virtud y conocimiento”.
Divina Comedia, El Infierno, Canto XXVI) (esto puede ser leído también como una invitación :-) )
Un año nuevo: 365 nuevas oportunidades para hundirse, para flotar, para seguir adelante con el fin de asomar la cabeza por el precipicio del mundo...365 oportunidades para lograr algo (lo que sea) con sus respectivas oportunidades para perderlo, la misma cantidad (multiplicada por los1440 minutos del día) para caer al piso, abrocharse los zapatos, mirar a los ojos a un extraño , chupar una lolypop de fresa, repetir una mala palabra o decir: no.
Estoy en un punto en que mis perdidas pueden ser consideradas puntos de partida para mi misma. Construcciones; fundamentos. No creo en el amor eterno. No creo en el destino, ni en las hadas ni en los encuentros azarosos, tampoco en las dietas mágicas, los cómplices perpetuos, los zapatos de tacón bajo, ni en la identidad nacional, ni en el Flautista de Hamelin y su ejército de ratas. Creo en el regreso (vaya que sí), en San Agustín, en salir corriendo de la casa con una maleta en la doceava campanada, no en la eternidad pero si en la permanencia, creo en que mi padre tiene las manos más grandes del mundo y en una religión donde la gente honesta se vuelve en un estilo de superhéroe trágico con trágicos (por no decir dramáticos) superpoderes. A veces me sorprendo a mi misma de lo absurda, inocente e ingenua que puedo llegar a ser y otras me doy gracia porque no he perdido la capacidad de reírme por los chistes de gallegos.
Quien venga tendrá que aceptar así mi pasado oscuro (Come to the dark side, we have cookies) y mi trágica valentía que me obliga a golpear mi rostro con la pared con tal de "abrir las oscuras paredes".
Este año será un gran año. No es profecía, ni esperanza, ni un consuelo lastimoso a forma de autocondolencia; es una afirmación, porque si algo he aprendido es que si quiero algo, tengo que levantarme del asiento, apretar los dientes; e intentarlo.
Tzitzi ("Si a veces sueno a libro de superación personal para geeks") Janik
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