
Francisco Hernández
DÉJAME recordarte las gastadas palabras de siempre,
los armarios que encierran la humedad de los puertos
y el sabor a betel que dejas en mis labios
cuando desapareces en el aire.
Déjame tender tu cabello a la sombra
para que la penumbra madure como el día.
Déjame ser una ciudad inmensa, un bote de cerveza
o el fruto desollado ante la espiga.
Déjame recordarte dónde me ahogué de niño
y por qué hace brillar mi sangre la tristeza.
O déjame tirado en la banqueta, cubierto de periódicos,
mientras la nave de los locos zarpa
hacia las islas griegas.
3 comentarios:
"y por qué hace brillar mi sangre la tristeza"
Las gastadas palabras de siempre... quiero gastadas palabras, quiero quiero quiero quiero quieroooooo!
"Déjame tender tu cabello a la sombra"... uuuffff!!! la imagen de eso es hermosa.
Lalalalalalalalalalalala...
Chinchina, beso, para ti***
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