7.14.2008

y de la calma, conservaremos los vientos

No le dio tiempo para despedirse de nadie. A penas pudo rozar los labios de la persona que amaba cuando partió. Sin planes, sin maletas completas, ni siquiera con dinero en el bolsillo. Pero huyó. Huir: su proyecto más ambicioso, más aplazado. (en parte echaba la culpa a la ciudad , a su maternal celo y a la densidad de su aire)
Mas debía aceptar que ésta huida era sólo el simulacro de una más grande, que lentamente (como la marcha de un dios elefante entre la bruma) se acerca, haciendo resonar en el piso sus pasos densos, comenzado a tomar forma conforme pasa el tiempo, como espacio.
Pero puso los pies en la ciudad, en la alameda, y supo que había huido. Se sintió feliz, se cambió el nombre, comenzó a caminar completamente vacía en la ciudad y pensó: allí ha vivido, allí viviré. Las casitas de un sólo piso, primorosas de colores y con barandas de acero pintado, estaban simplemente vacías. Valor todo era cuestión de valor: para vaciarse, porque sabía que de la calma, conservaría los vientos, y de los vientos, la levedad.

3 comentarios:

En verdad dijo...

Tenía miedo de comentar pero ya es tiempo. La huida nunca es cosa fácil, toma todo y vete así no más. Siempre uno regresa al lugar de donde se fue. El retorno hace que todo tome perspectiva y uno después de eso, se pregunta muchas cosas.

Esponjita dijo...

Que le sea leve la levedad


La esponja que sabe de potosineses...

Camilo Velazquez dijo...

me recordó a García Montero, por alguna extraña razón.