1.09.2010

How it ends... (y todo lo que sé lo aprendí de tí)

Le duelen los hombres, y aún así permanece frente al computador. Siente la falta; no por motivos egoístas sino por la verdadera ausencia; sólo ahora comenzará a comprender que es estar sola. Antes de ella, toda la vida, siempre, estuvo sola (si, hubo historias de amores desenfrenados, de ridículos encuentros y otras pesadillas, pero todo lo vivió sola), se da cuenta hasta ahorita y es como si al ver el techo sobre su cama (las manchas de humedad, el paño, las telarañitas) viera el universo completo (un montonal de estrellas que sólo provocan dolor de cabeza porque hay belleza inservible) El hombre sólo puede ser libre en la completa y absoluta soledad, pues todo lazo implica un sometimiento de la voluntad, mínimo, aparente, provechoso quizás, pero sometimiento. Se detiene un momento a pensar. Si, sus relaciones profundas, sus heridas graves, sus compromisos casi imaginarios... y nada.

Hace frío, pero ese no es el mayor inconveniente. El mayor inconveniente es no haber podido detener el tiempo una vez más, el mayor inconveniente son las deudas que le duelen, los laberintos de los que no está dispuesta a salir, la convicción firme de no hospedar más fantasmas - vive, vive, se dice en su mente de broma, como si estuviera en un laboratorio, como si no fuera Shelley quien lo escribió, y ella tuviera ahora que dormir con Frankestein-.

Janik







http://eltallercitovioleta.blogspot.com/2007/12/blog-post_07.html

1 comentario:

Pesadilla dijo...

El tiempo no se puede detener, entre más se le toca más avanza, es como cuando Frankestein se enamora del cotor.


(gracias por tu comment, dejé respuesta larga)