9.17.2009

¡Todo el mundo está triste y ellos no lo saben; su felicidad es fingida, pobres!

Hoy encontré a una vieja compañera de la prepa en la cafetería de la universidad: se veía igual, peor aún, me veía igual, con el mismo viejo antaño odio. ¿No habrá escuchado en estos años que: Ya lo pasado pisado?
Cuando paso a mi lado la escena fue: ella pequeña, delgada y fina y yo como una gran gigante a punto de destruir Japón: con una gigantesca mochila, un paraguas, una bolsa de mano y cualquier otro exceso que me hiciera parecer judía errante.

Mi azarosa presencia en la cafetería la molesto: formada enfrente de mí en la fila, hizo un sonoro "ash". Yo me quede callada, éstas situaciones me ponen en jaque: nunca he sabido responder a las agresiones y mi carácter lastimosamente educado me limita a no responder ataques. No sé porque me ponen tan nerviosa estos encuentros; será un viejo condicionamiento, como a una ratita que después haber recibido demasiados shocks teme a cualquier luz titileante; nerviosa pues, me puse a jugar con el celular para fingirme ocupada.

Creo que ella tomó mi acto como indiferencia y molesta alzo la voz para decirle a su acompañante (al parecer antes de que notara mi presencia hablaban sobre algún problema socio-moral-familiar de su amiga): "Tu ya lo sabes, todo el mundo está triste -aquí mucho énfasis- y ellos no lo saben; su felicidad es fingida, ¡pobres!".

Ella creyó que su frase era un buen ataque: claro, me despertó de mi juego con el celular, pero no para lamentarme por "descubrir mi fingida alegría", sino para mirarla con curiosidad: no sólo se veía igual, su pensamiento estaba cristalizado en el tiempo, me había dicho antes ya esa frase; sólo que mientras las dos estabamos en la prepa, eramos amigas y dirigida a otra persona.

Al ver que le prestaba atención ahondó en el tema: la gente no es feliz, pero está tan enajenada que no es capaz de darse cuenta que no es feliz, la tristeza y el patetismo reinan el mundo y sólo aquellos que se dan cuenta de lo patética que es la situación son ciegos en tierra de tuertos. Ladeé la cabeza y la escuché con atención: no, no había cambiado. Era el discurso de una muchacha de prepa, pese a que su bata detonaba que iría en alguna facultad de ciencias; era el discurso propio del adolescente que, frente a la imposibilidad de encontrarse decide por universalización, absurda claro, que nadie se encuentra. La salida fácil de pensar que si uno no es feliz, nadie lo es. La afirmación envidiosa que niega la felicidad de otros sólo para no aceptar el patetismo de que uno mismo es infeliz.

Pensando en su triunfo, pues había demostrado no sólo mi infelicidad sino su intelecto "superior" y "avispado", se sentó en una mesa fuera de la cafetería y siguió hablando muy animada, yo sentada desde dentro la veía hablar, moviendo los brazos, sonriendo y levantando la voz. Yo la recordaba inteligente: pero quizás ahora tengo que reubicar categorías antaño dadas. No porque fuera tonta o no, sino, porque parece que fue incapaz de romper la barrera del pensamiento rebelde, pero ingenuísimo y simple de la juventud.

Me daban ganas de decirle que no. La gente (¿tendrá conciencia de alguna acotación en el colectivo de gente?) es feliz; el drama real consiste en eso, en que algunos son felices y mientras que otros son infelices. Que su proposición es absurda pues se reduce a un círculo vicioso pues "donde nadie es feliz, la felicidad no existe y nadie puede serlo." Sería necesaria sobre todo una revisión de su concepto de felicidad: ¿qué es ser feliz: una constante, un estado que se alcanza como la iluminación, un hábito, peor aún, un ideal? (si la gente es feliz o no depende entonces de desde donde tiendas el concepto de felicidad) ¿por qué la gente no habría de ser feliz? ¿qué supuestos y qué impedimentos subjetivos impiden a quien afirme tal frase observar a la gente feliz? ¡Claro que la gente es feliz! El problema radica en aceptar las propias limitaciones, en acotar conceptos y en darse cuenta que una frase subjetiva producto de los propios impedimentos emocionales, no deviene por si misma realidad.

No le dije nada y la mire con curiosidad otro rato; claro que daban ganas de entablar una conversación real para explicar los vicios argumentativos de haberse quedado en el dogma del pensamiento juvenil, pero tal era imposible: hay pasos que uno da sólo o que nunca da. Luego de un rato se fue de la cafetería y yo prendí la lap para escribir esto.

Janik

3 comentarios:

cerezaazul dijo...

y yo la conozco??... Claro, me refiero a la chica, no a la felicidad XD
Por cierto, la rola de arriba esta muy chidita n_n

Calabazadechocolate dijo...

HAHAHAHAHAHAHA DOBABES!!!!! POBRE!!! Lo siento compañera pero si tu blog es público te atienes a esto:
*aclara la garganta*

POBRE LOOOOSER!!!!!!!! SEGURO PIENSA QUE TE HIZO SENTIR MAL Y SE SIENTE TODA FUFURUFA JAJAJAJAJAJAJAJA DOBABES QUE RISA!!!!! QUE SE CONSIGA UN GATO!!!! IGUAL Y LA HACE FELIZ!!! Ah no perdon, NADIE EL FELIZ!!!! JAJAJAJAJAJAJAJA ROLF!"!!!

Anónimo dijo...

Pues su razonamiento está mal desde el inicio y sin necesidad de discutir: "Todo el mundo está triste y ellos no lo saben; su felicidad es finjida"
Podemos finjir que sabemos o que hacemos algo que no sabemos o no hacemos, como el saber cocinar o el leer tres periódicos diarios o etc....pero no se puede finjir sin saber que se finje...finjir es un acto consciente y deliverado (por lo menos en una cosa tan atmosférica como la felicidad si lo es).r