9.05.2009


Lo hice porque pensé que tu querías verme la cara, dirá. Lo dirá de frente, con la convicción de pensar que yo quería engañarla premeditadamente para sacar ventaja propia. Porque no iba a dejar que me vieras la cara, dirá, yo, que ahora me valgo por cuenta propia y tengo cuentas que pagar, tickets que ordenar en la cartera.

Desde esa perspectiva, claramente yo tendría toda inculpación moral; por querer aprovecharme de la situación, pero sobre todo por "querer verle la cara" a un amigo.

No.

Las cosas no son así: no puedes, ir pensando que tus amigos quieren verte la cara, o bueno, puedes pensarlo pero entonces de ¿qué servirá llamarles amigos?, pero no. Es más, piensa del mundo entero que te verán la cara: pero no de mí, de mí te prohibo pensarlo.

¿Para qué las tardes cuando se me necesitaba, para qué las noches de no dormir, para qué las citas a la hora cuando había que arreglar algún desbarajuste que no me concernía? ¿Para qué la ternura de pensar que todo aquello en lo que pudiera ayudarte me concernía en serio?¿Para que la honestidad, para que mi compromiso autoimpuesto por la transparencia, mis ganas de estar, si al final te puedo ver la cara?

No.

Sé que las cosas están dispuestas para ser malentendidas; sé que se pueden jugar las cartas en mi contra para que parezca que yo lo quería aprovecharme de las cosas. Pero te digo de frente, como ya te lo dije al explicar las circunstancia, que no fue así. Si en algo quise sacar ventaja lo explique de frente: dije las cosas cara a cara antes de tomar ninguna decisión y afirme, sin trucos, sin mentiras, que primero estaba la aceptación de todos; que no me iba a jugar la amistad por nada del mundo, y que prefería la calma a cualquier ganancia omniniosa. Lo dije de frente, exponiéndome a las cosas: porque no tengo miedo a decirlas, mucho menos a ti. Y así al abrir la boca me expuse; devele, los patetismos, los vicios y los llantos que me forman.

No.

Las cosas no se hacen así: y sí, hay una forma correcta de hacer las cosas. Si pensabas que yo estaba mal, que yo estaba haciendo las cosas, como a menudo, de manera equivocada: se dice de frente, a los ojos, afirmando que del pacto algo se respeta.

Prefiero que me inculpes y me juzgues. Dilo de frente: ten el valor de acusarme de cualquier cosa. No te guardes juicios en la mente y balancees mi porvenir sin que yo tenga, al menos, mi propia voz como abogado.

¿Dónde la transparencia, dónde? A veces aprieto los puños, me preguntó, sino jugaras tu las cartas siempre al hedonismo (todo hedonismo es propio: el otro no existe en el marco del placer, pues sólo el propio placer se experimenta). Me contestó que no, que sé de cierto que no. Que te admiro, que haces las cosas según tu propio y respetable parámetro del bien, de lo mejor, que tienes el corazón grande como casa de campo y tantas otras cosas que sé de ti, por las cuales te adoro.

Pero no.

De frente y directo sin esperar asuntos burocráticos. Pero estos días, mujer, me la haces difícil. Y te lo digo yo, quizás no de frente y esa será mi culpa (pero nunca he sabido pedir que me restituyan los daños, y ese es error mío). En estos días me trago, por amor, por un tierno amor que te ilumina, mis conjogas frente a ti, y me muerdo la parte interna del labio, y me sonrío y pienso: no lo hara a drede, sólo no se da cuenta.

Pero aún así hay punzadas. Hace algun tiempo me dijiste: "Que quede muy claro que de ti no quiero limosnas".

Cuanto daño me hiciste.

¿Cómo hablar de limosnas entre tú y yo? ¿Cómo? ¿Para qué aclararme que de mí no querías limosnas, que me agradecías lo que hacía, pero que tu ganabas tus propias cosas? ¿Qué te pedía yo mujer, qué te exigía de reconocimiento? Nada, porque te admiro, porque me repliego y en mi vocabulario no existen limosna, traición, aclaración, (¿cómo hacer aclaraciones al corazón?)

¿Así me ves, mujer, como un monstruo denso que reparte gracias a cambio de agradecimientos? ¿Un caudillo de "a mentiritas" que se construye con los laudos, mínimos, que reparte egoísta?

Cuide su lenguaje. Las palabras, entre nosotras, si cortan, si existen, si son bombas de contacto, granadas sin tiempo de espera.

No.

Me niego. Es injusto y triste. Dolorosas las precisiones que nacen de un simple espiral del ego: hay cosas también que no deben de ser dichas, no por callar, sino porque de hecho, aquello que enuncia: nada significa, no es, no existe.

Hoy yo, simplemente digo: no, no es así, no se vale, no. Es injusto y triste. No, esto no es para mí. No. De ningún modo.

Janik

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