7.22.2011

Es como el sonido del viento padre. Sus bocas son cuevas abiertas en la roca por donde el viento pasa y juega.
Cuando voy por las calles, intento casi silbar para imitar sus sonidos,
Hoy voy a a iglesia.
Ya cuando llegué a Paris, recuerdo que en las primeras semanas, entré a Notre Dame y prendí una velita por ti y por mi madre.
Cuando entré en Sacre Coeur, oré por ustedes.
Oré también por ustedes en la gran mezquita azul de Estambul.

Pero aquel que debería haberme oído, no me concedió mis deseos, porque yo le pedí con todas mis fuerzas que estuvieras allí cuando yo volviera.

A cambio sin embargo, nos dio un regalo amargo; tu nunca sabrás que no estuviste.
Moriste dormido. El doctor dijo que nada sufriste.
Moriste abrazado a mi madre.
Y quizás soñanabas que estabamos todos juntos.

Morir sin saberlo. Sin las ansias en el pecho de saber que se te acaba la vida. Sin cables ni agujas ni pasillos blancos.

Por eso voy hoy a la iglesia padre. A la gran Iglesia del Salvador de Moscú. A agradecer.

A agradecerle que estabas dormido.