Ayer me dio la nostalgia. Sabía que las cosas cambiarían, pero si me hubieran dicho hace algunos años, cuatro o cinco, que extrañaría la prepa me habría reído (con esas risas amplias y honestas que me abren mucho la boca). Pero sí, me dio la nostalgia de la prepa, se me enchinaron los brazos de acordarme. Tampoco es, que extrañe todo. Nosotros sabemos que fue en gran parte un inicio escabroso cuyos limites oscuros los ha ido desdibujando la memoria a fuerza de borrar recuerdos nauseabundos. Pero que final señores: ¡Que final fue ese!
Tirados en el pasillo, con nuevo amor, nuevo nosotros (un nosotros que ha tenido sus altas y bajas constantes, pero que es en esencia el mismo), con un nuevo yo que en cierta medida he conservado. Encerrados en el laboratorio de foto como si no hubiera nada más que una imagen suspendida en plata. Ayer me dio nostalgia de la cobija con la que nos arropabamos en el pasillo, de sus brazos, de los brazos pérdidos, de sus risas. De Laurita con un gorrito francés y del billar. De Laurita, de él, y de Oso. De saltarse las clases por el gusto de tirarse en el piso a gastarse la vida hablando. La vida.
Seamos honestos. Lo que me dio nostalgia es que estamos "creciendo", creciendo con toda la ambigüedad de la palabra. Urdiendo nuestra vida, como una red que crece mientras es lanzada al mar para atrapar quién sabe qué cosa; somos demasiado jovenes para saber hacia dónde nos extendemos, pero mientras la red crece irregular en sus bordes es inevitable (lo confirman las matemáticas más simples) el centro cambia.No es que acuse a nadie, porque yo misma he desplazado mis bordes, y con eso quizás he traicionado sin querer a algunos de los más entrañables. Mas, es inevitable, entre más tejes tu vida más se separan los extremos.No me quejo, una agridulce sensación me alza desde el cuello, me desdobla. No somos los mismos, hemos aprendido cosas, básicas pero nos han costado: que el tren no debe de ir tan rápido, que vale la pena decir que amas y perdón, que amar duele, que uno está jodidamente solo y por eso no debemos abandonarnos, que somos raza en extinción y es cierta manera un orgullo, que la culpa pertenece al victimario, pero el dolor es solipcista para las víctimas.
Y ya sé (será que mi problema es que sé pero no comprendo, o que me gusta de verdad azotarme, porque uno se hace también adicto a ciertas formas de tristeza) que la vida es así, que la gente viene y va que la disfrutes mientras, que los buenos se quedan, que llegarán más y quizás mejores... Pero ¿cómo puede la razón derrocar al mito de mi época preparatoriana y sus arranques de lealtad medieval? Pero la soledad es un mito de la juventud, lo dijo él y hay que creerle como al abuelo que nunca tuve, ¿pero cómo diablos se derroca un mito?
Tambien lo extraño a él, al que me levanto de la amargura en la que me gustaba nadar de mañana. Y sin embargo en esa época no conocíamos de verdad el amor. Eramos un grupo de gatos mojados, vagabundos, maullando en cualquier calle. La magia de no tener amor pero si la voluntad de idealizarlo mientras curas la herida del otro. De ese otro que eres tu porque estás igual, herido de un amor que no conocerás de verdad sino hasta mucho tiempo después. (Y eso nos demuestra la posibilidad de los viajes en el tiempo, y de las heridas retroactivas) Quizás todo era así de mágico, porque eramos, como alguien alguna vez dijo, un grupo de esperanzados, soñadores, con el corazón bien roto.
Sigo mi vida, la seguimos todos, nos reimos y vamos construyendo (quien sabe para dónde, con qué fin, con qué esperanza) un nichito en el mundo. Inevitable suspender la vida de repente para recordar la pausa de un momento, y luego todo fluye de nuevo. Entonces vuelvo a pensar en éste Ahora cuyo sabor, por su cercanía, me es imposible reconocer del todo. Y cuando la nostalgia se va y nos devuelve el tiempo en movimiento, vuelvo a pensar en mis cosas, en mi gente que seguimos siendo los mismos, en Heráclito y el todo fluye. En ella que tanto amo, en algunas palabras absurdas en otros idiomas, en lo que no se ha extinguido. Luego piendo de nuevo en Heráclito y en uno que otro libro.
Y por cierto: Feliz cumpleaños Oso.
(No le digas a nadie, pero sigues siendo el inevitable punto de encuentro de mi soledad, el hombre de mi vida y una almohada inservible. ¿Y yo? Está claro siempre que seguire siendo tu boilercito. Te amo muchísimo).Tzitzi Janik Rojas Torres
5 comentarios:
hace muchos más años que usted que yo salí de la prepa... y ¡zaz! que el mismo año me encuentro a mi exnovio y a mi primer examor platónico por el cual lloré, relinché, me retorcí y etc. Me encontré a mi mejor amiga casándose, y descubrí que el tri tiene razón:
"las piedras rodando se encuentran"...
y que Prepa 2 es la pálida sombra de lo que fue, y que el mundo sigue rueda que rueda...
sólo queda en nuestra memoria ahí, sin fluir.
la melancólica esponja
Siempre tendremos los recuerdos de platicar en la oscuridad. Seguiremos cruzando nustras vidas como los dedos para caminar juntos.
Crecer y sentir que uno ha crecido se imaginaba más sencillo, ¿qué otras maravillas nos puede traer la vida más que la misma de andar en dos patas por esta?.
Beso y abrazo apretado.
"Hay cosas que nunca cambian, el corazón es una de ellas", eso lo leí en una barda camino al café el otro día.
Paparupapa eueooooooo!
Mira tu, nunca habíamos estado enamorados a la vez...
lo que más me gustó de este post (que te quedó retebonito) es lo de las heridas retroactivas... está para explorarse... ¡sufrir y retorcerse también de la felicidad!
Pues que puedo decir: que a pesar de todo, de que las cosas cambien de que de repente te nazca esa extrañeza del vientre. Hay que seguir amando, y hay que confiar que el tiempo no cura: sólo verifica. Felices 21 osito.
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