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7.09.2011
Tiempo
Darse un tiempo es un simple preludio para terminar una relación.
Siempre odie cuando alguien me decía: "Tenemos que darnos un tiempo".
En mi última relación siempre dijimos que jamás nos daríamos tiempos, que o terminabamos o seguíamos al pie del cañón... lo cierto es que si nos dimos muchas veces tiempos, aún sin decirlo. Muchas veces fue para encausar la relación pero muchas otras estuvimos al borde de terminar.
Hoy me levanté con el alma lavada. Gris y triste pero sin dramas, tragándome las lagrimas mientras escribía pero conciente de lo que estaba haciendo.
Le pedí que nos dieramos un tiempo.
Tengo tanto miedo de perderlo. Tanto. Tanto. No puedo imaginar que las cosas entre nosotros queden así. Así. Tampoco puedo pensar que la relación subsista demasiado tiempo con todas las carencias que no hemos podido subsanar o que jamás subsanaremos porque la realidad no lo permite. Me siento tan atrapada, y me voy a salir a caminar por Moscú escuchando a José José.
Merecer un día
Las muchachas, al menos de donde yo vengo, somos en realidad simples. Así queramos parecer complicadas con ropa oscura, o hipster o piercings por todos lados y libros con títulos en alemán.
Yo parezco especialmente complicada pero sé que no lo soy.
Un día cuando peleamos en Paris, y nos metimos en la cama así, enojados, le dije en español a manera de buenas noches: "un día.. un día"...
Un día quiero conocer a alguien que se muera de amor por mí como yo me moriré de amor por él. Eso es todo lo que cualquier chica del mundo quiere (así sea Simone de Beauvoir o Sontag); que un día llegue alguien que se muera de amor por tí tanto como tu moriras de amor por él, y que ese amor no se acabe nunca, nunca, nunca y se recicle y se renueve como un fenix girando en el aire.
Yo quisiera que él fuera ese, porque yo en él veo tan sólo un haz de luz, pero desde siempre he sentido que él no ve en mi sólo luz sino que encuentra detallitos a perfeccionar y todo eso...
Yo quisiera que fuera él pero si no no puede ser él, porque yo no soy para él, entonces sólo me queda pensar, que un día... un día...
Yo parezco especialmente complicada pero sé que no lo soy.
Un día cuando peleamos en Paris, y nos metimos en la cama así, enojados, le dije en español a manera de buenas noches: "un día.. un día"...
Un día quiero conocer a alguien que se muera de amor por mí como yo me moriré de amor por él. Eso es todo lo que cualquier chica del mundo quiere (así sea Simone de Beauvoir o Sontag); que un día llegue alguien que se muera de amor por tí tanto como tu moriras de amor por él, y que ese amor no se acabe nunca, nunca, nunca y se recicle y se renueve como un fenix girando en el aire.
Yo quisiera que él fuera ese, porque yo en él veo tan sólo un haz de luz, pero desde siempre he sentido que él no ve en mi sólo luz sino que encuentra detallitos a perfeccionar y todo eso...
Yo quisiera que fuera él pero si no no puede ser él, porque yo no soy para él, entonces sólo me queda pensar, que un día... un día...
Ayer peleamos
Si Paris esa era ciudad que se extendía sobre ambar, Moscú es un gris lento, que al crecer se revuelve.
Ayer peleamos.
Ayer le dije que él jamás tenía tiempo para la relación. Le dije que sentía que ahora que estaba yo en Rusia no ibamos a hablar. Él siempre regresa a media noche a su casa luego de una jornada de trabajo larguísima... en Paris estaba bien porque yo tenía una hora de menos y si él quería hablar a las 12 de la noche, para mí eran las 11. Aquí yo tengo dos horas de más y si él quiere hablar de noche para mí es madrugada.
Dejaba que las palabras salieran tímidas de mi boca, como una estúpida niña que hace pucheros, porque no me atrevía a decirle todo. Al mirarlo, sus ojos, sus labios, sus manos (gözler, dudak, el..) las palabras se me quedaban atoradas sin emitir sonido.
Aún soy una niña para las peleas de pareja. Soy una ñiña porque les tengo miedo; porque sé cuanto duelen y sé cuan imposibles son, muchas de ellas.
Yo debía de decirle de frente, como ya Catalina sabíamente me había aconsejado, todo lo que sentía y todo lo que me dolía. Decirle claramente mis miedos y darle a él una visión general de las cosas.
No lo hice. Me puse a hacer pucheros como muñequita matel, a decirle que no él no tenía tiempo y todas esas cosas idiotas que uno dice cuando tiene miedo a decir la verdad, si yo hubiera sido él me hubiera dado cuenta de golpe que los lloriqueos escondían algo más grande y terrible, pero a veces pienso que él es tan transparente que ve trasnparente el mundo...
Y yo, yo que soy manto oscuro tras manto oscuro, sombra sobre sombra...
Quería decirle que no sé hacia donde vamos, que me siento triste y perdida, que ya no tenemos tiempo de hablar como antes y que esta relación llena acaso los listados más básicos. Quería decirle que me muero de miedo que vaya a ser así siempre: que él siempre llegué a casa a casi media noche, cansado, que no tengamos de hablar y que sólo alcancemos (como estos días) a hacer résumenes rápidos de los días (me levanté, comí, vi a tal, compré esto, vi esto), sin llegar jamás a ese tan necesario y tan escondido sentir de la realidad.
Todo empezó porque la última vez yo le estaba hablando de mi análisis de la sociedad rusa: de porque yo creía que eran tan pero tan rudos al inicio y poco a poco se iban abriendo. Le pregunté que pensaba él, y él me contestó que estaba demasiado cansado para ponerse a pensar, pero que me escuchaba.
Como un rayo imaginé esa respuesta 5 veces a la semana por el resto de mi vida.
No.
Imposible.
¿Pero es que él no ve que en una relación como la nuestra si él esta demasiado cansado incluso para pensar en una plática, entonces no tenemos nada, nada, nada, nada, nada?
Ayer en la noche me puse a llorar mientras mis taka-taka estaban fuera; algo muy malo debí de haber hecho en la otra vida para que ahora todo sea así (mi padre suele decir eso a manera de broma, para aliviarse la idea de que simplemente las cosas no son como uno quisiera...).
No le dije nada más, nos enfrascamos en discusiones tontas y yo no expusé ninguno de mis bien armados argumentos porque tenía miedo. Miedo a perderlo, miedo a que entre más aceptamos la realidad en torno a nosotros, más dificil es permanecer juntos. Entre más me acercaba al borde más me detenía; hasta quedar, con los pies agarrados al límite filoso del abismo.
Nos fuimos a dormir. Siempre hacemos eso. Nos vamos a dormir y dejamos que los problemas se duerman con nosotros, monstruos que cuando cierran los ojos... pero todos los monstruos despiertan, y en todos los cuentos de hadas, alguien tiene que morir...
Ayer peleamos.
Ayer le dije que él jamás tenía tiempo para la relación. Le dije que sentía que ahora que estaba yo en Rusia no ibamos a hablar. Él siempre regresa a media noche a su casa luego de una jornada de trabajo larguísima... en Paris estaba bien porque yo tenía una hora de menos y si él quería hablar a las 12 de la noche, para mí eran las 11. Aquí yo tengo dos horas de más y si él quiere hablar de noche para mí es madrugada.
Dejaba que las palabras salieran tímidas de mi boca, como una estúpida niña que hace pucheros, porque no me atrevía a decirle todo. Al mirarlo, sus ojos, sus labios, sus manos (gözler, dudak, el..) las palabras se me quedaban atoradas sin emitir sonido.
Aún soy una niña para las peleas de pareja. Soy una ñiña porque les tengo miedo; porque sé cuanto duelen y sé cuan imposibles son, muchas de ellas.
Yo debía de decirle de frente, como ya Catalina sabíamente me había aconsejado, todo lo que sentía y todo lo que me dolía. Decirle claramente mis miedos y darle a él una visión general de las cosas.
No lo hice. Me puse a hacer pucheros como muñequita matel, a decirle que no él no tenía tiempo y todas esas cosas idiotas que uno dice cuando tiene miedo a decir la verdad, si yo hubiera sido él me hubiera dado cuenta de golpe que los lloriqueos escondían algo más grande y terrible, pero a veces pienso que él es tan transparente que ve trasnparente el mundo...
Y yo, yo que soy manto oscuro tras manto oscuro, sombra sobre sombra...
Quería decirle que no sé hacia donde vamos, que me siento triste y perdida, que ya no tenemos tiempo de hablar como antes y que esta relación llena acaso los listados más básicos. Quería decirle que me muero de miedo que vaya a ser así siempre: que él siempre llegué a casa a casi media noche, cansado, que no tengamos de hablar y que sólo alcancemos (como estos días) a hacer résumenes rápidos de los días (me levanté, comí, vi a tal, compré esto, vi esto), sin llegar jamás a ese tan necesario y tan escondido sentir de la realidad.
Todo empezó porque la última vez yo le estaba hablando de mi análisis de la sociedad rusa: de porque yo creía que eran tan pero tan rudos al inicio y poco a poco se iban abriendo. Le pregunté que pensaba él, y él me contestó que estaba demasiado cansado para ponerse a pensar, pero que me escuchaba.
Como un rayo imaginé esa respuesta 5 veces a la semana por el resto de mi vida.
No.
Imposible.
¿Pero es que él no ve que en una relación como la nuestra si él esta demasiado cansado incluso para pensar en una plática, entonces no tenemos nada, nada, nada, nada, nada?
Ayer en la noche me puse a llorar mientras mis taka-taka estaban fuera; algo muy malo debí de haber hecho en la otra vida para que ahora todo sea así (mi padre suele decir eso a manera de broma, para aliviarse la idea de que simplemente las cosas no son como uno quisiera...).
No le dije nada más, nos enfrascamos en discusiones tontas y yo no expusé ninguno de mis bien armados argumentos porque tenía miedo. Miedo a perderlo, miedo a que entre más aceptamos la realidad en torno a nosotros, más dificil es permanecer juntos. Entre más me acercaba al borde más me detenía; hasta quedar, con los pies agarrados al límite filoso del abismo.
Nos fuimos a dormir. Siempre hacemos eso. Nos vamos a dormir y dejamos que los problemas se duerman con nosotros, monstruos que cuando cierran los ojos... pero todos los monstruos despiertan, y en todos los cuentos de hadas, alguien tiene que morir...
Alma de bibliotecario:
abismos hay tantos,
askim,
Horasan,
seviyorum....
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